Pasión, muerte y vida: más sudacas que nunca
Así nos movemos, entre muertes y vidas que nos conmueven profundamente. Con tanta rapidez y persistencia, que nos impide racionalizar cada novedad. Por lo tanto, la realidad es abordada a borbotones, casi sin reglas: en crudo.
La muerte de Kirchner sucede días después del fallido intento por matar a Correa en Ecuador y mientras los oídos de la oposición paraguaya intentan escuchar lo que no están diciendo (por suerte, por ciencia) los partes médicos sobre la salud del presidente Lugo.
Ese mismo mandatario es un ex obispo, nada menos, peor además, potencial padre de cuantos hijos están sin ser reconocidos en los alrededores de asunción.
Chávez, desde su omnipresencia mediática, apela al corazón y azuza con el fantasma de mil pestes, diez mil guerras, en su escalada por cambiar la realidad ya no sólo de su país, sino de América.
Y Fidel, tantas veces ha muerto que su muerte pasó a la categoría de mito, dando la idea de que vivirá eternamente. Mujica, en Uruguay, aun enfermo desde hace años, lleva su ancianidad latiendo a fuerza de pasión. Una sensación que es sostenida y acompañada por sus compatriotas que lo pusieron al frente del país.
Todo esto, mientras la tensión y la atención por los mineros sacude los más hondo de nuestro ser, en Brasil el principal debate que define quién gana las elecciones es por el sí o no al aborto y en Bolivia se avanza con linchamientos comunitarios allí en donde la Justicia no llega.
Así vivimos y así nos movemos. Difícil será cambiar el curso de lo que los genes nos dictan: así somos, apasionados y condicionados por vidas y muertes que golpean. Con ese ritmo latino se mueve la gente en este subcontinente. ¿Por qué no habrían de seguirlo también las eclécticas decisiones de sus gobernantes?
Todo esto, mientras la tensión y la atención por los mineros sacude los más hondo de nuestro ser, en Brasil el principal debate que define quién gana las elecciones es por el sí o no al aborto y en Bolivia se avanza con linchamientos comunitarios allí en donde la Justicia no llega.
Así vivimos y así nos movemos. Difícil será cambiar el curso de lo que los genes nos dictan: así somos, apasionados y condicionados por vidas y muertes que golpean. Con ese ritmo latino se mueve la gente en este subcontinente. ¿Por qué no habrían de seguirlo también las eclécticas decisiones de sus gobernantes?


