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¿La campaña electoral se va por el inodoro?

Hay rumores de que se viene una "campaña sucia", después de un cruce entre Roberto Iglesias y Patricia Fadel. Las planillas de Rodríguez Saá para inscribir en Mendoza supuestos futuros beneficiarios de viviendas muy baratas también sugieren una deformación de la competencia por el poder. Por qué se complica la relación entre el PJ y la UCR.
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En sintonía con los inodoros de dos tiempos que propuso Roberto Iglesias para ahorrar agua, los candidatos deberían cuidarse de las promesas y actitudes que pueden mandar la campaña electoral por la cloaca.

No son precisamente los simpáticos inodoros radicales los que conllevan ese peligro. Si lo son, en cambio, la increíble promesa de construir casas por 90 pesos al mes y los indicios de violencia entre radicales y peronistas en la recta final de la disputa del poder.

Las planillas de inscripción para obtener una casa por la módica cifra de 90 pesos que repartió en Mendoza gente del candidato presidencial de Compromiso Federal, Alberto Rodríguez Saá, deberían llamar a la reflexión.

Distribuir barrio por barrio una insólita “planilla de inscripción nacional de viviendas” que juega electoralmente con las ilusiones de las personas menos pudientes roza la demagogia. De más está decir que firmar esas hojas no está poniendo a nadie en carrera para conseguir el soñado techo propio, una demanda compleja y muy difícil de satisfacer para cualquiera que le toque gobernar el país.

Las planillas albertistas constituyen la versión explícita de la política clientelar en la Argentina. Se inspiran en los discretos camiones de Alicia Kirchner para pagar votos con electrodomésticos. Aunque aspiran a superarlos ampliamente.

Los demócratas mendocinos no son tan lanzados como el gobernador de San Luis, pero han quedado pegados a la promesa del puntano: los mismos delegados de “el Alberto” dejaron en claro en su visita a Mendoza que si Rodríguez Saá no gana las elecciones presidenciales pero sí triunfa su hombre en la provincia, Luis Rosales, las planillas le indicarán a quiénes deberá destinar el nuevo gobernador las soluciones habitacionales.

Tomando distancia. Es difícil de todas formas para Luis Rosales hacerse el desentendido cuando fue el primero en poner en la agenda local de campaña las viviendas. El spot inicial no tenía planillas ni números, pero de arranque prometía “casas para todos” a “una cuota que todos puedan pagar”

La promesa, así planteada, implica construir más de 100.000 casas en cuatro años de gestión.

En cualquier caso, los equipos de campaña del Partido Demócrata se vieron inmediatamente obligados a formalizar su propuesta y decir de dónde va a salir la plata para concretarla. Hablaron entonces de conseguir la mayoría del dinero de inversores internacionales y una porción menor de la coparticipación federal y la Provincia.

Pero en el PD mendocino nadie asegura que si Rosales es elegido gobernador hará casas con cuotas de 90 pesos por mes. “Esa es la campaña nacional de Rodríguez Saá, después cada provincia verá cómo serán los planes. No sabemos de cuánto va a ser la cuota aquí”, advierten en el conservador partido mendocino, para no hundirse del todo con Alberto en el túnel de las promesas incumplibles.

Como esa que es parte de la campaña albertista y que dice “Viví como yo”. Su autor, Rodríguez Saá, es dueño de un chalet impresionante en San Luis, cuando las casas de 90 pesos que promete medirán poco más de 50 metros cuadrados.

Calles salvajes. Pero la campaña no corre riesgo de ensuciarse solamente por las promesas explícitas de los candidatos. El viboreo que protagonizaron esta semana el candidato radical Roberto Iglesias y la diputada peronista Patricia Fadel en plena calle, es una señal de cuidado.

Si bien los relatos difieren, todo indica que algo pasó entre ambos en pleno centro. “Hagan lo que

quieran con la Justicia, igual los vamos a hacer cagar en las elecciones”, dicen cerca de la diputada peronista que dijo el radical apodado mula. En el intercambio que habría presenciado nada menos que Juan Carlos Chueco Mazzón, habría existido una respuesta a la altura por parte de la verborrágica legisladora kirchnerista (foto), quien endilgó a su adversario que los jueces en los últimos tiempos los puso la UCR, empezando por el presidente de la Corte, Alejandro Pérez Hualde.

Ciertamente, la anécdota de muestra que los ánimos terminaron un poco caldeados en la UCR al final de una semana ambivalente para el análisis político.

Los radicales sortearon la visita de Cristina a Mendoza y no les quedaron heridas demasiado profundas. Aunque la venida de la presidenta conformó a los justicialistas locales, en la UCR destacaron que el gesto de apoyo de la mandataria a Francisco Pérez y Carlos Ciurca no fue todo lo explícito que podría haber sido. En otras palabras, Cristina dejó su estela de triunfo en Mendoza pero no les levantó las manos a Paco y a Ciurca.

“Podría haber sido peor”, reflexionaron los radicales, quienes además festejaron que el huracán presidencial ya pasó y muy probablemente no volverá antes del 23 de octubre.

Sin embargo, tres días después del acto presidencial en Maipú y Godoy Cruz, la Junta Electoral Nacional bloqueó el camino hacia la separación de boletas generalizada que proponía la UCR en las próximas elecciones. La reacción política a esto de la UCR y su candidato a gobernador fue virulenta, aunque el reclamo partidario era en cierto modo incumplible por parte de la Justicia ¿Por qué los jueces deberían haberse plegado a una suerte de reforma política instantánea, cuando la propia clase política no ha sido capaz de promoverla? ¿Cómo explicar, en el caso de dar el sí la Junta, que no estaba facilitando la campaña de corte de boleta de la UCR?

Ningún razonamiento moderado imperó entre los radicales respecto de este fallo, que fueron del optimismo directamente al desánimo y sacaron la metralleta: acusaron al justicialismo de manejar la Justicia.

Los nervios iglesistas. Un candidato radical nervioso, que no se relajó ni siquiera para admitir un paseo por el Mercado Central con los periodistas de MDZ para tratar asuntos  muy alejados de la coyuntura boxística con el PJ, los cuales fueron parte de la producción Desafío Ciudadano que publicamos esta semana, es en este momento el peor temor para el justicialismo.

El cruce con Patricia Fadel demuestra que ni siquiera la buena noticia aportada por la prestigiosa consultora Poliarquía, la cual midió que Iglesias va adelante en preferencia electoral, consiguió darle paz al candidato radical. Es que esa misma consultora proyectó un escenario difuso si el corte de boleta iglesista no es alto (o muy alto) el 23 de octubre.

Iglesias, motivado y entristecido a la vez por las noticias de la semana, salió a decir que a los jueces los maneja el peronismo y esa alusión directa encendió todas las alarmas en el PJ.

La campaña de 2003 revivió repentinamente. Ahora el peronismo está en guardia, temeroso de que el ex gobernador vuelva a tratarlos a todos de “ratas”, palabra que quebró la convivencia política hace 8 años y dio un vuelco a favor su pupilo, Julio Cobos, en la pelea electoral de ese año.

Desde el PJ advirtieron de inmediato que esta vez habrá golpe por golpe si Iglesias los ataca de nuevo. No van a decir nada por ahora, pero están armados para la pelea.

La guerra fría radical-peronista y las promesas incumplibles del PD marcan así el estado de la campaña. Los candidatos caminan por el filo con riesgos de caer al inodoro electoral y la templanza es un buen consejo para evitar que alguno se vaya por los caños.