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¿La nueva apuesta K?: inmovilizar a la Corte, su "error" republicano

Foto: mdz
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El kirchnerismo –esa masa apartidaria que se ancla en el PJ, pero que abreva en diferentes fuentes ideológicas, más a la izquierda o más a la derecha, según la ocasión- esta vez se ha propuesto corregir lo que todos los demás vieron como una dosis de republicanismo, pero ellos traducen como un “error político”: la independencia y calidad de la Corte Suprema de Justicia.

El resultado electoral del año pasado fue, para muchos miembros de la Justicia en todo el territorio nacional, algo así como una señal de “aura”; el momento de empezar a ver lo que antes era de imprecisa percepción: los actos cuestionables del Gobierno.

Pero fue la sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales la que animó a más a aquellos magistrados que recordaron que su origen no fue un repollo: los jueces nacen a propuesta de partidos políticos y son aprobados o rechazados por ellos mismos. El afán mediático por demostrar que son el “cuarto poder” los movió hacia la ocupación de otros poderes, intentado legislar, pero también, incentivando a que “se haga justicia” a su medida.

El nuevo clima imperante en el país fue uno de tensión entre Gobierno, medios, legisladores y Justicia, lo más parecido a una democracia hasta el momento, ya que hasta entonces, el Ejecutivo había logrado imponer, con fuerza –aunque hay que admitir que muchas veces con razón y apoyo popular- su voz como única, frente a una oposición desorientada.

En este marco, aquel acto por todos destacados –y por el Gobierno sus partidarios “vendido” como mérito- de contar con una Corte de Justicia incuestionable, aparece como amenazante en un contexto con demasiados adversarios y trapitos sucios al sol.

La Justicia comenzó a trabar su Ley de Medios, le dijo que no a los condicionamientos que el Gobierno le puso a la empresa Telecom y antes, metió preso a un sindicalista al investigar la “mafia de los medicamentos”. La Corte se abroqueló para recordar que es independiente, con Carlos Fayt y Ricardo Lorenzetti como voceros de una opinión que es unánime, aun de los que aparecieron como más afines ideológicamente, como son Carmen María Argibay y Eugenio Raúl Zaffaroni.

Pero la respuesta no se hizo esperar. Como una fuerza bicéfala, Gobierno y kirchnerismo salieron a la vez a hablar, primero, de la eventual candidatura del presidente del Cuerpo, Ricardo Lorenzetti, a la vicepresidencia, compartiendo una fórmula opositora con Julio Cobos. Y luego, a través de una de las cotidianas “animaladas” del Jefe de Gabinete, de la existencia de un “partido judicial”, colocando a un poder de la República en abierta confrontación partidaria. En otras palabras, colocaron al proto partido kirchnerista como un virtual Poder del estado, a la par de la Justicia.

Lo que viene es la descomposición de la Corte. Si no renuncia alguno de sus miembros por hartazgo –hasta el propio Zaffaroni piensa en volver a la cátedra universitaria- será utilizando alguna otra fórmula. Por ejemplo, volviendo a lo que el menemismo dispuso por ley en 1990, al elevar a 9 el número de miembros.