La certera crítica K a Suarez, que el radicalismo avala

La certera crítica K a Suarez, que el radicalismo avala

El senador Lucas Ilardo acusó al gobernador de "revolear" proyectos en la Legislatura sin preocuparse por su destino. Los cuestionamientos han abierto una etapa de autocrítica inédita. El ministro del gabinete al que responsabilizan por los errores y el que zafa por tener una "receta propia".

Juan Carlos Albornoz

Juan Carlos Albornoz

Después de diez meses que se parecieron a una montaña rusa por el coronavirus, el oficialismo mendocino atraviesa una etapa inédita de autocrítica ¿Por qué no se han logrado los objetivos importantes? 

La respuesta no es convencional: porque el PJ es una máquina de impedir. Todo lo contrario. Hay radicales que ven venir una etapa en la que existirá la posibilidad de lograr ciertos acuerdos con el peronismo, una instancia de negociación que hasta ahora no se había producido y que tal vez tenga que ver con los enormes desafíos que les plantea la pandemia a todos.

El problema no está afuera. Se encuentra adentro. Algo falló para que la intención de cumplir con una promesa de campaña de Rodolfo Suarez respecto de la minería derivara en una tremenda pueblada que tiró la reforma abajo. Algo anda mal si apenas un borrador que planteaba líneas generales sobre una presunta reforma educativa provocó solo caravanazos y repudio.

Estas reacciones reflejan que el gobierno de Suarez sufre faltas de timing y de estrategias para cumplir con sus objetivos políticos primordiales. El problema parece tener responsables con nombre y apellido en el gabinete. Pero además, el jefe del Poder Ejecutivo y sus referentes legislativos están peligrosamente desconectados.

Si un gobierno no juega en equipo y abroquelado, todo se complica. En la era Suarez, hay veces en las que la Legislatura se desayuna con los proyectos que elabora el gobernador cuando ingresan por mesa de entrada. Propios y extraños.

El senador peronista Lucas Ilardo ha dicho que Suarez "revolea" proyectos que prometió en campaña o al comienzo de la gestión y se desentiende de ellos una vez que entran en la Legislatura. Y estas frases del justicialista, aunque sorprenda, tienen avales en el radicalismo.

El caso más emblemático del "revoleo" de proyectos de Suarez es su reforma constitucional, que hace casi dos meses duerme en el limbo de una comisión legislativa, sin avances ni destino. "Es como si dijeran: 'Cumplo mandando esto y suerte'", dijo Ilardo la semana pasada, en una entrevista de Los Andes. Algunos radicales por poco aplauden el análisis del adversario kirchnerista, ya que dijo lo que ellos piensan, pero prefieren no decir.

La incomodidad radical afecta más que nada al ministro político del gabinete, Víctor Ibañez. El ministro de Gobierno debería ser el organizador de la agenda política del Ejecutivo. Pero el "lanzamiento" apresurado de temas, uno detrás del otro, no refleja un ordenamiento estratégico de alguien.

La crítica a la labor de Ibáñez empieza a aflorar en este gobierno de mixtura, con dirigentes que responden a Alfredo Cornejo y personas que reportan a Suarez. Es un síntoma de que las cosas no están muy bien en casa. 

Los padecimientos del gobernador con su "borrador" de proyecto de reforma educativa demuestran que hay problemas. Algunos oficialistas reprochan al Ejecutivo. "¿Quién le dijo a Thomas que hablara de la reforma educativa?", se quejan. 

Se comenta también en el radicalismo que el Gobierno no tenía la necesidad de hacer circular el borrador preliminar de la reforma educativa y que apenas tendría que haber dejado que se desarrollara el congreso pedagógico (que fue suspendido hasta noviembre) en el que iban a discutirse ideas para esa reforma, con aportes de todos. 

En cambio, el Gobierno mostró algunas de sus cartas de antemano, en el momento menos indicado. Fue una exposición innecesaria y las reacciones lo golpearon antes de que hubiera, siquiera, un proyecto acabado.

Un hecho soslayado sobre el asunto educativo es que, a la par del conflicto, en la Legislatura se conformó sin trauma una comisión bicameral para el tratamiento de la futura reforma educativa. Esta fue una estrategia acordada entre el Ejecutivo y la Legislatura. Lo que vino después con el borrador, no.   

La  brusca contracara de los problemas con la minería, la reforma constitucional y los cambios para la educación son algunos proyectos económicos del Gobierno que se convirtieron en leyes sin conflicto y que ya han sido activados para enfrentar la emergencia.

Las leyes del ministro de Economía Enrique Vaquié fueron aprobadas después de que el funcionario los militara con intendentes y legisladores opositores. Parece sencilla la fórmula: hay que ponerle el cuerpo a los proyectos para que salgan.

Pero Vaquié no es reflejo del conjunto de la gestión de Suarez. Es, más bien, un experimentado del gabinete que ha sabido poner en práctica su receta personal tras quemarse en el arranque del gobierno con la minería. Obviamente, con uno solo, a Suarez no le alcanza.     

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