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En la crisis, manda Máximo

El hijo de Cristina llegó ayer y se hizo cargo. Pasaron 36 horas desde el anuncio del reposo obligado de Cristina y no parece haber dramatismo por su salud, pero sí por la crisis política. La influencia de Rocío García, la pareja de Máximo Kirchner. La preocupación de los gobernadores. ¿Asumirá Boudou la presidencia?
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En esta Argentina donde todo el poder lo ejerce una sola persona, tenemos una noticia para dar: en este momento hay una crisis política cuyos alcances y proporciones desconocemos, pero que ocupa a gobernadores, ministros, y funcionarios varios a lo largo y ancho del país. El reposo anunciado para la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a raíz del hematoma subdural producido por un traumatismo de cráneo el día 12 de agosto, según la información oficial que dio el propio vocero de la presidenta, se ha transformado en una cuestión de Estado. Ahora, la propia presidenta y sus dos hijos Máximo y Florencia, las únicas personas que en verdad son depositarios de su confianza, decidirán si el dirigente más cuestionado del país, Amado Boudou, asume el pleno poder de la presidencia, o si ella seguirá desde su cama manejando el “joystick” del país, a menos de tres semanas de las elecciones del 27 de octubre.

 

La presidenta tiene su propio “círculo rojo” y desde allí surge alguna información a cuentagotas. Lo primero: los ministros del gabinete se dedicaron a su vida casi normal. No fueron convocados a reuniones de urgencia, ni llamaron especialmente a alguno. Los del interior no viajaron prendidos fuego a Buenos Aires, y Juan Manuel Abal Medina, Julio De Vido y Diego Bossio se encargaron de las comunicaciones con ministros, gobernadores y dirigentes que llamaron preocupados por la salud presidencial. Los gobernadores han estado al tanto, pero tampoco fueron convocados a Olivos ni a la Casa Rosada. La indicación fue seguir cada uno en lo suyo. El único que ayer a la tarde se embarcó en un avión presidencial en Río Gallegos después de las dos de la tarde y se instaló en Olivos fue Máximo Kirchner.

Por estas horas, lo que domina es la incertidumbre. ¿Asume Boudou o la presidenta retendrá los resortes del poder delegando en su vicepresidente, cuya imagen negativa supera el 60 % según la mayoría de los encuestadores, sólo las cuestiones protocolares? ¿El verdadero “presidente en las sombras” será el secretario legal y técnico Carlos Zanini como ya ocurrió en 2012, cuando debieron operarla de tiroides, o el poder discurrirá a través de Máximo Kirchner, que no confía para nada en Boudou? ¿Cuál será el rol de los gobernadores en esta crisis? ¿Qué rumbo tomará la campaña electoral? ¿Alguien dará seguridades de que la presidenta en un mes estará recuperada? ¿Qué pasa si no mejora y necesita más tiempo? Las respuestas a estas preguntas, se espera, irán despejando el área a medida que pasen las horas. Pero no hay ninguna seguridad de que así sea. Hay derecho a dudar de un gobierno que oculta y miente.

Algunos dirigentes consiguieron información, entre ellos Daniel Scioli, y también el gobernador mendocino Francisco Pérez. A “Paco” le hicieron saber que la presidenta estaba bien, pero que en verdad necesitaba el descanso. A un dirigente importante que está en todos los actos de la presidenta y pertenece al “círculo rojo” (o celeste y blanco, de acuerdo a la versión Scioli) de la Casa Rosada, le dijeron que la lesión no era grave pero que lo peligroso era “lo otro, lo anímico…” la fuente lo expresó con esas mismas palabras. A un gobernador de una provincia importante le dijeron que CFK estaba “pasada de vueltas” y que necesitaba “estar tranquila”. Pero a ninguno de ellos le explicaron cómo van a ser las próximas horas en la vida institucional de la República. Para eso, habrá que esperar.

La información médica respecto de la presidenta no parece ser dramática. Sí es una situación de mucho cuidado, después de todo sufrió una lesión hemorrágica en la capa que recubre el cerebro. Hay casos en los que un cuadro de hematoma subdural requiere intervenciones quirúrgicas. Pero no hay indicios de que éste sea el asunto. Aun así el problema es el político. ¿Va a gobernar Boudou? No. Si Cristina no puede intervenir en los asuntos presidenciales mientras se repone, el que en realidad dará las órdenes será Máximo Kirchner, asistido por una persona en ascenso en el mundo kirchnerista: su pareja Rocío García, reciente madre de Néstor Iván, el nieto de la presidenta. El otro auxiliar de Máximo será el propio Zanini.

