Alfonsín: el político que escribió sus ideas
No existe en la Argentina la costumbre de que los políticos actuales dejen plasmadas sus ideas en libros. Dos posibilidades bastante diferentes alimentan este dato: no tienen ideas (podría calcular el más cruel analista) o bien, no quieren que el futuro recurra al archivo, una vez que cambien de ideas.
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Dejó impresas en letras de molde sus ideas y las fue alimentando con el paso de los años, antes y después de haber ejercido la presidencia de la República.
Una breve consulta a la Biblioteca Nacional de Maestros permite conocer que su nombre es mencionado en, al menos, 62 libros. Se trata de volúmenes sobre Historia, Política y hasta Sociología, para cuyos autores el paso de Alfonsín por la política no fue sin ruido.
Algunos de los libros que lo tienen por autor son: “Ahora mi propuesta política” (1983) y “La cuestión Argentina” (Torres Agüero Editor, 1984). Luego, “¿Qué es el radicalismo?”, editado por Sudamericana en 1983 y 1985, “Fundamentos de la república democrática” (Eudeba); “Democracia y consenso” (FCE).
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Tras la crisis que puso en riesgo no solo a su gobierno sino a la democracia, Alfonsín preparó textos en los que pretendía –se entiende- ofrecer “letra” a la militancia y respuestas a la sociedad en torno a hechos, actitudes y momentos que lo tenían como protagonista central. Allí fueron editados los libros “¿Por qué, doctor Alfonsín?” (1987). “El caso argentino. Conversaciones con Raúl Alfonsín” (1988) y, tras su salida del poder, “Alfonsín responde” (1992).
Una respuesta más elaborada debió atender luego de apoyar la reforma constitucional que le dio la reelección a Menem, tras el “Pacto de Olivos”. Lo hizo, también, desde un libro: “La reforma constitucional de 1994”. Editado ese mismo año, ponderó los aspectos positivos, en general, de la nueva Carta Magna argentina.
“Memoria política, transición a la democracia” fue editado por el Fondo de Cultura Económica con prólogo de un viejo socialista (ya fallecido) que lo acompañó mientras pudo: Juan Carlos Portantiero.
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Allí están las páginas escritas, como testimonio de una época. Hubo marchas y contramarchas. Pero el responsable de una porción importante de la historia argentina no dejó al arbitrio de intérpretes sus cambios de posición: escribió, discutió, intentó explicar y justificar. Hoy, todo ese material representa uno de los últimos intentos por sostener ideas políticas en un mundo que parece aborrecerlas, pero que las necesita.





