El enigma de Anabel Fernández Sagasti, la "jefaza" del PJ: seguir a Cristina o construir poder local

El enigma de Anabel Fernández Sagasti, la "jefaza" del PJ: seguir a Cristina o construir poder local

Anabel Fernández Sagasti se hizo cargo de un PJ que viene con la autoestima baja. Es una espada del kirchnerismo duro y ese sector no tiene buen arraigo electoral en Mendoza. La tensión entre reconstruir un proyecto local y mantener la fidelidad con los referentesnacionales.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

En octubre del 2011 el PJ festejaba: iba camino al segundo gobierno peronista consecutivo en Mendoza. Aun a pesar de las dificultades que había tenido Celso Jaque, lograba pasarle el bastón de mando a Francisco Pérez. En frente tenía a un radicalismo desdibujado. Tanto que competían con una fórmula que tenía a dos "ex" como candidatos: Roberto Iglesias y Juan Carlos Jaliff. Pues esa fue la última elección que ganó el peronismo en Mendoza y lo hizo con un enorme anabólico: el "huracán" de votos que significó Cristina Fernández de Kirchner como candidata a la reelección como presidencia. La tracción nacional ha sido el único motor de la esperanza del PJ en Mendoza. Mazzón los ordenaba, Menem, Cristina y, menos, Néstor les daba los votos.

En esa misma elección fue electa diputada nacional Anabel Fernández Sagasti, proveniente de La Cámpora. El PJ le llamaba "hada madrina" a Cristina. Siguiendo esa línea argumental, Anabel había sido señalada por la varita mágica. Anabel era una desconocida y La Cámpora era una organización marginal del peronismo mendocino, pero con energía para crecer y ansias de revancha. Los intendentes peronistas pretendían hacerles hacer la "colimba" a los camporistas, la mayoría sub 30 que no habían llegado a la política desde el poder.

Pues ahora, casi una década después, el peronismo ha sumado solo derrotas electorales y aquella ignota abogada se quedó con la conducción del partido. La Cámpora al poder partidario. Un desafío gigante para Anabel, un trofeo político par Cristina: la "burocracia partidaria" que ella dice detestar, ahora está bajo su mando. 

Anabel Fernández Sagasti es la "jefa" del peronismo, pero le toca reconstruir un liderazgo del que ese partido carece hace más de una década. Y, sobre todo, construir un proyecto político competitivo. El problema para ese partido está en el mismo potencial que tiene su presidenta. La senadora nacional tiene una ambición dual. Va por el poder local, pero construye su carrera política más arraigada a la estrategia del kirchnerismo nacional. Allí se siente cómoda y parece tener un lugar asegurado. El calor del poder que se cuece en Buenos Aires no siempre es compatible con los intereses vernáculos. Lo vivieron muchos otros dirigentes mendocinos "de exportación" a la Ciudad de Buenos Aires. Lo vivió el radical Ernesto Sanz, por ejemplo. Que era torazo en rodeo ajeno, pero no pudo pasar de intendente en Mendoza. Anabel está más cerca de otros peronistas que eran de máxima confianza de quien ejercía el poder, como lo fue Eduardo Bauzá con Carlos Menem.

 Anabel es la única dirigente del interior que tiene a tiro de teléfono al presidente Alberto Fernández y a quien ejerce el poder, Cristina. Del semillero que la vicepresidenta gestó en 2011, la mendocina es una de las que creció. En Mendoza Cristina le garantizó un piso, pero también le puso un tope. La senadora hasta ahora no ha dado señales de tener una estrategia por fuera del sendero que le marca Cristina.

Una máxima de La Cámpora, como ocurre con muchas juventudes políticas en Argentina, es la obediencia: soldados; pero no de una causa sino de una persona. No tienen por qué hacerlo porque es un referente de otro partido, pero Raúl Alfonsín solía decir que había que seguir a las causas, no a las personas. La duda de los mendocinos seguidores de la "lista 2" es al servicio de quién estará el peronismo. Es que no todos se sienten cómodos con el norte que se marca desde la presidencia del Senado. Fernández Sagasti es la ejecutara de las políticas troncales que se cranean en el Instituto Patria. Desde la fallida expropiación de Vicentín, hasta las reformas en la Justicia. También ha ganado terreno en el plano de la negociación política: tiene buena relación con algunos dirigentes opositores. Ocurre, por ejemplo, con quien parecería su némesis: Julio Cobos. Incluso tiene una relación de "respetuosa distancia" con Alfredo Cornejo; a quien "detesta por sus políticas", pero admira por su estrategia.

Qué hay de nuevo

El "nuevo" peronismo mendocino no tiene tanto de nuevo en la construcción. Fue tejido en gran parte por algunos dirigentes que no tienen legitimidad electora, pero sí mucho poder. Entre ellos se destaca Carlos Ciurca. Sin embargo en los cargos sí hay dirigentes que podrían construir proyectos propios. Ninguno muestra rebeldía, claro. Los peronistas no camporistas más "cerebrales" enfrían la cabeza y piensan: es el momento de Anabel. Por eso hay quienes piensan en no gastar energías. 

Además es la única dirigente de ese partido que tiene un equipo. O al menos un "batallón" de dirigentes que puede colocar en sectores clave. De hecho lo hizo: todas las oficinas públicas nacionales con sede en Mendoza responden a ella.  Por eso eligen no hacerle frente por ahora y acompañar. Probablemente el año que viene sea ella quien se ponga al campaña al hombro: con la estrategia y sobre todo la caja que la Nación puede bajar. Pero saben que en algún momento deberán enfrentarla electoralmente.

Lo mismo sabe Fernández Sagasti: el PJ vive una paz virtual por las carencias propias de los sectores, la falta de estrategia y la autoestima baja que le quedó a la mayoría de los dirigentes. Otro problema es el escenario nacional. El Frente de Todos es un menjunje de sectores que se unieron para ganar, pero no están amalgamados. Más bien ocurre lo contrario. Anabel forma parte del núcleo que responden a Cristina, Máximo, Wado y el ala más dura del oficialismo. Aún a pesar de la relación cordial que mantiene con Alberto Fernández, está más cerca de quienes piensan, como Cristina, que hay "funcionarios que no funcionan". 

Tener otra fuerza política competitiva incluso es importante para toda la provincia. Le exigiría al oficialismo salir de una zona de confort que es nociva para Mendoza. Saben que el "kirchnerismo" como sello no funciona electoralmente en Mendoza y acorralan al peronismo con pocas herramientas. Al gobernador Rodolfo Suarez le alcanza con victimizarse y con exponer a la oposición. No hay tensión discursiva de fondo; no hay proyectos en pugna sino más bien pulsiones. La senadora que ahora conduce el peronismo dijo algo importante: la política mendocina está en deuda con sus ciudadanos. 

 

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