Todos malos: el riesgoso crecimiento del descrédito político

Todos malos: el riesgoso crecimiento del descrédito político

Con la "crisis total" crece el malestar hacia la dirigencia política. Tanto, que muchos toman distancia para generar confianza.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

"Algunas veces construir es no construir. Hay que salirse de los esquemas tradicionales", dice como consigna Rodolfo Suarez. En realidad es, claro, una señal. El Gobernador tiene una particular forma de ver y hacer política. Viene de una familia tradicional del radicalismo y aunque es uno de los que menos "se embarró" con temas internos, es el que más creció gracias a sus vínculos con sectores diferentes. Llegó a intendente de la mano de Víctor Fayad y a gobernador en alianza con Alfredo Cornejo. Dos dirigentes históricamente enemistados que, sin embargo, confiaron en Suarez. 

Como gobernador, Suarez toma distancia de "la política". Por eso se sube al reclamo social y pide achicar la Legislatura y bajar los gastos relacionados con las estructuras. Pero sus hechos no son ingenuos. La semana Suarez simuló una rebelión contra la Nación que no era tal, pero que le rindió y fue, esta vez de manera más explícita, una maniobra política. "No vamos a volver de ninguna manera a fase 1", fue la frase disonante con la que abrió su discurso y que de manera inmediata tuvo repercusión. Luego intentó recomponer y aclarar lo que quiso decir ante el propio presidente Alberto Fernández. Con las diferencias sobre la gestión discursiva quedó claro que algo se rompió. El problema es que ambos se desconfían. Rodolfo Suarez cree que hay segundas intenciones del Presidente para cambiar los temas de agenda (que vuelva a hablarse de la crisis sanitaria y no de economía) y Fernández considera que Suarez quiere trasladarle el costo político de los problemas sanitarios a él. 

Suarez no es ajeno a la política. Pero sabe leer lo que pasa y toma distancia. Hay, nuevamente, una ola de descrédito hacia los dirigentes y quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones. Las crisis potencian los malestares que en épocas de apogeo quedan dormidos. Está medido. Si se sigue la serie histórica que realiza la Universidad Católica Argentina sobre las condiciones sociales y políticas del país, se nota que la credibilidad hacia el Poder Ejecutivo, por ejemplo, crece fuertemente en épocas de bonanza (se nota mucho entre el 2005 y 2007) y cae en momentos de crisis total como la que se vive ahora. 

 

Mendoza ha sido escenario de esos vaivenes y ha sido terreno fértil para construcciones espasmódicas. De la discordia social con la clase dirigente e incluso se construyeron liderazgos desde la discordia. Julio Cobos fue uno de los políticos que construyó desde adentro de los partidos pero con voz "disonante", pero que luego fue fagocitado por la propia estructura. José Luis Ramón creció desde una construcción aparentemente transgresora, pero cayó en el descrédito por su sinuosa estrategia de alianzas dentro del Congreso. Tanto que ha sufrido incluso actitudes antidemocráticas como escraches públicos. Hasta la izquierda mendocina pudo tener representación legislativa gracias al voto bronca. 

 Apogeo y caída

En marzo, con el inicio de la pandemia y la decisión de ejecutar una política de aislamiento social obligatorio, los encargados de gestionar la Nación y las provincias potenciaron su credibilidad. En épocas de crisis aguda y de miedo, la sociedad aceptó resignar libertades y ponderó a sus "líderes". Alberto Fernández tuvo un nivel de credibilidad y un apoyo inéditos. Lo mismo Rodolfo Suarez en Mendoza. Pero la pandemia exigía estrategias de largo aliento y esa buena imagen comenzó a limarse, también por la impericia para abordar con políticas integrales las dificultades diversas que plantea la pandemia. 

Fernández lleva 10 meses en el cargo, pero tiene un desgaste mucho mayor. Y antes del primer aniversario de su presidencia, su credibilidad bajó sensiblemente. Pero no lo afecta solo a él y el error de lectura que también hacen en la oposición es creer que la grieta que potencian ambos sectores es representativa fielmente de lo que pasa.

Probablemente eso aleje más a los dos principales frentes políticos (Juntos por el Cambio y el Frente de Todos) de la realidad. En las encuestas que se realizan con frecuencia metódica hay un fenómeno que lo refleja y que preocupa puertas adentro de los partidos. Crece la imagen negativa de la mayoría de los dirigentes. Es mucho más fácil crear una imagen positiva que revertir una desfavorable. El riesgo es que el descrédito de quienes tienen la responsabilidad de ejecutar, contagie a los mecanismos e instrumentos. Es decir, que la mala imagen de los dirigentes haga perder confianza en las instituciones. Confundir la bronca personal, con el deterioro hacia la mejor herramienta de transformación que tiene la democracia, que es la política

Si 2020 fue el año del "miedo" a la pandemia, el 2021 será el de la incertidumbre. En la vida cotidiana, en la economía y, sobre todo, en la política. 

 

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