No hay caso: a Boudou no lo quieren ni un poquito
La imagen frívola del vicepresidente y las sospechas de corrupción espantan al justicialismo tradicional, con las elecciones encima. No lo quieren en el poder ni un minuto más del necesario. La teoría de los “quince días”. Paco, pidiendo a los mendocinos por la presidenta y el PJ que mira para otro lado.
“Si se queda un rato más, perdemos noventa a diez… Es terrorífico…” La frase, a modo de reflexión, fue pronunciada por un dirigente del justicialismo mendocino espantado con la sola idea de que Amado Boudou esté ejerciendo la Presidencia de la Nación, mientras unos médicos le meten un trépano en la cabeza a Cristina Fernández de Kirchner para removerle el hematoma que tiene en vilo a los argentinos. Pueblo noble éste, cuyos habitantes han lanzado en masa a aprender de neurología, traumatología y cardiología para no quedar atrasados en las charlas de café.
En las últimas horas, el peronismo “tradicional” aun aliado al kirchnerismo ha desarrollado un nuevo síndrome. Se llama el “Miedo a Boudou”. En las provincias es muy palpable. Aunque en Mendoza la enfermedad de CFK no va a incidir en la campaña, ya que no estaba prevista visita alguna de Cristina, el temor es por la contracara: las fotos de Boudou paseando en motocicleta en Brasil erizaron la piel del peronismo en una provincia cuyo electorado castigó con dureza al oficialismo el 11 de agosto, un día antes de que –presumiblemente- la presidenta recibiera un fuerte golpe en la cabeza vaya uno a saber por qué y en qué circunstancias, porque no hubo explicaciones oficiales y certeras respecto del incidente.
Las interconsultas en el seno del peronismo coinciden en el análisis: la permanencia de Boudou en el poder sólo podría perjudicar las de por sí flacas chances del peronismo en las elecciones del 27. Especialmente en Mendoza, donde el vicepresidente tiene peor imagen que Cristina por más de 20 puntos porcentuales, promediando las mediciones que tienen encuestadores locales. Es que aquí vive Laura Muñoz, la ex esposa de Alejandro Vanderbroele, el hombre de negocios señalado como testaferro y “prestanombre” a favor del Vicepresidente hoy en ejercicio de la Presidencia de la Nación.
Los intendentes mendocinos consultaron rápido las agendas. Aunque no había ni un solo viaje presidencial programado, no querrían que apareciese alguna actividad por sorpresa con Boudou en tierra cuyana. “Es lo peor que nos podría pasar” explica otro peronista veterano de Mendoza. Se encoge de hombros y muestra las palmas de las manos cuando se le señala que desde Brasil, Francisco “Paco” Pérez insiste con que Cristina es “muy necesaria” para los que vivimos en esta provincia, a pesar de que una gran mayoría de mendocinos ha decidido divorciarse de la presidenta y pasarle la factura de la fiesta al Frente Para la Victoria.
Los temores sobre la salud de Cristina agudizan las disputas sobre el rol de Boudou y el lugar que debería ocupar en esta crisis política. Una fuente del gobierno, por caso, dejó filtrar una “interna” respecto del tiempo que debía permanecer Cristina en reposo a pesar de la recomendación de los médicos, la que de todos modos se hizo añicos ayer al mediodía con la internación y el anuncio de la operación para hoy por la mañana. El sector más duro, en el que se enrolan entre otros Carlos Zanini y Héctor Icazuriaga, habría pedido por indicación de Máximo Kirchner que la “pasantía” de Boudou en la presidencia no se extendiese más allá de 15 días. La esperanza inconfesable, de paso, sería recuperar a Cristina de las manos de los cirujanos totalmente recuperada y ganadora. Un plus invalorable, la mejor campaña -por ejemplo- en la provincia de Buenos Aires, donde las diferencias a favor de Sergio Massa son de alrededor de diez puntos. Otro grupo en el seno del mismo gobierno, por el contrario, calcula que luego de la operación y la recuperación, pasarán más de 60 días para tener a la presidenta totalmente entera.
El círculo informativo fue muy escaso ayer, igual que el sábado y el domingo. Ni siquiera los ministros accedieron a información de privilegio sobre la salud de la presidenta. No obstante, una fuente del gobierno nacional admitió a este medio que la situación era muy “compleja”, “más de los esperado”. Esta versión alarmista de la salud presidencial saltó las vallas del oficialismo y se propaló con fuerza viral en la política. De ahí la preocupación del peronismo por la permanencia de Boudou en la presidencia. Se sabe incluso que hubo discretísimas consultas a líderes parlamentarios para cerrar filas en derredor del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Julián Domínguez, “por si es necesario jugar esa carta” admitió una fuente.
Domínguez es el tercero en la sucesión presidencial luego de Boudou y de la tucumana Beatriz Rojkés de Alperovich, presidenta provisional del Senado. El titular de Diputados es además un firme candidato a integrar el gobierno de Cristina en el último tramo de su mandato. Se dice que el bonaerense podría ir al Ministerio de Agricultura de la Nación hoy ocupado por el chubutense Norberto Yauhar, quien dejaría el ministerio porque es candidato a diputado nacional por su provincia. Las preguntas sobre Domínguez se dispararon por la desconfianza en Boudou y su mala imagen, y el escaso apego del peronismo bonaerense a “Betty” Rojkés. ¿Se llegará a este límite institucional? Todo depende de la evolución de la salud de la presidenta.
