Presenta:

Mendoza barre la mugre bajo la alfombra

Se cerró intempestivamente el debate sobre la posibilidad de diversificar la matriz productiva de Mendoza. No fue la conclusión de un largo debate, sino un golpe abrupto y violento: se dijo que no "de prepo", se generó miedo y la dirigencia política lo tuvo, poco antes de las elecciones. Chau minería.
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

 El gobernador de la provincia, Francisco Pérez, se quedó solo. Primero, se automarginó de discutir la minería como posible factor de crecimiento de la provincia, en virtud de un compromiso que formulara como candidato, antes de ganar, y debido a que venía de trabajar en un estudio jurídico comprometido con un proyecto minero particular. Luego, un año antes de ser reemplazado en el cargo, reactivó la discusión de un tema del que se habla abiertamente en todo el mundo y sobre el que en Mendoza nadie ha hecho nada en los últimos siete años. No fue acompañado ni por los propios.

Con el principal referente de la oposición, Alfredo Cornejo no disponible para los análisis e interpretaciones del archivo del proyecto Hierro Indio por parte de la Legislatura, al gobierno provincial le estalló en la mano una bomba de tiempo que no se animó ni a detonar a tiempo, ni a desactivar. Cuando se dio cuenta que podía hacer algo, el gobernador se encontró sólo rodeado por su propia convicción, pero con un partido indeciso, diverso, permeable a las presiones. Hasta el intendente de General Alvear, Juan Carlos de Paolo, se convenció de que el proyecto con base en Malargüe no era contaminante, pero rodeado y sin poder volver a su despacho debido al malestar social, cambió su opinión y forzó, primero, el freno de mano legislativo y luego, el apuro del final al que se llegó: otra vez la nada.

Con procedimientos agrietados en la discusión del proyecto, sin convicción ni a favor ni en contra –vale decir: sin política al respecto- el gobierno, en tramo final de gestión hizo el ademán de abrir un debate necesario que quedó desdibujado por el pánico a la condena social de los agoreros y la imposibilidad de enfrentar los focos de resistencia con argumentos sólidos, a pesar de contar con ellos.

La oposición no tuvo más que soplar para que ese castillo de naipes montado como “debate” se viniera abajo. Bastó que anunciara su rechazo al proyecto Hierro Indio para que éste comenzara a esfumarse.

Las responsabilidades son compartidas: mal proyecto, trámite meandroso, apoyo culposo a la actividad minera, falta de convicciones, ausencia de política pública y de la más básica: la que dice que hay que hablar y negociar con todos, son algunas de las características que emergen de la situación que ahora muestra a Mendoza como una provincia en donde no se puede discutir su futuro y en la que la sola amenaza de caos apichona a los decisores públicos y se transforma en un “plebiscito de prepo”, ridiculizando la representación ciudadana consagrada por la Constitución en la Legislatura o mejor dicho, sometiendo a ésta a los designios de los grupos de presión.

¿Son mejores los grupos de presión que representan las hordas enardecidas que generan focos de resistencia y paralizan la actividad y se niegan a dialogar que aquellos que representan a grandes factores de poder internacional, a los que poco les importa el futuro del lugar en el que desembarcan? No: son iguales. Ambos representan un brusco freno de mano a la historia productiva, al desarrollo y a la construcción de un sistema político de mayor calidad.

Mientras discutimos por el futuro inexistente del agua de ríos que ya están secos, nadie protesta, estudia o implementa medidas que realmente morigeren el gran impacto ecológico que el cambio climático nos está imponiendo: que Mendoza se transforme, en virtud de distracciones menores y del entretenimiento político chiquito, en un lugar en donde la gente no pueda vivir.

Ganaron los sectores que creen que no hay más nada que discutir sobre el futuro de Mendoza: “Como estamos, está bien”, parecen decir con su mensaje paralizante, porque el proyecto Hierro Indio no era, precisamente, el que más agua necesitaba para su funcionamiento, como lo demostró hasta 1970 en que estuvo activo.

Perdieron aquellos que creían que se abría una oportunidad: trabajar por una nueva industria, la minera, en una Mendoza estancada y que hasta ahora no ha previsto mecanismos de control y atracción de esas inversiones y que da mensajes contradictorios periódicamente.

Ganaron los que sacan provecho del descontento y el caos. Mañana o pasado volverán con el mismo mecanismo ante cualquier otro tema en el que encuentren tierra fértil para conseguir sembrar su pretensión de llegar al poder a través de un falso liderazgo social.

Perdieron los que sostienen que una democracia requiere de reglas y en la que todos, ricos y pobres, poderosos y débiles, son igualmente considerados por sus instituciones, sin intereses espurios detrás o falsa demagogia.

No perdamos más oportunidades ni cerremos los debates con violencia, prepotencia o insultos. Por lo menos en MDZ, todos los espacios, más allá de la opinión editorial de la empresa, siguen abiertos para que Mendoza no sea una foto melancólica el pasado.