Política en cuarentena: guerras, riesgos y ambiciones
Gobernantes y delegados. Suma del poder y comodidad política. “Halcones y palomas”. Bloqueo institucional. Falta de control. Pero sobre todo muchas guerras internas mientras pregonan la paz. Postales de una Argentina aggiornada a una emergencia que le sienta cómoda al poder.
-
Te puede interesar
Increíble: la Municipalidad de Malargüe se quedó sin luz por falta de pago
Esas batallas tienen su propia épica incluso, como lo ocurrido con los aviones de Aerolíneas que viajaron a China. Hubo comité de despedida, también “fiesta” de recepción. Pero no se puede saber qué se había comprado, a qué precios y con qué empresas. Solo una señal de las consecuencias de la situación de excepcionalidad que corre riesgo de hacerse carne. Esas compras, por ejemplo, esquivan todos los controles previstos incluso en los mecanismos de emergencia. Algo similar había pasado con los alimentos que se adquirieron con sobreprecios.
El problema es que nada indica que la situación vaya a cambiar. En las próximas semanas se va a flexibilizar el aislamiento obligatorio. Pero no las emergencias. Es decir, los superpoderes que concentra el Ejecutivo nacional y que, con matices, se reproduce en las provincias, seguirán.
Estado inestable
Pasa casi desapercibido, pero el país funciona hoy con uno de sus poderes adormecido. El Poder Judicial en Mendoza encontró eufemismos para decir que no está de feria, pero en los hechos los ciudadanos tienen acotado la posibilidad de recurrir a reclamar, apelar, denunciar y hasta pedir la libertad.
Por eso, por ejemplo, ocurren decisiones sui generis: como la cárceles no tienen lugar, el Poder Judicial dice que no tiene recursos y el Servicio Penitenciario tampoco quiere arriesgar a su personal, desde la Justicia “delegan” el control de los presos domiciliarios a ciudadanos comunes; a vecinos de los detenidos de los que el propio Estado dice que no puede hacerse cargo. Peor lo que ocurre en Tribunales Federales, que están prácticamente congelados.
El Congreso Nacional no funciona y por eso los legisladores son opinadores en redes sociales y no decisores en sus bancas. También, claro, aprovechan para hacer política. Ocurre algo extraño y también sui generis. Las autoridades políticas están exceptuadas del aislamiento obligatorio porque su función es institucionalmente importante. Pero no usan ese privilegio para legislar, controlar y debatir (hacer su trabajo) sino para rosquear, hacer demagogia y figurar. El año pasado no sesionaban por las elecciones. Este por la cuarentena.
No es decorativo: el Poder Ejecutivo tiene superpoderes y las dos instituciones que deben controlarlo no funcionan.
Mendoza es un caso atípico porque más allá de las críticas que se puedan hacer, el Poder Legislativo funciona y hay sesiones habituales aunque con problemas técnicos que impiden que sean públicas (no las transmiten en directo). El 1 de mayo el gobernador Rodolfo Suarez encabezará una asamblea legislativa virtual y comenzará el período de sesiones ordinarias, en principio también virtuales.
Guerrilla política y delegados
La concentración de poder en el Gobierno Nacional y la crisis genera un mal mayor: la dependencia. Lo sufren los gobiernos provinciales que tienen en la ayuda nacional como única salvación para conseguir recursos. La máxima de Perón se cumple a rajatabla: independencia económica y soberanía política. Una no funciona sin la otra.
Rodolfo Suarez tiene modos que evitan las discordias. Pero en sus gestos amistosos hay, además, una necesidad. Por eso fue uno de los que quedó atrapado en la breve reunión para anunciar la renegociación de la deuda; meeting presidido, además de por Fernández, por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y Horacio Rodríguez Larreta. El Gobierno pide y por ahora no reclama que la Nación aumente el volumen de ayuda y que no haya discrecionalidades. En ese sentido hay señales alentadoras, como la buena relación generada con algunos ministros y la confirmación de subsidios, ATN y créditos, pero también dudas.
La posición de Suarez, que se arraiga sobre todo en su rol institucional, choca con la guerra fría que crece en el plano político con algunos de sus referentes. Es el caso de Alfredo Cornejo. El presidente de la UCR nacional es quien más distancia ha marcado con el oficialismo y la tensión crece. Cornejo cree que la crisis va a ser aprovechada para impulsar un “neokirchnerismo” más duro en lo político y con la misma matriz de gestión que en los 12 años en que gobernaron Néstor y Cristina.
En el plano político, el presidente no solo tiene al gobernador como referente. Además tiene a una especie de delegada política en Mendoza. Anabel Fernández Sagasti ocupa ese rol. Hiperactiva en tiempos de aislamiento, la senadora nacional aprovecha el tiempo para hacer política. Tanto que hasta se reunió para “gestionar” ayuda con intendentes referentes oficialistas.
Todos los movimientos no son ingenuos, pues está en disputa la nueva estructura de poder político en la era "pos" aislamiento. La crisis no será inocua: lo que hoy es un empoderamiento obligado para algunos, puede ser también motivo de desgaste en el futuro inmediato.