A dos años del voto "no positivo": las encrucijadas de Julio Cobos
De ignoto vicepresidente al perfil más buscado en Facebook. De constructor de una concertación a ser considerado el traidor más caro de la historia de la política moderna en Argentina. De referente central de la oposición a maratonista al que puede escapársele la tortuga. Tales son los caminos que ha recorrido Julio Cobos desde aquella madrugada del 17 de julio de 2008, cuando se animó a provocar una cisura interna en el Gobierno nacional al deslizar una de las citas más parafraseadas de los últimos tiempos: "Mi voto no es positivo".
Dos años después, los ecos de aquel voto que selló la primera gran derrota para el kirchnerismo, apenas resuenan ya con suficiente con claridad. Los tiempos políticos -más tiranos y crueles que los tiempos televisivos- han ido socavando aquel gesto que catapultó al ingeniero con rostro de hombre común.
Y el interín de estos dos años, está marcado por idas y vueltas, por acusaciones, por escasas definiciones, por lo ambiguo y hasta por encrucijadas. De ser ninguneado por Cristina a ser el blanco de los dardos del kirchnerismo más puritano. De ser desterrado del radicalismo a volverse candidato a presidente por el partido de Leando N. Alem. De ser aplaudido en cada pueblo de la pampa húmeda al regreso en auto tras aquel debate por las retenciones, a ser una de las promesas electorales que más imagen ha perdido en los últimos tiempos.
Así ha sido el derrotero del vicepresidente. Y la pregunta obligada, en vísperas de una nueva efemérides, es: ¿Qué ha cambiado para Julio Cobos en estos dos años?
Su vuelta al radicalismo
En el cobismo ya le han puesto fecha. A fines de julio, la estructura electoral que armó bajo el rótulo de "ConFe" se disolverá para sumarse a las huestes de la UCR. Sin embargo, este camino de regreso no fue lineal, por el contrario, las huellas denuncian ires u venires, regresos frustrados, desencuentros varios.
"La 125 hizo que a Cobos lo descubriera el país. Y que los propios radicales reconocieran cómo se jugó", indicó Juan Carlos Jaliff, titular del ConFe.
Precisamente, si algo logró Cobos con aquel voto fue un lento regreso a casa. Al irse con Néstor Kirchner a la Concertación, recibió la amonestación más cara: la desafiliación partidaria. Tras el debate de las retenciones, el fervor popular le devolvió un cierto cariño por parte de los radicales.
Pero el hecho de resistir en su cargo de vicepresidente hizo que este regreso resultara fallido en varias oportunidades. La primera, fue en abril de 2009, cuando en la convención radical ocurrida en Mar Del Plata iba a ser una de las figuras. Un viaje de Cristina lo devolvió a la realidad y desde la cúpula radical se apresuraron a aclarar -y de allí en más, la excusa fue perfecta-: Cobos no asistió para no comprometer las instituciones. "El todavía es vicepresidente, participar lo habría puesto en una situación comprometida", aseguran, cada tanto.
La muerte del ex presidente, Raúl Alfonsín, volvió a hermanarlo en el sentimiento, caravana fúnebre mediante. "Cobos es radical, siempre lo ha sido", señalaron, también en más de una ocasión.
Finalmente, hace días, Cobos volvió a pisar el comité nacional del radicalismo, en la ciudad de Buenos Aires. Su presencia es un preludio a la disolución del cobismo en cuanto partido político puramente formal. Un final esperado por varios de sus allegados, entre ellos, el intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, para quien el ConFe ya no tiene sentido de ser.
La falta de estructura política
La primera mitad del 2010 no ha sido políticamente fructífera para el cobismo. Dos derrotas en la interna del radicalismo han puesto al ingeniero un paso atrás del alfonsinismo en el camino a la candidatura máxima. Más temprano que tarde, desde el cobismo se apuraron por aclarar que han sido derrotas relativas y que incluso la victoria de Martín Farizano en Neuquén fue capitalizada directamente por el kirchnerismo: el intendente de la capital neuquina es un radical K, lo que atragantó el grito de victoria del alfonsinismo.
Con todo, sus allegados critican a Cobos el no haber armado y consolidado una estructura política que permita sostenerlo en momentos en que su imagen ya no tiene el halo inicial. "Cobos depende de su imagen", cuestionan.
Así, mientras el kirchnerismo busca explotar las derrotas del cobismo, para Juan Carlos Jaliff no caben dudas sobre cuál es el camino que tiene que atravesar de aquí en más el vice: "Tiene que competir en la interna del radicalismo para ganarle a Alfonsín. Y luego con Néstor Kirchner, en la presidencial".
Esa es la única manera que ven para que Cobos puede afirmarse políticamente sin depender de las encuestas ni de los desplantes del oficialismo, que buen rédito le han dado.
Su caída en las encuestas
La estrategia es plantarse como un "hombre común". Pero un hombre común no define titulares para la primera plana. Con todo, ese ha sido la principal herramienta para sobrevivir entre tiburones: marcar distancia con la política del Gobierno nacional en varios temas clave, desde aquel "No positivo" a su destemplado "ni" en cuanto al casamiento entre personas del mismo sexo.
Sin embargo, los especialistas señalan que el principal capital político de Cobos ha sufrido los vaivenes propios de la política argentina. Consultados por La Nación, varios encuestadores nacionales destacan que la imagen del vice o se ha estancado o, bien, ha caído hasta en 20 puntos ante la opinión pública.
"La imagen se estancó y cayó porque en Cobos recae el peor atributo que puede manifestarse en un político: la ambigüedad", indicaron, entre otras definiciones, los analistas políticos citados por el centeneario matutino porteño. Para Graciela Romer, de hecho, desde el "no positivo", Cobos no ha logrado mostrar actitudes diferentes a las tomadas por el Gobierno nacional.
Artemio López, de la consultora Equis y cercano al oficialismo, fue uno de los más duros: "Es un especulador", sentenció. Otros, como Mariel Fornoni, subrayan los claroscuros en conflictos políticos donde ha vuelto a acercarse al Gobierno nacional, como la destitución de Martín Redrado al frente del Banco Central de la República Argentina: "Esa actitud decepcionó a parte de sus seguidores", reflejó La Nación.
Mientras, en el kirchnerismo parecen haber cambiado la estrategia. Por lo menos, parecen haberse percatado que tanto los insultos directos, los pedidos de renuncia y los desplantes -el hecho de que ya no pueda utilizar el avión presidencial, lo sucedido con los Granaderos en Corrientes, entre otros- no han hecho otra cosa que favorecer el perfil del ex gobernador mendocino y darle más seguidores en las redes sociales.
Por el contrario, parecen haberle encontrado la vuelta con aciertos propios, como la sanción de la ley de matrimonio igualitario, corriendo hacia la derecha al ingeniero, delante de la opinión pública. Un reconocimiento de la estrategia ya tardío, no obstante.
Con todo, Mendoza sigue siendo su bastión. Y desde el cobismo minimizan las encuestas que señalan su capa caída: "Sigue siendo el político con mejor imagen del país y sigue siendo el único que le puede ganar a Néstor Kirchner", definió Jaliff.

