Fractura expuesta: el detrás de escena de las diferencias entre Alberto Fernández y el Kirchnerismo

Fractura expuesta: el detrás de escena de las diferencias entre Alberto Fernández y el Kirchnerismo

La renuncia de la embajadora en Rusia, Alicia Castro, es la muestra más explícita de las diferencias internas en el Gobierno. El presidente Alberto Fernández enfrenta la devaluación, pero no del dólar sino de su credibilidad.

Paulino Rodrigues

Paulino Rodrigues

La renuncia de Alicia Castro pone de relieve los problemas que el Gobierno tiene desde su origen: las diferencias de criterio y hasta ideológicas entre Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner y la pelea por la conducción. La carta de Alicia Castro es descriptiva. Expresa la gratitud hacia Cristina y no menciona al presidente. Lo desconoce. Queda claro que fue Cristina quien la designó y a quién responde. 

Pero además, tras las declaraciones que había hecho Castro, el Presidente no la echó. Esto demuestra  la enorme complejidad que hay para tomar decisiones en argentina. En la misma carta, a la que seguramente adhieren muchos en el kirchnerismo, hay un claro mensaje en contra de Sergio Massa, que es otro de los pilares del Frente de Todos. Esta es la semblanza descriptiva de lo que pasa en el Frente de Todos; la de un un gabinete loteado y de un Gobierno al cual la pandemia le agregó un estrés adicional a los problemas que ya tenía. 

Todavía Alberto no tiene identidad propia. Al inicio de gestión tuvo algún intento, pero esa identidad se ha hecho añicos.

Más diferencias

La administración de la política económica también es un foco de conflicto interno. Incluso en la renegociación con el FMI. ¿Qué pasa si el fondo acuerda y ofrece pagar los 5 mil millones de dólares que habían quedado pendientes del acuerdo con Macri? Alberto podría querer aceptarlos, pero eso generaría una tensión hasta ideológica en el ala dura del Frente de Todos porque indicaría que no hay autonomía. La argentina necesita construir credibilidad y generar un plan sustentable. Pero sobre todo tener credibilidad política. 

El problema de fondo de Alberto es la devaluación. Pero no del dólar, sino la devaluación de su palabra. Más cuando cada vez es más notable que el poder real está en el Instituto Patria y en despacho de la presidencia del Senado que en Balcarce 50.

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