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Ni amigos ni enemigos: pares

La nueva política exterior de Macri. ¿La dominación viene de algún imperio externo o puede venir de quien impera aquí adentro con todo el poder?
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Resulta muy fácil para cierta política (y a la vez, por cierto, menos productivo para el conjunto de los argentinos) mirarse el ombligo todo el tiempo creyendo que con lo que somos, con lo que hemos logrado, con la realidad que tenemos nos basta y es suficiente. Así, con una vara a la altura del suelo, con tan solo cruzarla caminando pareciera que es suficiente. 

Pero esa política interna y externa no sirvió para que el grueso de la población pudiera visualizar una mejor posición en su propia vida y en la de sus generaciones futuras, sino para que -mansamente- fueran convencidos de conformarse con lo que son y con lo que tienen. Un pie invisible encima de cada cabeza es la mejor forma de graficar esa cultura del no esfuerzo y del status quo, del falso convencimiento de que "estamos bien así" y la garantía de que un ser "generoso" le dará lo que le falta cada día para seguir viviendo.

Mientras tanto, quienes fomentaron eso que representa mucho más que una opción política, sino algo más profundo, algo cultural, difícil de desarraigar, viven una vida bastante diferente. En un revival del poder feudal del Medioevo, disfrutan las mieles de su presunta impunidad. Lograron que sectores de la sociedad ya convencidos se movilicen por trivialidades, como la presencia de una bandera de EEUU en los alrededores de la Casa Rosada, por ejemplo, pero ocultaron los contratos con la petrolera Chevron o la instalación de una base espacial de China en la Patagonia.

El consignismo ideologizado de los años 70, que fracasó, se chocó de frente con una Cuba que le dio la bienvenida alegremente al primer presidente de los Estados Unidos que la visitó en casi 90 años y que empieza a desperezarse de sus complejas convicciones cuando le resultan a esta altura de los tiempos, inútiles para seguir en pie. Pero tampoco nadie les pide que se pongan de rodillas: la dignidad va por encima de todo y no tiene conductores únicos y venerables.

Solo como una perlita de lo que pasa, el propio hermano del Che Guevara, Juan Martín, que dirige la factoría de habanos cubanos más importantes, pidió en diálogo con MDZ Radio "un poco de capitalismo" para poder comerciar y aportar a la subsistencia colectiva.

Ser parte del mundo, para un país, es mucho más que un mandatario con propaganda de divo con la cual someter al pueblo detrás de una consigna única. No se puede (no se pudo ni se podrá) vender al pueblo argentino como "paquete cerrado" a Rusia, China o las naciones chavistas, ni siquiera a Estados Unidos.

Por ello, que Barack Obama haya visitado el país y que el gobierno argentino, con Mauricio Macri a la cabeza, junto a todo un abanico de dirigentes políticos que incluyen por cierto al peronismo en alguna de sus múltiples versiones, representa un hecho de alta política. La realidad indica que la sola presencia de Obama aquí, más sus palabras de elogio, abren una posibilidad de que Argentina tenga dinero legítimo que ingrese por vender sus productos al exterior con más facilidad que en la última década, o que inversores lo traigan, sin miedo a ser extorsionados o sometidos a reglas de juego cambiantes. Lo demás que pueda decirse (tanto los elogios y expectativas exageradas como las más diversas elucubraciones antiimperialistas) resultan solo elementos de cotillón.

Macri, de hecho, anunció no bien le dijo "hasta pronto" a Obama que se reunirá con el otro líder de peso a escala global: el presidente chino Xi Jinping. Será el 1 de abril en Washington. Vaya si es compleja la reunión, con un buque pesquero de aquel país hundido por la Prefectura recientemente y con reevaluación por parte del nuevo gobierno de lo que China está construyendo casi en secreto en la Patagonia. Pero hay que hacerlo.

Asimismo, Macri -señalado por alguna oposición sin brújula como poco menos que un dictador en ciernes- apoyó este viernes en diálogo con MDZ Radio la continuidad de Dilma Rousseff al frente del gobierno brasileño, a pesar de la fuerte crisis política y económica que atraviesa ese país y su partido.

La propia Rousseff junto a Evo Morales y también Rafael Correas hicieron lo que no quiso hacer Cristina Fernández de Kirchner: asistir a su asunción como nuevo presidente.

Veremos más adelante si Macri consigue algo de esta nueva relación que la Argentina está llevando adelante con el mundo. Pero por lo pronto representa un verdadero sacudón para los adormilados que fueron hipnotizados por el consignismo sin sentido que no llevó a nada.

Todo eso pasó en una Argentina que mientras se miraba el ombligo, compelidos por la inédita potencia de la propaganda oficial, en las "cuevas" y mesas de dinero que se multiplicaron como nunca antes, bajo el arbitrio de la vigencia de una legislación que favorece la especulación financiera desde la última dictadura militar y que no fue alterada por el gobierno kirchnerista, se contaban dólares presumiblemente originados en el lavado de dinero ilegal por parte de empresarios ligados al poder. No estaban cosiendo escarapelas en "La Rosadita" ni contando patacones. Eran dólares los que se contaban de a cientos de miles mientras de mandaba a la militancia a tuitear desde sus iPhones o a hacer flamear banderas en alguna plaza.

Seamos críticos de todo, que es la mejor defensa que tenemos de la dominación y comprendamos que el sometimiento no siempre viene desde algún imperio exterior, sino desde quien impera política, económica o socialmente aquí dentro.