En el micro universo familiar de Cristina, Rocío pesa mucho. De carácter fuerte, hija de un ex gobernador y militante, la odontóloga madre del nieto de la presidenta tiene mucha influencia sobre Máximo Kirchner, según cuentan algunos de los dirigentes que suelen compartir fútbol, asado y política con importantes dirigentes de La Cámpora como Andrés “Cuervo” Larroque y Wado De Pedro. De hecho, fue Rocío quien convenció a Máximo de no vivir en Río Gallegos.

Rocío García (36) está más abocada a su profesión y a acompañar a su novio que a la política, según describió hace poco el diario LA NACION. Es hija de Héctor Marcelino "Chicho" García, quien fue gobernador interino de Santa Cruz en 1991, el mismo año en que le entregó el mando a Néstor Kirchner. Es la única de cuatro hermanas que no estudió abogacía, como su padre, y tiene una relación de mucha cordialidad con la presidenta. Sin embargo, en la interna familiar, es la que empuja el “vamos por todo”, manteniendo las políticas públicas tal cual marchan ahora, aun con un resultado adverso a la vista. La nuera de la presidenta milita en La Cámpora y es considerada “halcón” en la clasificación entre halcones y palomas del kirchnerismo. Su postura, según cuentan los informantes, chocan contra las de Florencia Kirchner. La hija de Cristina –y esto no es un secreto- preferiría que su madre abandone todo y se dedique a acompañarla en Nueva York, donde se perfecciona como cineasta. La menor de los Kirchner no quiere correr el riesgo de perder a su madre, como ya ocurrió con su padre hará pronto tres años. Ahora, en la crisis y hasta tanto se mejore Cristina, quien dará las órdenes será Máximo. Pero contará con el asesoramiento de su mujer, muy respetada en La Cámpora y en el kirchnerismo de paladar negro.

 

El hijo de la presidenta se trasladó ayer a la Capital Federal desde Santa Cruz. Según informó la agencia OPI Santa Cruz, uno de los pocos medios que no fueron cooptados en la provincia de los Kirchner, pasadas las 14:00 arribó a Río Gallegos un T-31 de la Fuerza Aérea Argentina que esperó al hijo de la presidenta en la pista y con los motores encendidos. Máximo llegó retrasado mientras ya habían ascendido el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni; y la ministro Alicia Kirchner, quienes esperaron durante 40 minutos el arribo del hijo de Cristina, de acuerdo al informe del medio sureño. Anoche, el hijo presidencial y heredero de Néstor ya estaba “operativo” en la residencia.

El golpe que ha recibido la presidenta el 12 de agosto es una incógnita. Casi no hay datos que ilustren qué le pasó. Lo que es obvio es el traspié emocional. Por eso quienes han logrado filtrar información hablan del alicaído costado anímico de la Jefa de Estado, una persona que por decisión propia lleva sobre sus espaldas casi todo el peso del poder en la Argentina. Con una salud que se adivina sensible desde la muerte de su esposo, es entendible la sucesión de lipotimias, arritmias, cuadros de tensión, estrés, y ahora un hematoma subdural. En el medio, la presidenta pasó por un trauma feroz, cuando le informaron que padecía de cáncer en su variante maligna, aunque luego se supo que era un falso positivo.

En la Argentina la salud de los presidentes nunca fue un asunto muy público. La población se iba enterando de los acontecimientos a medias, o después de sucedidos. Las numerosas patologías de Néstor Kirchner fueron ocultadas con mucha dedicación por el gobierno. Y el sábado hubo largas horas “en blanco” respecto de Cristina. Aún ahora no hay información sobre el estado real de la presidenta, los riesgos que corre, el tamaño de la lesión subdural que tiene, cómo se la produjo, y qué cuidados deberá observar más allá del mes de reposo.

Con todo esto, la pregunta que sobrevuela y que el gobierno debe responder -aunque se enojen- es si Cristina estará en condiciones físicas de concluir su mandato. En voz apenas audible, la pregunta era ayer motivos de especulaciones políticas en el peronismo opositor y en los puentes de plata que tienen tendidos con el oficialismo.

No es la primera vez que una presidenta argentina debe ser reemplazada un largo tiempo. La propia Cristina dejó su lugar a Boudou a inicios de 2012 por varias semanas cuando fue operada. Entre setiembre y octubre de 1975, Isabel Perón sufrió una de sus tantas indisposiciones y la reemplazó durante 33 días Ítalo Luder, que era el presidente del Senado. En 1974 había muerto Perón y ya no había vicepresidente. La Argentina es otra desde aquel 1975. Pero la memoria es sensible. Por eso es clave que el gobierno brinde información y despeje las dudas. Aunque sea, para ahuyentar los fantasmas.