Cobos-Sanz: la otra bomba de tiempo en UNEN
“Lo que quiero, es que el radicalismo se defina de una vez…” dice Cobos casi a cualquier interlocutor que le pregunte por la interna de UNEN, la alianza frentista que el radicalismo comparte con varios partidos de corte progresista y sociedades complejas. Aunque el huevo de la serpiente no anida sólo en las diferencias entre las fuerzas integrantes de la coalición, como bien dejaron en claro Elisa Carrió y Fernando “Pino” Solanas la semana pasada con su largo culebrón, sino que habrá tormentas fuertes dentro de la propia Unión Cívica Radical: las distancias entre Julio Cobos y Ernesto Sanz se van a profundizar y podrían contagiar tensiones a sus socios políticos del Socialismo (Binner), la Coalición Cívica (Carrió), Libres del Sur (Tumini), el GEN (Margarita Stolbizer) y Proyecto Sur (Pino Solanas). De hecho, mañana mismo, Julio Cobos va a plantear en una cena de los bloques de senadores y diputados nacionales radicales que se hará en Córdoba, la necesidad de que el partido defina cuanto antes sus alianzas. Será -la del ex gobernador mendocino una fuerte embestida- contra Ernesto Sanz. Se invirtieron los roles. En 2008 era Sanz el que en el Senado de la Nación le reclamaba a Cobos, entonces vicepresidente de Cristina, definiciones en aquella noche caliente de la Resolución 125 y el “No positivo”. Ahora es Cobos quien clama por un rumbo que le diga sí o no a Macri o cualquier otra alianza de las que incomodan a sus socios de UNEN.
Las tensiones dentro del espacio por la política de alianzas se van a sentir muy duro hasta fin de año. Y dentro de la propia UCR la situación no es la más cómoda. Divididos entre quienes “ponen límites” a los socios, de quienes “no ponen límites”; los radicales se encaminan a un choque frontal entre sus dos precandidatos a presidentes de la Nación: Cobos va a empujar a Sanz hasta el límite desde mañana mismo clamando por definiciones partidarias que solidifiquen o dividan a UNEN de una vez. Lo que Cobos posiblemente no percibe, porque es menos afecto a los modos partidarios, es que ninguna declaración formal de una convención de la UCR va a torcer las preferencias políticas. Al final, el río irá por donde deba ir. Hay un condimento adicional. Cobos sigue pensando que Ernesto Sanz no puede ser presidente del partido y candidato presidencial a la vez. Ya se hizo este planteo tiempo atrás, y ahora volverá con fuerza. “No estamos de acuerdo en cómo Ernesto está llevando adelante todo este problema siendo juez y parte a la vez, porque él es candidato a presidente” dicen los cobistas, entendiendo además que su candidato mide más que Sanz.
No hace falta agregar aquí que las diferencias más profundas se manifiestan respecto de Mauricio Macri y el PRO. Cobos sabe que una alianza desembozada con el jefe de gobierno porteño, ahora, equivaldría a la fractura de UNEN y a la partida de Hermes Binner con el Socialismo, Pino Solanas con su partido y Margarita Stolbizer con el GEN. Y que del lado del acuerdo quedarían los radicales, Elisa Carrió y Libres del Sur, en algunas provincias. “Hay que saber que ese costo existe… y que esos son unos puntitos que no hay que desperdiciar” sacan cuentas en el cobismo, en modo pragmático.
La embestida de Cobos para que Sanz comande una “definición” de la UCR tendrá varias etapas. La principal empieza mañana en Córdoba, y también el jueves, cuando el radicalismo legislativo y los economistas Martín Lousteau, Alfonso Prat Gay y Javier González Fraga participen juntos de actividades desde la noche de mañana hasta ese día. ¿Tendrá Cobos el atrevimiento de pedir definiciones allí mismo? Es posible. El ex gobernador a quien el PRO le reserva un espacio de senador nacional en su soñada fórmula Macri-Sanz, viene con las pilas cargadas de la charla con Binner el sábado en su propia casa. Una cena a la que Sanz no estaba invitado y que se hizo a instancias del santafesino líder del Frente Amplio Progresista. Cobos sabe de primera mano cuáles son las preocupaciones de Binner. Y sabe también que su socio principal se irá dinamitando UNEN si hay acercamientos con Macri.
