El desbande de los legisladores nacionales del PJ que representan a Mendoza
Algunas bancas del Congreso Nacional se han convertido en válvula de escape para la tensión actual entre el kirchnerismo y el justicialismo mendocino.
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Jaque pasa estas horas tensas en Brasil, en un oportuno congreso de cambio climático que lo liberó de mirar por TV la foto de la firma del desendeudamiento que Cristina se sacó con otra tanda de gobernadores, en una reunión a la que el mendocino no estuvo invitado.
Tan fría e imprecisa es la relación entre la Casa Rosada y el Gobierno de Mendoza que el ministro de Hacienda, Adrián Cerroni, mantuvo abierta una reserva de avión hasta la madrugada del miércoles, con la esperanza de que Presidencia lo llamara para firmar el esperado desendeudamiento. Lógicamente esto nunca pasó.
Todo lo que ha venido después constituye más un cúmulo de reacciones que una muestra de fortaleza política de Jaque. “Habrá que apretarse el cinturón”, es la frase que pretenden cargar de mística en la Casa de Gobierno, pero que es poco más que una lectura de la cruda realidad: dada la situación financiera de la Provincia, hacia fin de año, la mejor noticia oficial puede llegar a ser el pago de los sueldos en término en la administración pública.
Sí mantiene Jaque la decisión de no retirar el amparo contra el decreto de la promoción industrial, como pide la Casa Rosada, lo que, por otra parte, terminaría de configurar un suicidio político para el peronismo local.
Quizás por seguir los consejos de Bermejo, un ministro de Jaque admitió anoche que el justicialismo provincial se está “abroquelando” para resistir la crisis. Es un reagrupamiento defensivo, temeroso de lo que puede venir, sin plan a mediano plazo y sin líderes que más adelante puedan erigirse en candidatos (el peronismo, a diferencia de la UCR, definitivamente no tiene un candidato a gobernador para el año que viene).
Instintivamente en el Gobierno provincial y la Legislatura el PJ levanta el cuello del saco y hunde el rostro entre la ropa para protegerse de un invierno tardío, pero que puede ser letal. Como las heladas primaverales para el campo.
En este sentido, los aires porteños parecen ser más suaves. Menos trágicos. Más libres.
Dejan brotar tranquilamente los aires de rebelión. Y como Jaque nunca demostró interés en liderar la tarea de sus legisladores nacionales, ellos hoy parecen más desbandados que nunca.
No fue un hecho menor que Bermejo metiera su voto negativo al matrimonio gay, tiempo después de incomodar al jefe de gabinete Aníbal Fernández con su planteo contra el decreto de la promoción industrial.
Tampoco lo fue que Guillermo Pereyra y Dante González restaran fuerzas en el bloque oficialista de la Cámara de Diputados esta semana, al momento de combatir contra el proyecto del 82 por ciento móvil para los jubilados.
La iniciativa opositora no sólo amenaza la suprema caja de la Anses. Lo que es peor, empaña uno de los mejores logros del kirchnerismo durante sus siete años de gobierno. Y un par de legisladores por Mendoza casi colaboraron para que ello se produjera.
¿Si esto no representa una crisis política, la crisis política donde está?
Un último cauce de control pareciera ser el operador Juan Carlos Mazzón, que con su sola presencia en la Casa Rosada produce calma en el gobierno de Mendoza. "El día que el Chueco no esté allí, ahí así te voy a creer que se pudrió todo", comentó una fuente justicialista.

