La paradoja del impuesto al aire en un país asfixiado

La paradoja del impuesto al aire en un país asfixiado

Esta semana se conoció que el Concejo Deliberante de Puerto Madryn aprobó una carga impositiva a la generación de energía limpia. El impuesto al viento suena a burla pero es un reflejo de un modelo agotado que sigue insistiendo.

Mariano Bustos

Mariano Bustos

Más impuestos. ¿Hay déficit? Más impuestos. ¿Las empresas están ganando dinero? Pueden pagar más. ¿El precio de la soja subió? Suben las retenciones. El Estado argentino ha aplicado la misma fórmula durante décadas y se niega a ver el resultado. Desinversión, trabajo en negro, desempleo y un aparato público que sigue creciendo con los fondos que logra recaudar. 

Esta semana se conoció una nueva tasa que llamó la atención. Un "impuesto al viento" titularon los medios en alusión al gravamen que Puerto Madryn impuso a la generación de energía limpia. Aunque se hable con ironía del impuesto al aire, sus efectos son reales.

El problema no son los impuestos, es el abuso de los mismos. Desde hace décadas Argentina encabeza el ránking de países con mayor carga impositiva en la región y no se conforma con ello. Quiere seguir subiendo a nivel mundial con nuevas cargas al sector productivo.

José Luis Ramón propuso un nuevo impuesto para las empresas que brinden servicios digitales como Mercado Libre, Amazon y Pedidos Ya. El kirchnerismo quiere tratar a la brevedad el "aporte solidario a las grandes fortunas". 

"Necesitamos mirar a los que están ganando plata con esta cuarentena y las medidas que se tomaron para proteger a nuestra población", justificó en el Congreso José Luis Ramón.

El razonamiento es lógico: que paguen más los que más tienen. Sin embargo, el análisis lineal no contempla el impacto negativo que tiene en el sector productivo.

Desalienta las inversiones y empresas como Mercado Libre, líder en la región y unicornio modelo, comienza a armar estructura fuera de Argentina. En un momento en el cual el país necesita generar empleo privado, ideas como el impuesto al viento atentan contra el crecimiento. Desincentivan el desarrollo de proyectos. Asfixian aún más la economía.

Vivimos en un país en el que se desalienta el pago con tarjeta de débito a pesar de que formaliza las operaciones. En un país en el que se aprueba una ley de teletrabajo que en lugar de fomentarlo, lo vuelve inviable.

Un país que defiende los derechos de los trabajadores pero no genera trabajo. Millones de trabajadores en negro empujados a la informalidad por un montón de leyes que supuestamente deberían beneficiarlos. En los papeles la legislación laboral está pensada desde la óptica del empleado, pero los hechos demuestran lo contrario.

Se siguen creando impuestos para recaudar, cuando en realidad lo que hay que generar son oportunidades. Oportunidades para que surjan nuevos emprendimientos. Para que los empresarios exitosos sean aún más exitosos. Cuanto más crezcan más crece el país. Más empleo generan.

El país necesita una legislación impositiva seria. Una ley laboral aggiornada a los tiempos que corren. Sindicatos asociados al crecimiento. 

Pero en lugar de eso, la noticia es que en un país donde falta el aire se impulsa un nuevo impuesto al viento. Vale la pena recordar entonces, una vez más, la frase que Winston Churchill pronunció hace años: “Muchos miran al empresario como el lobo al que hay que abatir; otros lo miran como la vaca a la que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro”. Está clara cual ha sido la visión que primó históricamente en Argentina. 

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