Bonasso denunció a Stiuso y la interna en la Secretaría está al rojo vivo
El histórico capo de los Servicios de Inteligencia (SI), que dependen directamente del Ejecutivo Nacional, Antonio Horacio Stiuso fue "despedido" la semana pasada cuando Oscar Parrilli se hizo cargo, al menos en los papeles, de la ex SIDE, actual Secretaría de Inteligencia.
Claro que un simple anuncio poco significa en esas lides: "Dónde está la dimisión firmada, la publicación oficial, un anuncio que se haga más allá de Página12", se preguntó al ser consultado por MDZ el abogado Mario Ganora, quien patrocina al periodista Miguel Bonasso, uno de los denunciantes más férreos de Stiusso.
"Poco significa un simple anuncio, dónde está la dimisión, la publicación oficial", se quejaron desde la ONG La Alameda que tienen más que un tema personal con "Jaime" a quien señalan como el capo de varios prostíbulos donde se ejerce la trata y la explotación sexual.
El vicepresidente de la Fundación Alameda, Mario Ganora, es el abogado patrocinante en la demanda contra Stiuso (ex Director General de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia) que en el sorteo hoy lunes a las 10.30 hs recayó en el Juzgado Federal Nº 2, a cargo de Sebastián Roberto Ramos, y el titular de la Fiscalía Nº 1, Jorge Felipe Di Lello, bajo el expediente 12.9467/14. Allí, ambos denunciaron que por amenazas y obstaculización de la libre circulación del libro “Lo que no dije en Recuerdo de la Muerte” del periodista Miguel Bonasso; donde revela una buena parte de la trama del organismo más poderoso, misterioso y millonario del estado argentino.
En tanto, Bonasso destacó que "Stiuso, a través de la entonces SIDE y actual SI ha operado durante años al Poder Judicial de la Nación, en especial al fuero federal para obtener resoluciones favorables a los intereses políticos y económicos cuya protección se le encomendaban. La SI y, en especial la facción del señor Stiuso y el difunto Pedro Lauchón Viale".
"Tienen una relación fluida con el Dr. Norberto Oyarbide, juez federal, por lo que entiendo que esa referencia a llevar el libro al juez tiene una connotación totalmente diferente a la que aparenta. No es el reclamo indignado de quien se siente injustamente ofendido por un presunto infundio sino la amenaza de entregarme a sus secuaces del Poder Judicial para el posible armado de una causa”.
La reflexión final de Bonasso si se quiere es inquietante: “Argentina no es una democracia escandinava, ciertamente, pero exagera para el otro lado: a la sociedad no parece importarle mucho que funcionarios que integran una Secretaría dependiente de la Presidencia de la Nación se dediquen a la trata y el tráfico de estupefacientes. Pocos ligan la creciente inseguridad en calles, casas o autobuses, con el crimen organizado y protegido desde arriba”.
Clarisa Ercolano

