Derechos humanos para todos, aquí y en la China
En 2003 el presidente Néstor Kirchner, al asumir la presidencia, decidió que el sesgo principal de su gestión sería la de revisar el pasado y exigir justicia por los crímenes de la dictadura. Dio pasos trascendentales al respecto, no hay dudas.
En aquel momento, dijo –tal como lo recuerda Alain Rouquié en su nuevo libro sobre la democracia en Latinoamérica, que “en 20 años no se hizo nada” en la Argentina contra las violaciones de los derechos humanos cometidos por los miliatares y civiles que encabezaron el golpe de 1976, desconociendo la titánica tarea que le tocó al primer gobierno de la democracia, con la realidad fresca y el poder real de los que eran suplantados del gobierno, intacto, más allá de lo simbólico.
Este ha sido, en definitiva, un fuerte signo del Ejecutivo nacional y eso ha servido para estimular una investigación más profunda aun que la realizada bajo los temores lógicos de la cercanía en el tiempo de los horrores del pasado.
Pero los derechos humanos no se defienden sólo en retroactivo: el error de pensar que sólo tienen esos derechos los muertos y las víctimas ha llevado a las víctimas vivas de las injusticias, muchas veces, a volverse contra aquel trascendente principio universal.
Venga esto a colación de que en la Argentina actual sigue vigente la necesidad de revertir, en presente, condiciones que atentan contra derechos básicos como, por ejemplo, el de la vida.
Ocurre todos los días, pero hay casos más emblemáticos que otros y que sirven de disparadores como, por ejemplo, el reciente asesinado –a manos de la policía rionegrina- de un joven en Bariloche y, tras protestar por ese fusilamiento, de dos personas más en las mismas manos.
Pasó en una provincia “radical k” y el Gobierno necesita de sus votos en ambas Cámaras. Tal vez por ello, cuando los reclamantes y los padres de las víctimas reclamaron que la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner se manifestara al respecto e interviniera en el terrible caso, no encontraron eco suficiente.
Este hecho no pasó desapercibido, siquiera, para el diario Página/12 que envió a dos de sus mejores periodistas al lugar de los hechos y que, a pesar de la condescendencia general de ese medio con el Gobierno nacional, ha señalado esa ausencia vital para empujar a que se respete, en tiempo presente, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Hay un peligro en esta, digamos, distracción puntual del Gobierno nacional y eso es que se banalicen los derechos humanos y se los continúe adjudicando como banderas a sectores que ya no deberían –a partir de esto- sentirse orgullosos de ser “progres”, para pasar a ser “retro”.
Un dato más sumó este fin de semana al análisis del tema el periodista José Eliaschev, en su columna dominical del diario Perfil. Pone en el tapete este tema que es una orgullosa y legítima bandera del Poder Ejecutivo nacional y, ojalá, de todos los argentinos. Pero señala otra puntualidad que deja al descubierto cierto espíritu selectivo de las autoridades. Da cuenta que el mismo día en que Cristina Fernández llegó a China, acompañada por una espada crucial en el tema Derechos Humanos, como es el canciller Héctor Timerman, fue detenido por el régimen que gobierna el gigante asiático el escritor disidente Yu Jie, un promotor de los derechos civiles, como lo son aquí miles de seguidores de las iniciativas gubernamentales y de aquellas que, sin ser ideas propias, el kirchnerismo apoya e impulsa.
La Presidenta, en China, en el lugar ideal para definir de qué se trata este gobierno argentino caracterizado por la defensa de los derechos humanos, no dijo ni una palabra y se limitó a comparar al peronismo con el maoísmo, a desear públicamente “la estabilidad” que tiene el régimen autocrático chino para poder imponer reformas y poco más que eso.
Si este silencio y los exagerados elogios se formularon con el objetivo final del lucro, se invalidaría mucho de lo dicho en discursos y confirmaría el vacío de gran parte de las sentencias del oficialismo.
Es posible que los que ven todo bien y que, en todo su derecho, creen que recordarán a este momento del país como uno de los mejores en sus vidas, vean en esta crítica señales de “gorilismo” y varios etcéteras más.
Pero de vez en cuando es bueno detenerse y reguntarse si lo que queremos para nuestro pueblo lo que queremos para hoy, para el pasado o para siempre y si lo que nos importa que le pase a la raza humana está circunscripto a la Capital Federal, o también deseamos que se respeten los Derechos Humanos en Bariloche, Mendoza y, por qué no, hasta en la China.

