Denuncian que funcionó un centro de desaparecidos donde ahora hay una escuela
En Mendoza, las historias de la Dictadura no dejan de contarse por estos días, aunque ya hayan pasado muchos años y nuevas pruebas siguen sumándose. Ahora, un organismo de Derechos Humanos denunció desapariciones forzadas de personas durante la Dictadura en un centro clandestino ubicado en la zona de Papagayos, en Las Heras. En ese mismo lugar, actualmente funciona una colonia educativa de la DGE.
La denuncia fue presentada por el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, que es uno de los querellantes principales en la Justicia Federal por los crímenes de lesa humanidad cometidos por la Dictadura en nuestra provincia. Y el escrito, junto a los testimoniales, fueron recibidos por la misma persona que, en enero de 1976, estuvo preso en ese infierno ubicado en el pedemonte: el diputado Ricardo Puga.
No era desconocido para los organismos de DDHH que en ese lugar -una vieja escuela construida en adobe- funcionara un centro de detención de personas en los "años de plomo". Pero hasta el momento no había pruebas de que allí también los militares desaparecieron personas.
Estos datos fueron aportados por un testigo en el segundo semestre de 2008, que reconoció por fotos a las personas que se desempeñaban como responsables de este CCD. A esto se suman algunas declaraciones anteriores que resultan escalofriantes, como el que relata una persona de apellido Bort -su nombre se reservó por pedido del mismo testigo- que vio un procedimiento irregular del Ejército, mientras cazaba en la zona junto a unos amigos:
"Asombrados vieron que hacían bajar a personas y los alineaban a un costado de otra altura y con horror fueron testigos de su ejecución. Con una carga explosiva, volcaron sobre los cadáveres parte del cerro", según declara esta persona en 1984, de acuerdo al expediente abierto en la Conadep.
El responsable de este centro sería Alberto Roque Rondini, policía del D-2, según declaró el testigo Sergio Miranda, que estuvo detenido en ese lugar junto a Puga, actualmente diputado provincial.
Quieren que Ciurca también aporte pruebas
El MEDH ahora pide que, en base a nuevos testimonios que dan cuenta de que en ese lugar estuvieron detenidos que luego fueron desaparecidos por el régimen militar, se realice una inspección por parte de los legisladores, para dejar constancia del estado en que se encuentra.
Asimismo, solicitaron a los legisladores que citen a testigos que estuvieron detenidos en ese infierno -y que sobrevivieron- para que ratifiquen o rectifiquen sus dichos o amplíen sus testimonios.
Y, en ese tren de investigación, se requiere al Ministerio de Seguridad información para que aclare si en la Colonia Papagallos se utilizaba como centro de detención de personas por causas de subversión y qué personal estuvo destinado ahí y hasta qué fecha.
Papagayos no sólo fue un sitio lúgubre durante la Dictadura. En las instancias previas al golpe militar de 1976, varios cuerpos de militantes políticos aparecían sin vida en esa zona y con muestras de una brutal saña sobre ellos. Las sospechas de la autoría giraban en torno a los operativos de la Triple A en Mendoza.
Del infierno al respeto por la naturaleza
Lo llamativo es que este centro clandestino pudo haber sido borrado del mapa en alguna que otra oportunidad. Incluso, esa viejo edificio que servía de cárcel para detenidos por razones políticas, pudo haber sido demolida por el mismo Estado provincial al regreso de la democracia, pero cuando el Director General de Escuelas -de apellido Estrella- se enteró de lo acontecido, decidió suspender la demolición.
Actualmente la Dirección General de Escuelas tiene ahí una moderna escuela -la 5-009 "Papagayos"- en funcionamiento, con un playón deportivo polifuncional y una pileta de natación. Se encuentra a 15 km de la ciudad, y a 3 km al oeste del autódromo General San Martín.
En su página web, la DGE la presenta también como una colonia de vacaciones, que en otra época era la casa de fin de semana del gobernador Francisco Alvarez a principios del siglo pasado. Sin embargo, nada se recuerda en el mencionado sitio web de que en ese infierno del pedemonte lasherino los detenidos recibían numerosos sesiones de torturas de distinto tipo.
El mismo Puga, años después de que fuera puesto en libertad, volvió al lugar de su cautiverio. Allí todavía se encontraban las marcas que él mismo había efectuado raspando la pared con las esposas. Años después, su nombre todavía estaba intacto.

