Celso Jaque ya no ora en silencio
Con su inédita "objeción de conciencia" para el matrimonio gay, el gobernador ha pasado a militar la causa religiosa y mide los beneficios de erigirse en un "antikirchnerista" en la guerra con la Iglesia. Pero su resistencia muda comenzó hace tiempo: conocé la vez en que casi lo trompea Pichetto por su rechazo al pliego de una jueza que defiende el aborto.
El kirchnerismo ha encontrado una nueva manera de producir quiebres profundos en la política argentina para aprovechar sus beneficios. El fugaz proyecto de la Concertación fue el globo de ensayo que partió la UCR hace unos años. La ley del matrimonio gay y otras iniciativas en carpeta, como la legalización del aborto, que gatillan en la cabeza de los sectores más conservadores y cercanos a la Iglesia, es el nuevo modus operandi para dividir opositores.
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Pero los embates de esta estrategia de poder no se hacen sentir solamente en la oposición. La ley de matrimonio homosexual empezó a horadar la base del propio oficialismo, aunque sólo en algunos casos esta “rebelión” se haya manifestado en votos contrarios a la propuesta: muchos se abstuvieron en la sesión del Senado para no contradecir en voz alta al matrimonio presidencial.
Celso Jaque fue uno de aquellos dirigentes oficialistas que en otros tiempos eligió callar e irse cuando no estaba de acuerdo. El pensamiento fuertemente conservador del mandatario se hizo notar, quizás por primera vez, cuando era senador nacional. Corría el mes de julio de 2004 y Néstor Kirchner había encarado una cruzada incuestionable: la renovación de la Corte Suprema de la Nación. El problema surgió cuando mandó al Congreso el pliego de Carmen Argibay, una candidata que evitó las concesiones y se declaró públicamente “atea militante”, además de manifestar su posición proclive al aborto.
Estas expresiones le hicieron ganar enemigos de todos los colores en la Cámara Alta. El propio Jaque se puso en el bando de los críticos e hizo peligrar la aprobación de su pliego. Pero la postura del mendocino finalmente fue la de la abstención, aunque las crónicas de la época dicen que a la conducción le costó correrlo del camino.
Según la crónica que publicó La Nación un día después de la votación, a Jaque “casi lo boxean” Miguel Pichetto y Jorge Yoma, pues insistía en votar negativo a Argibay. En silencio, al final, el ahora gobernador de Mendoza abandonó el recinto cerca de la hora de la votación.
El antecedente casi perdido de la pelea de Jaque con Pichetto por la designación de Argibay explica muchos hechos que vinieron después y que han estallado con fuerza en el presente de la provincia y nuestro país. El gobernador siempre optó por comerse en silencio todo lo que no le gustaba del kirchnerismo. O todo lo que perjudicaba a la provincia. Nunca acompañó al Gobierno Nacional en sus medidas progresistas, pero tampoco sacó los pies del plato mostrando su oposición.
Hasta que otro mendocino peronista vestido de senador nacional, como él en el pasado, le mostró que tal vez había un camino distinto. Adolfo Bermejo, ante un desafío similar al que Jaque tuvo con el pliego de la candidata a ministra de la Corte, no huyó del recinto para asegurarle el número al oficialismo y votó en contra de la orden K en la disputa del matrimonio igualitario.
¿Es casual entonces que, después del voto de Bermejo, Jaque haya endurecido su discurso contra el matrimonio gay, planteando incluso ahora la “objeción de conciencia”? ¿O es que el gobernador se ha dado cuenta de que militar la resistencia religiosa puede rendirle buenos frutos en términos políticos?
Si algo no existe en la política actual es el equilibrio: se está en un bando o en el otro, y para cada cual, todo está permitido. Por eso el gobernador puede darse el lujo de asimilar la objeción de conciencia que poseen los médicos para realizar un aborto con la que quiere darles a los funcionarios del Registro Civil para que puedan rehusarse a unir en casamiento a dos personas del mismo sexo.
Jaque ha dejado de orar en silencio para gritar los principios de su causa religiosa, aun frente al peligro de pasar de ser un rebelde a convertirse en un político reaccionario frente al orden jurídico.
Detrás suyo, un justicialismo mendocino históricamente humillado por los Kirchner le calienta el bocho para que declare la independencia política y haga la suya.
En clave religiosa parece haber entendido Jaque este mensaje de su partido. Ojalá que el remedio no sea peor que la enfermedad.
El antecedente casi perdido de la pelea de Jaque con Pichetto por la designación de Argibay explica muchos hechos que vinieron después y que han estallado con fuerza en el presente de la provincia y nuestro país. El gobernador siempre optó por comerse en silencio todo lo que no le gustaba del kirchnerismo. O todo lo que perjudicaba a la provincia. Nunca acompañó al Gobierno Nacional en sus medidas progresistas, pero tampoco sacó los pies del plato mostrando su oposición.
Hasta que otro mendocino peronista vestido de senador nacional, como él en el pasado, le mostró que tal vez había un camino distinto. Adolfo Bermejo, ante un desafío similar al que Jaque tuvo con el pliego de la candidata a ministra de la Corte, no huyó del recinto para asegurarle el número al oficialismo y votó en contra de la orden K en la disputa del matrimonio igualitario.
¿Es casual entonces que, después del voto de Bermejo, Jaque haya endurecido su discurso contra el matrimonio gay, planteando incluso ahora la “objeción de conciencia”? ¿O es que el gobernador se ha dado cuenta de que militar la resistencia religiosa puede rendirle buenos frutos en términos políticos?
Si algo no existe en la política actual es el equilibrio: se está en un bando o en el otro, y para cada cual, todo está permitido. Por eso el gobernador puede darse el lujo de asimilar la objeción de conciencia que poseen los médicos para realizar un aborto con la que quiere darles a los funcionarios del Registro Civil para que puedan rehusarse a unir en casamiento a dos personas del mismo sexo.
Jaque ha dejado de orar en silencio para gritar los principios de su causa religiosa, aun frente al peligro de pasar de ser un rebelde a convertirse en un político reaccionario frente al orden jurídico.
Detrás suyo, un justicialismo mendocino históricamente humillado por los Kirchner le calienta el bocho para que declare la independencia política y haga la suya.
En clave religiosa parece haber entendido Jaque este mensaje de su partido. Ojalá que el remedio no sea peor que la enfermedad.


