Que nadie se atreva a tocar a Cristina
Cristina Fernández de Kirchner está blindada. El anuncio de su desafortunada enfermedad la colocó en un una categoría de intocable. Propios y extraños, conmovidos por la noticia, ruegan por su salud. Lo hacen por pura humanidad, por ella. Y también lo hacen para que exorcizar cualquier riesgo negativo que, aunque improbable, es una evocación siempre latente en un país que lleva varios años sin crisis. Como ocurre con los terremotos, la más mínima señal (el aullar de los perros en la noche calma o un carcinoma en el lóbulo de la glándula tiroides) nos pone los pelos de punta.
Los medios más salvajes no la han tocado. De refilón pudieron mencionar detalles tales como que es una enfermedad demasiado común y poco riesgosa, que se operará en un hospital del Opus Dei o desnudaron el montaje comunicacional que acompañó el anuncio de su enfermedad.
En un país en el que se hizo campaña electoral hablando del blindaje de la economía y en la que le dimos cátedra a un Estados Unidos laberíntico o a una Europa que ya suma sus propias ruinas a las tantas otras que la tienen por destino turístico, lo único cierto, pasando en limpio, es que –ante la falta de fortaleza económica- lo único que se pudo blindar fue a la Presidenta.
Cristina Fernández de Kirchner, por mérito propio, de Él, de su capacidad de comunicación y por el demérito de idea mejor en el auditorio que la chancea y critica, es lo único que la mayoría de los argentinos ven con ojos de esperanza. La votaron –cabe recordarlo- hasta los sojeros destituyentes. Su proyecto conservador popular, más retro que progre, convence a acelerados y estancados: “Si nada cambia, mejor”, parece ser la consigna oculta que late en cada argentino a través de las diferentes clases sociales.
Imaginemos, entonces, cuán poderosa es la imagen de la debilidad presidencial en este momento.
Todos la están fortaleciendo. No hay cómo tocarla. La extraña aparición del vocero presidencial dando la noticia paralizó al país entre la Navidad y el Año Nuevo. Y la noticia fue el tema de todas las mesas de 40 millones de personas a lo largo y ancho de la Argentina. Los más viejos recordaron inestabilidades pasadas y los más jóvenes, seguramente, juraron no volver a sufrir lo que, en la misma mesa, callaban sus padres, fiambres del sándwich de este país doloroso.
La Presidenta sonrió al día siguiente frente a todo el poder político formal de las provincias, al reunirse con los gobernadores. Hizo chistes, Pasó facturas. Se mostró vida parada delante de una tremenda imagen de Eva Perón, aquella a quien quisieron tanto y, a pesar de tanto amor, le ganó el odio que los tumores habían tomado contra su cuerpo. Fuerte.
Cristina Fernández de Kirchner, a diferencia de Evita y también de su marido, a quien antes de morir se apresuraron en llamar Eternéstor, sobrevivirá. A diferencia de Evita, le ganará al cáncer. A diferencia de los Perón, todo indica que logrará torcerle el brazo a las corporaciones, las de adentro y las de afuera.
Más allá de las versiones en torno a cuándo supo realmente de su afección, la mandataria lo anunció y asumió en un momento clave: cuando la “sintonía fina” comienza a aplicarse al ritmo de lo que antes llamamos “ajuste”.
Pero nadie podrá meterse con Cristina: está blindada. Cualquier culpa le resbalará. Tal vez por eso algunos gobernadores comenzaron a somatizar sus propias crisis personales, políticas o familiares tras el encuentro con la Presidenta. Hay ocho provincias que tendrán que hacer recortes y sus mandatarios, se preguntarán una y mil veces “por qué” les tocará a ellos asumir todos los costos de la política económica nacional.
“Eso”, de lo que no se habla
Todo lo que se haga en 2012 alrededor de las cuentas fiscales tendrá a la Presidenta en un rol ausente. Amado Boudou, el rockstar que llegó a vicepresidente cantando que la economía estaba blindada, será el morrucho presidencial. Con él, los que realmente deciden, Julio de Vido y Carlos Zannini llevarán adelante el ajuste, llámesele como se le guste nombrar en tiempos de kirchnerismo.
Santa Cruz tiene registra un solo gobernador con mandato completo: Él. Pero ya no está y la situación financiera, política y social ha estallado una vez más. Antes del “fuego amigo” que se cargó con la vida del gobernador rionegrino Carlos Soria en las primeras horas del año nuevo, en sus escasos 21 días de gestión tuvo que poner en disponibilidad a unos 20 mil empleados públicos, tarea que deberá continuar su vicegobernador. Chubut, Córdoba, Chaco, Catamarca y la provincia de Buenos Aires deberán aumentar impuestos y buscarle el eufemismo más acorde a los tiempos para realizar un ajuste sin el cual les resultará difícil gobernar.