Lo que quieren Cobos y Binner, en definitiva, es que la UCR haga una convención nacional para santificar sus alianzas tal como están ahora: con límites. No tendrán suerte por ahora. Lilia Puig de Stubrin, la presidenta de la Convención de la UCR, les ha prometido fecha para noviembre. Y Cobos prefería que fuese en setiembre. No quiere ser él quien cargue con el costo político de aliarse a Macri. Especula además con otra aritmética: los candidatos a gobernadores de la UCR, por todo el país, poco podrían hacer sólo con Macri en la boleta. “Nos necesitan sí o sí. Vamos a ver si se van a animar a ir desnudos con Macri… y si no, vayan y pregúntenle a Cornejo si quiere ir a una elección sin Cobos” amenazan en el círculo íntimo de Julio César Cleto. ¿Quedó claro?
Ernesto Sanz, en su doble rol de presidente del partido y candidato, intuye –o algo más- que por ahora la coalición UNEN es insuficiente para ganarle a las versiones del justicialismo o aún a Macri. Tiene la tarea de mantener la alianza –justamente- unida, y por otro lado hace de pañuelo de lágrimas de Elisa Carrió, la dirigente que estuvo jugando con fuego la semana pasada y después les dijo a Cobos y a Sanz que aquel sainete con Pino le hacía bien a la coalición. Sanz sabe que Cobos lo va a presionar por “definiciones” pero tiene más paciencia que su rival en la interna y las va a estirar todo lo posible con un ojo en las encuestas.
A no extrañarse –entonces- si en el futuro inmediato aparecen dos convenciones radicales. Una antes de fin de año ratificando la alianza del Frente UNEN tal como está hoy –sin Macri- y una nueva convención partidaria en marzo o abril, con el año electoral lanzado a toda marcha; para decidir una política más flexible, sin límites. Es decir, con Macri adentro. Lo bueno de esto, sobre todo para los radicales mendocinos que le prenderán velas a San Cobos, es que “el Julio” va a hacer lo que el partido decida, aun aliarse a Macri. Sanz, finalmente, lo que cree es que será “la gente” la que vaya decidiendo el futuro de UNEN. Al senador le ocurre, cada vez que va a un lugar público, que muchos radicales, independientes, muchos votantes de clase media, le tiran de la manga del saco para decirle “hay que unirse”. Y el presidente de la UCR es sensible al termómetro social. Hay que recordar que en la Vendimia era él quien se quejaba de la foto Cobos-Macri, y que ahora las posiciones respecto del jefe de gobierno porteño parecen cambiadas. El sanrafaelino, igualmente, se toma las diferencias con paciencia aunque este tipo de baile le incomode y le aprieten los zapatos. Entiende que en estos últimos días lo que hubo equivale a tomas duras de posición de todos los socios. El problema es que él preside el partido de las dudas, porque los demás integrantes de UNEN fueron claros y frontales en sus alineamientos. La pregunta es dónde llegarían sin la UCR, el más federal de los partidos que han decidido recorrer este camino juntos.
¿Y Macri? Mira desde muy cerca esta interna aunque en público aparece distante. Hoy se irá de gira neuquina para apoyar a Jorge Sapag en la guerra petrolera, pero a través de Emilio Monzó monitorea todo lo que pasa en UNEN.
Al final del día, lo que hay es una coalición de diferencias insalvables, a la que Cobos –que aceptará incluso ir a primarias contra Macri si hay un gran acuerdo o la UCR lo impone- le tiene menos fe que su coterráneo Sanz. Y si este problema de fondo no se resuelve, será difícil que este espacio progresista pueda llegar siquiera a segunda vuelta. Uno de los candidatos a gobernador que tiene la UCR en Mendoza lo define con sencillez: “Acá el problema está en los microclimas de los militantes y de los comités. Ahí se perciben cosas que están lejos de lo que le pasa realmente a la gente. Lo que hay que hacer es dejar fluir”. Puede que tenga razón, pero algo es seguro. Nadie está en condiciones de asegurar hoy que la conformación actual de UNEN será la que llegue a las elecciones: ni uno solo de los cinco presidenciales puede dar garantías, ni mucho menos Cobos y Sanz, que tienen en sus propias manos la bomba de tiempo que podría dinamitar UNEN, anclada en su propia rivalidad.


