La gran confusión electoral en tres departamentos mendocinos
Es poco probable que 2011 quede en la historia como el año en que la democracia argentina evolucionó gracias al mejoramiento de su sistema electoral.
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Uno de los intentos de cambio estará representado por las internas abiertas y obligatorias que se celebrarán por primera vez el 14 de agosto, en todo el país, en búsqueda de mejorar la calidad de los candidatos. Pero este comicio va perdiendo importancia, ya que los principales partidos llegarán a la fecha con sus candidatos presidenciales proclamados de antemano. ¿Qué sentido tiene ir a votar cuando ya está casi todo decidido previamente?
Pueden servirles a Cristina de Kirchner o a Ricardo Alfonsín en el marco de sus estrategias electorales, pero no aportarán nada a la ciudadanía, donde asombre el nivel de desconocimiento sobre la elección y, en todo caso, la confusión imperante.
En tanto, hasta aquí, en Mendoza, el adelantamiento electoral en tres municipios (Capital, Luján y San Carlos) tampoco es visto como un intento de mejorar la calidad electoral, aunque algunos intendentes prediquen que ese ha sido el objetivo de impulsarlo.
El desdoblamiento aparece, en cambio, como la tabla de salvación o la mejor opción personal de intendentes que quieren seguir en el poder. O de candidatos que buscan tomarlo a cualquier costo.
Todo mezclado. Aunque la Justicia se resiste a aceptarlo por los problemas de organización que acarreará, la fecha en que los tres municipios celebrarán sus comicios desdoblados coincide con las primarias abiertas nacionales del 14 de agosto. Esto implica que los vecinos de San Carlos, Capital y Luján deberían votar en el mismo turno los candidatos a presidente y legisladores nacionales de los distintos partidos, junto con los intendentes y concejales de sus departamentos.
La mezcla de categorías es fenomenal y de ninguna manera aporta al objetivo de “focalizar” las elecciones en los asuntos departamentales, proclamada por los intendentes desdobladores.
En las consultas que se están realizando para analizar opiniones de la gente aparece como conclusión la confusión plena de los ciudadanos, que se preguntan dónde les tocará votar (¿deberán ir a una escuela o dos?) y cómo se organizarán las urnas y las boletas, en una fecha electoral que reuniría dos cuestiones muy diferentes.
Por otro lado, el interés personal de los protagonistas de la política asoma rápidamente como el verdadero objetivo del adelantamiento en las comunas mendocinas.
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La verdadera clave de su decisión de adelantar las elecciones pasa entonces por su beneficio. Y el daño que puede hacerle a la estructura del radicalismo, con la cual está muy peleado.
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Contra los desdobladores. Por ahora los sondeos terminan marcando una fuerte resistencia en Mendoza a la propuesta de adelantamiento electoral en algunos departamentos.
Bollatti ubica ese rechazo ciudadano en alrededor del 50 por ciento, contra un 40 por ciento que apoya la propuesta y un 10 por ciento que no tiene elementos para opinar. Más allá de que vale difundir una aclaración del encuestador: las opiniones en contra o favor están teñidas por las apetencias políticas de las personas consultadas.
Aún con este matiz, los sondeos reflejan que el adelantamiento en los departamentos no consigue apoyo masivo ni es interpretado como una medida exclusivamente pensada para mejorar la calidad de las elecciones.
Es que ante iniciativas difusas, la incredulidad ciudadana reclama que al menos la política no le complique la vida: “Lo que la gente quiere es votar una sola vez”, sentencia Bollatti. Pero lo hará, por lo menos, dos.
Los cambios que nadie quiere hacer. Si el objetivo del desdoblamiento electoral fuera realmente institucional y cívico, las encuestas ofrecerían a la política pistas más que claras de lo que hay que hacer. En ellas sí aparece un interés marcado por los cambios que nadie encara con verdadera vocación política, como es el caso de la reforma constitucional.
Apenas un tercio de los mendocinos dice conocer que hay un proyecto de reforma constitucional que envió el gobierno de Celso Jaque a la Legislatura. En medio de la convulsión de sus respectivas internas partidarias, es un hecho que tanto el oficialismo como la oposición han abandonado la militancia o la discusión de esta iniciativa.
Pero lo que más sorprende es que una reforma de este tipo tendría un indudable consenso. O sea, sería un éxito para sus impulsores. Salvando la reelección del gobernador, otros temas sí son de interés general, aunque nada tengan que ver con las elecciones de candidatos.
Bollatti ha relevado cifras de apoyo cercanas al 80 por ciento ante determinadas propuestas de cambio, como sería establecer consultas populares vinculantes para los grandes asuntos de la provincia. Esa abrumadora mayoría estaría de acuerdo, por ejemplo, con que se lanzara una consulta masiva para definir qué quiere hacer Mendoza con la minería, una actividad que sigue dividiendo y generando polémicas en la provincia.
Pero la agenda que los partidos políticos imponen insiste en ir por otro lado.





