La razón por la cual Suarez no rompió con el Gobierno Nacional

La razón por la cual Suarez no rompió con el Gobierno Nacional

El gobernador evitó subirse a una batalla nacional contra el kirchnerismo porque es "precavido" y porque observa que está camino de un acuerdo con el justicialismo mendocino por el Presupuesto 2021. Las condiciones del principal partido opositor, que esta vez no mostrará una férrea resistencia.

Juan Carlos Albornoz

Juan Carlos Albornoz

"Prefiero ser respetuoso y precavido", dijo el Rodolfo Suarez más auténtico después de la reunión del martes pasado con Alberto Fernández en la Casa Rosada, encuentro que en la antesala pintaba para un ruptura en la relación Nación-Provincia por las estrategias contra el coronavirus.

La razón más evidente para ser así, precavido con el peronismo que gobierna el país y es clave para la aprobación de leyes en la provincia, es el Presupuesto 2021, que repite cláusulas del propuesto por el mandatario a comienzos de este año para el ejercicio en curso, pero que tiene, por esas cosas de la política, y por la irrupción de la pandemia, mucho mejor pronóstico que el anterior.

Suarez volvió a la carga en la pauta del año que viene con un pedido de roll over para las deudas que se vencen y con un reclamo de endeudamiento en dólares para obras, esta vez por 350 millones. Ninguna de las dos cosas dejó pasar el PJ este año. Pero todo indica que no ocurrirá lo mismo cuando analice los gastos del año que viene.

De no haber un giro rotundo, el kirchnerismo nacional se mostrará distante al menos de la discusión presupuestaria provincial, con lo que le quitará un peso al PJ mendocino para arreglar.

Anabel Fernández Sagasti, la senadora nacional que normalmente traduce en Mendoza los humores nacionales, ya ha dejado en manos de los intendentes mendocinos la decisión de apoyar o no el segundo presupuesto de la era Suarez. Para el año en curso, en cambio, la Nación jugó fuerte: sondeaba la posibilidad de conseguir votos radicales para el candidato a procurador Daniel Rafecas apretando el nudo del presupuesto provincial.

"Este año no hay ningún Rafecas", reflexionan los radicales que se ilusionan con un apoyo peronista. Este respaldo es clave: el financiamiento en dólares y el "rolleo" de deudas, dos puntos claves de la pauta de gastos, no pasarán sin sus votos. Serán posibles, esta vez, salvo que el radical Alfredo Cornejo complique mucho el presupuesto nacional.

Libres por ahora de condicionamientos nacionales, los peronistas locales esperan que el oficiailismo toque la puerta para empezar a negociar el presupuesto del año que viene. No ha pasado nada todavía, pero se percibe un clima de "buena onda". Los desafíos de la pandemia son la mejor excusa: todos van a necesitar de todos para la supervivencia.

¿Cómo se negociará el presupuesto 2021? No se sabe todavía con certeza. No hay urgencias. Suarez parece no ocuparse de la rosca y nunca le plantea urgencias en la Legislatura, al punto de que la oposición lo acusa de "revolear" los proyectos.

Puede ocurrir, como propone el radicalismo, que se resuelva dentro de la propia Legislatura, entre el vicegobernador Mario Abed y el presidente de la Cámara de Diputados, Andrés Lombardi, con los jefes de bloques del PJ en el Senado y en Diputados, Lucas Ilardo y Germán Gómez.

O puede ampliarse el debate de inversiones y obras a los intendentes, como sugiere el PJ, con Abed como protagonista y operador radical. Esa estrategia funcionó bien, por ejemplo, con las leyes del programa "Mendoza Activa" para activar la inversión.

No está definido el plan de negociación. Empezará a tomar forma, tal vez, hacia fines de la semana próxima. No puede arrancar antes, porque los protagonistas legislativos (tanto Abed del radicalismo como Gómez del PJ) han tenido que lidiar, familiar o personalmente, con el coronavirus

Nadie quiere quemar por el apuro un acuerdo que asoma como posible, esta vez. Los ministros de Suarez siguen desfilando por las comisiones, mientras tanto, para darle continuidad al trámite usual en comisiones. 

Uno de los que pasó esta semana por la Legislatura fue el titular de Obras Públicas, Mario Isgró. Dijo que el Gobierno piensa invertir el año que viene algo más de 14.000 millones de pesos en obras, de un total de gastos que supera los 265.000 millones. Se ha perforado el piso de los últimos años respecto de las inversiones públicas y caería mucho más abajo si no fuera porque el Gobierno tiene aprobado un crédito de 80 millones de dólares, de los cuales 50 millones aporta el BID, para remodelar la ruta 82 a Cacheuta.

El Gobierno piensa ejecutar el 40 o 50 por ciento de es crédito en 2021, dice Isgró. Y además de esta obra, el Gobierno pondrá énfasis en las viviendas, la infraestructura hospitalaria y los edificios escolares.

No hay obras emblemáticas para el año que viene, más bien, un conjunto de iniciativas impulsadas para que la obra pública siga dando trabajo.

El peronismo probablemente pida que el destino de los fondos seguros de 2021 para obras (los 14.000 millones de pesos de la pauta) se negocie con los intendentes y abrirá entonces la puerta para que se apruebe, en todo o en parte, el endeudamiento en dólares de Suarez.

Los justicialistas no van a apoyar la idea subsistente de que el roll over (refinanciación de deudas) se sancione en forma definitiva para todos los presupuestos, pero no se opondrían a que Hacienda negocie los vencimientos del año que viene.

El radicalismo, por su parte, irá a la carga con una larga nómina de obras que dependen de la autorización del financiamiento en dólares y de que ese crédito se pueda conseguir en medio de un mercado financiero cerrado para la Argentina.

La lista de obras de Suarez, entre otras propuestas, vuelve sobre viejos anhelos financiados por organismos multilaterales (la planta de residuos de Las Heras, el acueducto ganadero a La Paz) y usará como anzuelo para el PJ un plan de obras hídricas con fondos saudíes, por 100 millones de dólares, que dice que avala el propio Gobierno Nacional.

Sin la autorización para tomar préstamos en dólares por parte del peronismo, el presupuesto de obras públicas, en la peor crisis económica desde 2001, se reducirá significativamente: representará menos de un tercio de los fondos pedidos. La esperanza de que esta tregua política con el justicialismo derive en un presupuesto consensuado, que refleje al menos en partes las necesidades del Gobierno, explican mejor que nada por qué Suarez no quebró esta semana la relación política con la Casa Rosada.    

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