Con el “miedo a Boudou” instalado en la dirigencia territorial, cualquier dato sobre el posible impacto electoral de la salud de Cristina tan cerca de los comicios, cotiza en oro. Uno de los que lo entendió pronto es Sergio Massa. El intendente de Tigre y principal postulante bonaerense de la “oposición” de ADN peronista ha encargado una encuesta a Poliarquía, su consultora de cabecera desde hace unos meses. Los primeros resultados estarían listos esta noche. Massa prometió coparticiparlos entre sus contactos del interior del país.
Es rara la relación del peronismo mendocino con Cristina Fernández de Kirchner. Mientras el gobernador se preocupa de ponerla en valor, decidido a enterrarse o sobrevivir con la presidenta; el resto ha expresado muy poco en esta hora difícil. En el conteo de comunicados de apoyo, el radicalismo y el Partido Demócrata le sacaron ventajas al oficialismo a la hora de sumarse a la cadena “Fuerza Cristina”. Más bien, los peronistas brillaron por su ausencia a la hora del aliento, y eso que ocupan la tribuna local. Los comunicados de jefes parlamentarios, intendentes, concejales, legisladores, ministros y funcionarios han escaseado. Posiblemente la “misa” kirchnerista no contemple ritos piadosos en público, pero hay silencios que hacen demasiado ruido. Tal vez no sea frialdad y sí sorpresa. Pero en todo caso, ninguno de los sentimientos positivos que algunos dirigentes guardan por la presidenta son extensivos al vicepresidente Boudou. Como bien expresaron en estricto “off the record” varios de los dirigentes importantes, lo quieren bien lejos. Aunque sea, andando en moto en Brasil.
El círculo informativo fue muy escaso ayer, igual que el sábado y el domingo. Ni siquiera los ministros accedieron a información de privilegio sobre la salud de la presidenta. No obstante, una fuente del gobierno nacional admitió a este medio que la situación era muy “compleja”, “más de los esperado”. Esta versión alarmista de la salud presidencial saltó las vallas del oficialismo y se propaló con fuerza viral en la política. De ahí la preocupación del peronismo por la permanencia de Boudou en la presidencia. Se sabe incluso que hubo discretísimas consultas a líderes parlamentarios para cerrar filas en derredor del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Julián Domínguez, “por si es necesario jugar esa carta” admitió una fuente.
Domínguez es el tercero en la sucesión presidencial luego de Boudou y de la tucumana Beatriz Rojkés de Alperovich, presidenta provisional del Senado. El titular de Diputados es además un firme candidato a integrar el gobierno de Cristina en el último tramo de su mandato. Se dice que el bonaerense podría ir al Ministerio de Agricultura de la Nación hoy ocupado por el chubutense Norberto Yauhar, quien dejaría el ministerio porque es candidato a diputado nacional por su provincia. Las preguntas sobre Domínguez se dispararon por la desconfianza en Boudou y su mala imagen, y el escaso apego del peronismo bonaerense a “Betty” Rojkés. ¿Se llegará a este límite institucional? Todo depende de la evolución de la salud de la presidenta.
Con el “miedo a Boudou” instalado en la dirigencia territorial, cualquier dato sobre el posible impacto electoral de la salud de Cristina tan cerca de los comicios, cotiza en oro. Uno de los que lo entendió pronto es Sergio Massa. El intendente de Tigre y principal postulante bonaerense de la “oposición” de ADN peronista ha encargado una encuesta a Poliarquía, su consultora de cabecera desde hace unos meses. Los primeros resultados estarían listos esta noche. Massa prometió coparticiparlos entre sus contactos del interior del país.
Es rara la relación del peronismo mendocino con Cristina Fernández de Kirchner. Mientras el gobernador se preocupa de ponerla en valor, decidido a enterrarse o sobrevivir con la presidenta; el resto ha expresado muy poco en esta hora difícil. En el conteo de comunicados de apoyo, el radicalismo y el Partido Demócrata le sacaron ventajas al oficialismo a la hora de sumarse a la cadena “Fuerza Cristina”. Más bien, los peronistas brillaron por su ausencia a la hora del aliento, y eso que ocupan la tribuna local. Los comunicados de jefes parlamentarios, intendentes, concejales, legisladores, ministros y funcionarios han escaseado. Posiblemente la “misa” kirchnerista no contemple ritos piadosos en público, pero hay silencios que hacen demasiado ruido. Tal vez no sea frialdad y sí sorpresa. Pero en todo caso, ninguno de los sentimientos positivos que algunos dirigentes guardan por la presidenta son extensivos al vicepresidente Boudou. Como bien expresaron en estricto “off the record” varios de los dirigentes importantes, lo quieren bien lejos. Aunque sea, andando en moto en Brasil.