La "venganza" de CFK contra un hombre del papa Francisco
Mientras mejor acogida se siente la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por parte del papa Francisco, más poder recupera para imponer su criterio, inclusive, en el entorno del pontífice argentino.
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Así parece exhibirlo al descalificar, lisa y llanamente a una de las personas más cercanas a Jorge Bergoglio: su jefe de protocolo o "ceremoniero papal", Guillermo Karcher.
Se trata del funcionario del Vaticano que acompañó al ex arzobispo de Buenos Aires hasta el balcón de San Pedro el día en que fue elegido papa. Karcher no llegó a Roma de la mano de Bergoglio: tiene allí una amplia trayectoria -a pesar de su edad- junto a los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI. Hoy es un hombre de diálogo diario y franco con Francisco.
Después de su almuerzo en Santa Marta, la Presidenta dijo, simplemente: "El papa no está preocupado por la gobernabilidad en la Argentina". Refutó directamente a Karcher, quien se encuentra en nuestro país y había dicho: "El papa está preocupado por la gobernabilidad en la Argentina".
La "venganza" presidencial tiene un motivo. Pocos días antes del 25 de mayo, llegó una carta dirigida a la Presidenta y firmada por el papa Francisco. Tenía errores y estaba escrita en tono muy coloquial, al punto que tuteaba a la Presidenta. Ni lerdo ni perezoso, Karcher dijo que era falsa. "Esa carta es trucha", le dijo a MDZ.
En medios porteños, inclusive, el alto funcionario del Vaticano llegó a decir que había sido una puesta en escena "de mala leche". La reacción del Gobierno fue inmediata: mostraron la carta y dijeron que confiaban en su autenticidad. ¿Quién más podría desmentirlo? ¿Acaso el propio papa?
Luego, a Karcher le tocó celebrar el tedéum por la fecha patria argentina en Roma. Todos lo miraron con la peor de sus caras. Sobre todo, los miembros del cuerpo diplomático, encabezado por los embajadores Andrés Di Tella (Italia) y Juan Pablo Cafiero (Vaticano).
El tironeo fue fuerte en la prensa. Karcher se llamó a silencio primero. Luego lo hizo el Gobierno. En los pasillos del Vaticano se analizó que, aunque "alguien" había intervenido en la redacción casi automática del telegrama que la Santa Sede manda a cada país en ocasión de su independencia, había que hacer silencio. Al fin de cuentas, dos jefes de Estado, ambos argentinos, tenían su reputación en juego culpa de ese papel.
Fue Cafiero quien cumplió un rol pacificador. El papa le ratificó su confianza a Karcher y siguió en su tarea formal en el Vaticano, pero también con su vocería para asuntos que tienen que ver con nuestro país, tema que cada mañana habla con Bergoglio al organizar sus actividades diarias.
El silencio de ambas partes ayudó a enterrar la polémica. ¿La carta había sido falsa? Si no "trucha", al menos alguien que quiso "cristinizar" al papa Francisco metió la mano.
Pero fue la propia Cristina Kirchner la que cuatro meses después desempolvó la bronca. Esta vez, ella era la que estaba con el papa y Karcher, en tierra argentina, celebrando misa en Buenos Aires y Córdoba en un recorrido imparable por decenas de amigos y conocidos que lo esperan cada vez que vuelve.
Envalentonada por sus 33 apóstoles de La Cámpora, la Presidenta ni siquiera nombró al influyente obispo. Simplemente aprovechó para hacerle "pito catalán". En la prensa, asesores suyos como el periodista Horacio Verbitsky, se encargaron de completar lo que pudo pensarse como "el contraataque".
Escribe este domingo en su columna de Página/12:
"A través de voceros propios y ajenos, religiosos y políticos, Francisco actúa sobre la realidad nacional. Esta semana lo hizo a través de tres sacerdotes muy próximos. Carlos Accaputo, quien fue su principal operador político en el arzobispado porteño, dijo que el Papa era solidario con los intereses de la Argentina en el litigio con los fondos buitre, que tenía una relación muy honesta y de confianza con Cristina y que para la Iglesia Católica el sistema financiero debe estar al servicio de la economía real, que genera trabajo, y no de una acumulación desencarnada de la vida del hombre y de los pueblos. El jefe de protocolo del Vaticano, Guillermo Karcher, informó que al Papa le preocupaban “la gobernabilidad y la sana democracia en la Argentina” y por eso recomendaba “cuidar a Cristina”. El rector de la Universidad Católica Argentina (UCA), Víctor Manuel Fernández, dijo que el Papa relativizaba los escandalosos informes del Observatorio de la Deuda Social de su universidad, según los cuales la pobreza es hoy similar o peor que en la crisis de fin de siglo y que no hablaba a través de los obispos. Tucho Fernández, a quien Francisco designó obispo, será uno de los principales redactores de las conclusiones del Sínodo sobre la familia, como lo fue del documento de Aparecida hace siete años. Hasta llegó a decir que la metodología del Observatorio “aporta una aproximación parcial, relativa y discutible para analizar la realidad”. La extraordinaria sutileza de esta maniobra es imperceptible para el ojo no entrenado. Accaputo transmite las mejores intenciones de la palabra oficial. Karcher repite el recado ambiguo que su jefe comunica a todos sus visitantes argentinos y que el encargado de relaciones exteriores del PRO, Diego Guelar, decodificó sin ambages: “Está dando una señal de urgencia y de comprensión de que la situación argentina es muy grave”. La reflexión de Fernández agrega un matiz alambicado. Primero difunde los informes del Observatorio, que desconocen todos los avances logrados en una década de sostenida reparación social, pero una vez logrado el efecto ensombrecedor desdeña con elegancia su propia obra. Lo mismo hace su protector, quien en la intimidad del almuerzo de ayer negó la preocupación por la gobernabilidad del país, que sus múltiples voceros difunden. Ni siquiera lo dijo él, apenas dejó que el eco de su voz resonara en las palabras de Cristina durante su conferencia de prensa. Si la situación nacional tuviera el desenlace trágico que Bergoglio presagió con insistencia durante sus años frente a la Plaza de Mayo (como bien sabe el secretario de Culto Guillermo Oliveri), el papa Francisco podría decir que hizo todo lo posible por evitarlo, pero que sus esfuerzos no bastaron. Son los milagros de proyectar sobre el vicario la doctrina de la doble naturaleza, humana y divina, del fundador".

