Sostienen que los Kirchner están más difíciles
Para Jorge Oviedo, periodista de La Nación, las formas que utiliza Moreno y el propio matrimonio presidencial, conspiran contra el normal desarrollo del kirchnerismo. Ahora, las cosas se están poniendo peliagudas con Guillermo Moreno y con el ministro Amado Boudou.
Los métodos de Guillermo Moreno parecen haber llevado al gobierno de Cristina Kirchner nuevamente a una encerrona, lo cual genera un clima de roces, intrigas y hasta peleas subidas de tono entre los funcionarios. Como en el caso del conflicto con el campo, la estrategia armada por el incalificable e increíblemente todopoderoso secretario todo terreno, la embestida contra Papel Prensa resultó un fiasco.
Como en el caso del conflicto con el campo los repartos de culpas van en otra dirección. Es imposible castigar a Moreno, por una sencilla razón. El secretario es nadie y por eso su paso por otras administraciones, como la de Eduardo Duhalde resultó intrascendente. En cambio ahora sus acciones cuentan con el absoluto respaldo y hasta el aplauso de Néstor Kirchner, quien cuando los desbordes de Moreno eran de menor intensidad, le sugirió públicamente no comportarse como Lassie y "morder más". Kirchner parece no entender otros métodos y por eso no puede deshacerse del secretario de las embestidas escandalosas, brutales y, por sobre todas las cosas, ineficientes.
Una vez más, como entrevió en su momento el ministro de economía Miguel Peirano, las víctimas serán los ocupantes del Palacio de Hacienda. Por eso Peirano se bajó del barco kirchnerista a tiempo al quedarse en la playa, cuando el timón pasó de Néstor a Cristina. Los platos rotos de las locas iniciativas morenistas las pagó muy rápido su sucesor, Martín Lousteau, aquel a quien mientras compartían el palco en un acto multitudinario Moreno hizo el gesto de degüello.


