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El hombre que duplicaba todas las apuestas

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- ¡Eh, qué hacés mendocino! ¿Vino el Julio? ¿Y Cornejito?

Hablaba de Cobos y Cornejo, por entonces, sus aliados y -por lo que reflejaban en esa, digamos, "intimidad"-. Con esas palabras me recibió Néstor Kirchner en el salón Blanco de la Casa Rosada el día en que se lanzó el Plan Nacional de Desarme. No nos conocíamos, salvo por un par de reuniones a las que convocó por la creación de la Comisión Nacional de Desarme, una iniciativa pro la que muchos integrantes de organizaciones sociales bregábamos desde hacía años.

Kirchner, en ese momento, abrazó a todos, sumó, convocó a todos sus ministros y duplicó una apuesta que veníamos haciendo desde hace tiempo. Con un estilo de autoridad, metió en la misma fila de sillas a las Madres y Abuelas (de un lado del pasillo central) y a los comandantes de las Fuerzas Armadas y jefes policiales dle país (del oro lado, obviamente).

Allí les dijo: "Señores: no quiero que se les escape un arma más de sus arsenales y que ayuden a las organizaciones de la sociedad que vienen trabajando porque la gente no se muera como producto del uso de las armas de fuego".

Este testimonio es una postal del momento, por lo que obstan los análisis políticos. Kirchner era así: tomaba un tema, se lo apropiaba y -si estaba de acuerdo- lo levantaba como bandera.

Los chistes en las reuniones estaban a la orden del día en cada una de las reuniones, ya sea que se tratase de amigos o de desconocidos, por lo que el culto de la simpatía en los encuentros privados contrastaba con su perfil público absolutamente aguerrido.

El autor: Gabriel Conte es subdirector de MDZ. En Twitter: @ConteGabriel