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Alfonsín: el político que escribió sus ideas

Salvo para las campañas electorales y, en general, como parte del cotillón de campaña, los políticos argentinos no están acostumbrados a dejar impresos en libros su pensamiento. Alfonsín lo hizo. Dejó una serie de volúmenes en los que demuestra una coherencia ideológica a través de los años.
Foto: MDZ
Foto: MDZ

No existe en la Argentina la costumbre de que los políticos actuales dejen plasmadas sus ideas en libros. Dos posibilidades bastante diferentes alimentan este dato: no tienen ideas (podría calcular el más cruel analista) o bien, no quieren que el futuro recurra al archivo, una vez que cambien de ideas.

Sin embargo, aquel joven abogado de Chascomús que defendió a personas perseguidas por la dictadura y que generó una refundación ideológica de la vieja Unión Cívica Radical en 1972 (UCR), sí lo hizo.

Dejó impresas en letras de molde sus ideas y las fue alimentando con el paso de los años, antes y después de haber ejercido la presidencia de la República.

Una breve consulta a la Biblioteca Nacional de Maestros permite conocer que su nombre es mencionado en, al menos, 62 libros. Se trata de volúmenes sobre Historia, Política y hasta Sociología, para cuyos autores el paso de Alfonsín por la política no fue sin ruido.

Algunos de los libros que lo tienen por autor son: “Ahora mi propuesta política” (1983) y “La cuestión Argentina” (Torres Agüero Editor, 1984). Luego, “¿Qué es el radicalismo?”, editado por Sudamericana en 1983 y 1985, “Fundamentos de la república democrática” (Eudeba); “Democracia y consenso” (FCE).

También “El poder de la democracia”, editado por la Fundación Plural con dibujos de Hermenegildo Sábat, en 1987.

Tras la crisis que puso en riesgo no solo a su gobierno sino a la democracia, Alfonsín preparó textos en los que pretendía –se entiende- ofrecer “letra” a la militancia y respuestas a la sociedad en torno a hechos, actitudes y momentos que lo tenían como protagonista central. Allí fueron editados los libros “¿Por qué, doctor Alfonsín?” (1987). “El caso argentino. Conversaciones con Raúl Alfonsín” (1988) y, tras su salida del poder, “Alfonsín responde” (1992).

Una respuesta más elaborada debió atender luego de apoyar la reforma constitucional que le dio la reelección a Menem, tras el “Pacto de Olivos”. Lo hizo, también, desde un libro: “La reforma constitucional de 1994”. Editado ese mismo año, ponderó los aspectos positivos, en general, de la nueva Carta Magna argentina.

“Memoria política, transición a la democracia” fue editado por el Fondo de Cultura Económica con prólogo de un viejo socialista (ya fallecido) que lo acompañó mientras pudo: Juan Carlos Portantiero.

El distinguido prologuista calificó a los últimos escritos de Alfonsín como “un capítulo de la historia”. “Bienvenida –escribió Portantiero- sea la presencia de la primera persona en los relatos de historia política. Y de ningún modo porque el hecho de partir de la subjetividad del protagonista nos garantice la posesión de la verdad sobre los sucesos que narra, sino porque ese sesgo personal de los recuerdos puede permitir a quien busque reconstruir un momento histórico conocer también la forma en que un actor principal vivió los hechos, saber qué fuerzas o qué razones (o ambas) estuvieron detrás de sus decisiones. Conocer, en fin, las tramas más finas de un proceso incorporando el habla de quien, de otra forma, sólo es hablado por la Historia”.

Allí están las páginas escritas, como testimonio de una época. Hubo marchas y contramarchas. Pero el responsable de una porción importante de la historia argentina no dejó al arbitrio de intérpretes sus cambios de posición: escribió, discutió, intentó explicar y justificar. Hoy, todo ese material representa uno de los últimos intentos por sostener ideas políticas en un mundo que parece aborrecerlas, pero que las necesita.