Sólo de Cornejo depende que nos vaya bien o mal
Termina una semana de contrastes. Mientras el gobernador Alfredo Cornejo firmaba en Buenos Aires el pacto fiscal con la Nación, que tendrá un efecto muy importante en el futuro de la provincia, oficialistas y opositores se enredaban en la Legislatura en peleas intrascendentes, ajenas a la agenda relevante. Un cambalache.
El complicado escenario de la política local volvió a dejar como único protagonista a Cornejo. Para las cuestiones relevantes, hoy, depende sólo de él que a la Provincia le vaya bien o mal. La democracia, no obstante, requiere contrapesos. Pero por falta de nivel de sus actores o desorientación, Mendoza hoy no los tiene. Justo en un momento de grandes transformaciones.
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Un episodio demostró esta situación. En la delegación de funcionarios mendocinos que viajó a Buenos Aires con Cornejo por el pacto fiscal estaba el ministro de Gobierno, Dalmiro Garay. Más allá de su participación en esas negociaciones, el viaje de Garay tenía que ver con otra cosa: la necesidad de "ablandar" a un senador provincial del radicalismo mendocino para que avalara la ampliación de la Corte provincial.
Garay, en efecto, se reunió en Buenos Aires con el senador Walter Soto, quien merece un comentario aparte. Es de Santa Rosa, pero vive y maneja una empresa privada en Buenos Aires. Una vez a la semana viene a Mendoza para ejercer como legislador en su provincia.
Soto se dio el gusto del año. Era una figura ignorada en el oficialismo, pero esta semana el Gobierno tuvo que ir al pie, por necesidad, porque de él y de Raúl Ferrer (otro legislador radical rebelde) dependía nada menos que el quorum del Senado para la sanción del proyecto sobre la Corte.
El martes pasado, de hecho, ambos senadores hicieron caer la sesión. El gesto alcanzó para encender la alarma. No solo viajó un ministro a verlo a Soto. También recibió un llamado del gobernador.
Estos gestos alcanzaron para sacarlo de su estado de rebeldía y el martes que viene no sólo estarán los dos rebeldes en sus bancas: todo indica que sus votos serán positivos.
El desenlace de la rabieta de Soto y Ferrer desnudó que ambos siguen teniendo cuentas pendientes con Cornejo por el armado de las listas de candidatos de las elecciones de este año. La interna era el problema, no el futuro de la Justicia, a pesar de los reparos que los dos pusieron como argumentos para faltar a la última sesión del Senado.
Ni un reproche concreto a la ley que elevará de 7 a 9 los miembros de la Corte hubo en estos días de su parte. De hecho, en apenas dos días, parecen haberse sacado todas las dudas, y ahora apoyan. Dicen que hicieron consultas informales a académicos y gente del derecho, quienes les indicaron que la ampliación de la Corte era una buena medida para descomprimir la Justicia.
Una deliberación light en el seno del radicalismo, enredada con líos partidarios, es todo lo que hubo en torno a este proyecto histórico.
Cornejo dice que sirve y no queda otra que creerle. El gobernador impidió que el proyecto se debatiera técnicamente en la Legislatura, porque no dio tiempo a nada. Y no ocultó sus enfrentamientos con una parte de la Corte, con lo cual hay una sensación de causa-efecto: siguen las sospechas de que pretende empezar a generar una mayoría a su favor en el alto tribunal, en lugar de agilizar causas.
A pesar de todo, no se le opuso nadie: los correligionarios de todos los colores declinaron e hicieron silencio, mientras que el peronismo fue ignorado, por su debilidad en el Senado.
Había solamente un pequeño problemita de números y eso se solucionó con una gestión dentro de los límites del oficialismo, donde Cornejo sigue teniendo el mando absoluto.
Los justicialistas, en tanto, cayeron esta semana un peldaño más en su interminable debacle, con la renuncia del jefe del bloque de Diputados, Javier Cofano.
El sanrafaelino abandonó la conducción con severas advertencias: vociferó que su partido no tiene futuro ni está a la altura de los debates que se vienen. "No tenemos propuestas y nos gana la necesidad de ser oposición", lamentó.
Es cierto. La representación política del PJ se sigue diluyendo en peleas e internas sin solución, que nacieron antes de las PASO de este año y que nadie sofoca todavía. No hay identidad ni hay conducción en el principal partido de la oposición.
Las últimas semanas fueron un calvario para el diputado Cofano. No es un dato menor que se haya ido de la jefatura del bloque por los enfrentamientos que generó una ley menor, que sólo buscaba modificar un par de artículos del Código de Faltas de la provincia.
¿Cómo podrá este peronismo empobrecido hacerle frente a las discusiones sobre endeudamiento, Pacto Fiscal y estado de la Justicia que se le vienen encima?
Brotan por todos lados las críticas a sus presuntos líderes, como Omar Félix (presidente en los papeles) y el intendente de Maipú Alejandro Bermejo, quienes no les están bajando línea a nadie.
Cofano renunció el miércoles, pero estuvo a punto de hacerlo en plena sesión la semana pasada, cuando surgieron las diferencias de siempre entre los diputados, en este caso, por la nueva ley de Tránsito. Lo atajó entre las bancas un compañero, para evitar el escándalo. Lo demoró, apenas.
Tan mal están los diputados del PJ que Patricia Fadel, la conductora de los senadores peronistas, se destaca, en contraste, por la sencilla razón de que ha mantenido unida a la tropa.
Lo ha hecho con una fórmula simple: habla con todos dentro de su partido y elabora, de ese modo, posiciones comunes. Fadel fue una rotunda perdedora en las elecciones de este año, pero ha renacido gracias a su oficio parlamentario de años y el contexto de su partido.
Con los diputados del PJ, en cambio, nadie sabe qué va a pasar. Jorge Tanús y el camporista Lucas Ilardo horadaron la autoridad de Cofano, el delegado de Félix en la Cámara Baja, hasta voltearlo. Sin embargo, no se habla hoy de que el liderazgo del conjunto vaya a caer en alguna de estas manos.
Por el contrario, hay pronósticos de rupturas. Y no se sabe en cuántas partes.
Serán, por lo menos, dos. La división formal de los bloques peronistas en la Legislatura podría producirse cerca de la renovación de bancas. Todos hablan de la separación de los kirchneristas, cuyo sector sumará entonces tres diputados y dos senadores. Un buen número.
La transición es un problema, no solamente para el peronismo. Este periodo se extenderá hasta mayo del año que viene. Podrían ser casi seis meses sin oposición seria para Cornejo. Habrá que confiar: sólo de él dependerá el resultado de los cambios profundos que ahora mismo se están produciendo.

