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Con Reutemann, chau Cobos

Pocos se dan por notificados, pero Carlos Reutemann ha vuelto a irrumpir en la política argentina. Nadie sabe si será candidato o no. Pero su personalidad lo habilita a representar tanto al oficialismo como a la oposición, lo que descoloca a todo el espectro político.
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La muerte de Néstor Kirchner produjo un efecto centrífugo en la política argentina. El remolino simbólico generado por la desaparición de la figura más importante de la política del país en los últimos 10 años expulsó del centro de la escena primero, a quienes sostenían su existencia por oposición a su omnipresencia. Así, la primera impresión fue que era el oficialismo el que saldría fortalecido, tal como lo indicaron las encuestas realizadas en medio del luto. Pero ahora, los movimientos bruscos están reacomodando las cargas y amenazan con dejar un tendal inesperado y, simultáneamente, con reflotar nombres, personajes y posiciones que permanecían abajo, bien abajo.

La semana que terminó Carlos Reutemann reapareció en la escena política y lo hizo a su manera: desapareciendo del espacio en al que adscribía, el Peronismo Federal. Su partida fue acompañada por una hilera de dirigentes entre los que se cuentan Felipe Solá, Francisco de Narváez y Mario Das Neves, dejando a la disidencia peronista en manos de un dúo que remite a la Argentina de hace 20 años: Carlos Menem y Eduardo Duhalde, acompañados por los hermanos Rodríguez Saá.

El santafesino no habló. Y si bien esto último no es noticia, ya que se impone por sus silencios y no por su verba, sí lo es el hecho político generado, capaz de cambiar el mapa político nacional.

Si Reutemann se activa, se habilita un abanico de posibilidades.

En primer lugar, brota una modalidad radicalmente opuesta de hacer política: el “sentido común” frente a lo que ya se ha estandarizado como “la crispación”.

El “sentido común” es una posición que surge de sacarle promedio a la opinión publicada. Nada de debates. nada de provocaciones. Es un sentido ordinario, que desprecia la complejidad de las cosas y que apuesta a líneas simples de análisis y de enfocar la realidad. Es antipolítica en estado puro: se opone a las discusiones y apuesta por un falso “consenso”, aquel que surge de no debatir nada.

Pero lo curioso del efecto Reutemann es que nadie sabe por dónde se filtrará en la agenda electoral. Su personalidad permite que sea candidato a Presidente tanto opositor como oficialista. Esto último lo quería Kirchner en algún momento, antes de que el santafecino lo rechazara (vaya a saber por qué) con aquel furioso y ya célebre: “Metanse la candidatura en el culo”.

También puede ser el vice de Cristina, garantizando la reiteración de una fórmula que movilice a la geometría política transversal 678 y, a la vez, muestre un equilibrio, cosa que conmueve y da garantías a las clases medias y más acomodadas.

Esto último sería una remake del Cristina y Cobos que la mandataria deberá explicarle a su gente, pero que –en el país que tenemos, con la dirigencia que hay y las circunstancias que vivimos, es un escenario absolutamente posible.

(A esta altura, se notará que la amplitud del “sentido común” reutemannistas lo habilita a cualquier cosa: él no le da explicaciones a nadie y, así y todo, su irritante silencio es traducido al antojo de quienes quieren ver en él a una figura aplomada y capaz).

Reutemann está en carrera y su sola presencia hace que quienes se alinean en su mismo espíritu, como lo son Cobos o Scioli, desaparezcan.

Potencia a sus opuestos, como el caso del kirchnerismo. Pero en caso de que los astros se conjuguen favoreciendo una alianza entre estos últimos dos sectores, no habrá alternativas para una oposición que cada día se siente más desconcertada.