Campagnoli estaba marcado antes de investigar a Báez
El kirchnerismo parece decidido a disciplinar a la Justicia, pese a que uno de sus emblemas en plena campaña, allá por el 2003 haya sido justamente renovar la famosa “corte adicta” ideada por el menemismo. El mejor ejemplo es el caso del fiscal Campagnoli, puesto en el ojo de la tormenta por investigar al empresario más cercano a la familia Kirchner: Lázaro Báez.

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Campagnoli había logrado detectar dos teléfonos asignados a la Secretaría de Inteligencia (ex Side) en la zona donde Severo fue abordado. Los aparatos se correspondían con dos agentes encubiertos apodados Perico y Raitano. La pista del fiscal era correcta, pero lo que no sabía Campagnoli es que Perico y Raitano eran el chofer y el secretario de Fernando Pocino, respectivamente.
Fernando Pocino era y sigue siendo el director de Reunión Interior de la Secretaría de Inteligencia y uno de los tres hombres fuertes del organismo. Quienes trabajaron en su repartición no dudan en señalarlo como uno de “los intocables”. A pesar de las sospechas de Campagnoli, los camaristas decidieron que el caso vaya a un juzgado de garantías de Lomas de Zamora, departamento judicial donde ocurrió el secuestro y donde la causa quedó cajoneada.
En ese momento, la balanza había empezado a torcerse en contra del fiscal.
Ahora, todas las miradas están puestas en la suplencia de la camarista con licencia. El doctor Leonardo David Miño, un abogado kirchnerista vinculado justamente a la procuradora general Alejandra Gils Carbó y firmante de las solicitadas difundidas por la agrupación de magistrados cercanos al oficialismo “Justicia Legítima” podría ser quien con su voto termine de echar la suerte del hombre que investigó demasiado.
Clarisa Ercolano