Y Mendoza ya sabemos que tanta alegría no podía ser verdad. Pasamos de la euforia triunfalista de presuntos tiempos muy buenos vividos en los últimos años a conocer un déficit catastrófico.
Paco Pérez volvió de la reunión con la Presidenta preocupado, con gripe y fiebre, suspendiendo hasta el brindis de fin de año: su primer encuentro –tras la alegría de la primera semana en San Rafael- fue para hablar de cómo sacarse de encima las deudas. Los funcionarios locales reparten un optimismo que da envidia, pero que podría ser patológico: gobiernan a ciegas, sin saber la profundidad de las cifras que pronuncian, y lo admiten sin empacho en criticar hacia atrás, cuando atrás estaban ellos mismos. No se sabe cuánta plata hace falta y se calcula un déficit de 2 mil millones de dólares. Así como estamos, al gobierno mendocino le caerán las culpas que le resbalarán a una Presidenta blindada. Si le llegará ayuda, será para pagar platos rotos, cubrir agujeros y nada productivo.
La culpa de quién te quita la felicidad
En el Gobierno hay combates, como corresponde a un equipo con vida intestina. En el peronismo se le llama “democracia” a ese proceso de peleas y suelen exhibirlo como un logro. Mientras haya eso adentro, cuánto importa su propia hegemonía afuera, reflexionan, si en sí mismos son garantía de un amplio debate ideológicamente multicolor y fuertemente pragmático en sus consecuencias.
El asunto, en medio de los primeros estertores del concepto de “bienestar eterno”, es a quién echarle las culpas. Santa Cruz es el mejor ejemplo para hacer una prueba de laboratorio de lo que puede extenderse por todo el país y no será en esta columna en donde recordemos cómo se manejaron los Kirchner en sus otros tiempos. Pero allí, en La Meca del pensamiento K, en donde tiene su catedral la comandancia de los alfiles presidenciales.
Allí vive el hijo de la Presidenta y su agrupación, La Cámpora, es la usina de los empleados públicos mejor rentados del país. No quieren ser los dueños de la tristeza y ya buscan culpables en otro lado. Lo publicó Página/12: Bajo el título "Hacerse cargo", el sector político que conduce Máximo Kirchner publicó una solicitada en la que planteó las diferencias con el gobernador. ´La situación actual de la provincia es responsabilidad objetiva de autoridades y actores claros e identificables´, señalaron en el documento los militantes de la agrupación kirchnerista, a la vez que indicaban que resultaba ´increíble que los responsables del estado actual de la administración provincial, que no sólo deben encontrarse en su máxima autoridad, sino también en los sectores gremiales que llevaron las cosas hasta límites inimaginables, se hagan los desentendidos´”.
Un año de peleas de fondo
En la debilidad física presidencial el Gobierno encontró, queriendo o sin querer, una gran fortaleza. Como la canción de Pappo, resuena un “…que nadie se atreva a tocar a… Cristina”.
Esa fuerza que surge de lo más íntimo de la argentinidad, ese respeto por el dolor ajeno que se transforma en un campo protector infranqueable, será imprescindible en un año que será difícil financiera, política y, en consecuencia, socialmente.
Lo dijimos al principio y lo analiza Carlos Pagni, periodista de La Nación de la siguiente manera: “La hipótesis de que en su ausencia se requerirá mayor responsabilidad está dotada de un maternalismo bastante obvio. Sin embargo, puede tener un impacto poderoso, sobre todo en un país en el cual quien gobierna cuenta con el 54% del respaldo popular y quien debe controlarlo, con el 18%. Para bien o para mal, Cristina Kirchner parece ser un recurso estratégico en una sociedad que carece de sistema político. A muchos ciudadanos les puede resultar muy convincente que la amenaza sobre su salud es una amenaza sobre el bienestar general”.
Con algunas provincias incendiadas o con chispas amenazantes, el Poder Ejecutivo ya está en condiciones de aplicar con toda la severidad del caso la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, conocida en el barrio como Ley de Medios.
La batalla incluye nada menos que la desmonopolización de los medios y ya originó realineamientos entre empresarios que antes le deseaban poco menos que las mayores desgracias del mundo a Él, Ella y todos quienes los acompañan y que hoy se pasean por los medios afines al Gobierno cantando loas que, aunque increíbles, son agradecidas en el micromundo del poder político.
Julio Villalonga anticipó en MDZ hace unos días el tremendo efecto dominó que se viene este año en la batalla por el control de la comunicación. Incluye el desguace de los monopolios, pero también la posibilidad de sumar al juego a las empresas de telefonía, para ofrecer el “triple play”. No será un cambio cosmético, sino la redefinición de la comunicación en la República Argentina y, para eso, hace falta poder y un gran escudo protector: son los medios los que en 2001 llamaron a la gente a cacerolear a la calle, ¿alguien lo recuerda? Y fue en coincidencia con un ajuste acompañado de impericia e incapacidad política.
Aquello no puede ni debe volver a pasar.
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