Kirchner te compra el alma, los curas hacen política y los radicales buscan su Paraíso
Reelecciones y reforma política. Las reelecciones no son intrínsicamente buenas o malas. Por ejemplo, hace exactamente tres años –tan sólo tres años, aunque parece una década- el gobernador de Misiones, Carlos Rovira, por un error de cálculo (¿soberbia?) generó un efecto dominó que terminó por impedir su propia reelección, la del bonaerense Felipe Solá (que se eyectó fuera del kirchnerismo) y, posiblemente, la del propio Néstor Kirchner quien, hábil, encontró la forma de permanecer en el poder llevando como candidata a su esposa.
La Iglesia, voz opositora. Aquello, ocurrió cuando el obispo misionero Joaquín Piña (foto) encabezó una cruzada antireelección, que ganó. La Iglesia, en aquel momento, fue la voz más fuerte del arco opositor, aunque quien ganó las elecciones, luego –y sin Rovira como candidato- fue un radical que es amigo de los Kirchner: Maurice Clos.
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Todo esto viene a colación por varias cosas, a saber:
- al mismo tiempo que Misiones le decía “no” a las reelecciones, el brasileño Lula era reelecto, con el favor del 60 por ciento de los electores.
- Justo ahora es el Gobierno el que levanta la bandera de la reforma política, arrebatándole, una vez más, las iniciativas de republicanismo y “más democracia” que hacen sostenible a los partidos de la oposición.
- Y, además, porque Misiones vuelve a ser noticia a raíz del espionaje ilegal biestatal que la policía de esa provincia protagoniza junto con el espía Ciro James, ahora famoso por haber estado empleado en el ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.
Misiónes, imposible. Yendo por partes, digamos que el condimento que faltaba lo agregó este lunes el ex gobernador y ex presidente de la Nación por unas horas, Ramón Puerta (foto). Denunció que lo espían y que suben a Internet sus conversaciones telefónicas y acusó a la cúpula policial del actual gobierno de su provincia (“amigo de Cristina”, según le dijo a Mauro Viale) de ser partícipe de tareas de espionaje ilegal. Una forma más de crispar al país, en medio de las culpas que recaen ahora sobre los movimientos piqueteros y que dibujan un panorama políticamente violento.
Reformo un poquito; reformo mucho; reformo nada. Elisa Carrió primero dijo que “no” a la propuesta gubernamental de reforma política. Pero –aconsejada por sus acólitos, según lo admiten en estricto off the record- ahora dijo que “ni”. Es que la oposición quedó nuevamente en off side: Kirchner no para, y maneja la agenda con temas propios y ajenos, obligando a los referentes opositores a hacer cola en los estudios de los canales opositores para poder decir “no”, “no sé”, “no nos consultaron”, “lo evaluaremos”, “lo cambiaremos” o, sencillamente, “nos oponemos”. Todo esto, ante la falta de discusión y definición de una agenda propia capaz de revertir el liderazgo del kirchnerismo.
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De la reelección a la transfiguración.
Como están las cosas, aquel golpe a las reelecciones que le dio el cura Piña al kirchnerismo en Misiones demuestra, tres años después, que sólo le permitió al espacio oficialista regenerarse y volver con otra cara, otro nombre, otro partido y hasta otras ideas para gobernar ese mismo estado. Y algo más: queda demostrado que sigue siendo la Iglesia (aunque “otra” Iglesia, la de Bergoglio y Cassaretto y no la del rebelde Piña) quien marca una agenda diferente a la del Gobierno. De tal manera que, como diría un prejuicioso, “todo queda entre peronistas y peronismos”, si tenemos en cuenta que el misionero Clos es un radical cristinista, que Bergoglio es un viejo militante de la Guardia de Hierro justicialista y que la voz aparentemente “razonable” que se escucha es la de Eduardo Duhalde, capaz de pronunciar sin repetir y sin soplar más de diez buenas palabras republicanas: democracia, participación, institucionalidad…Caminos que van y vienen. Mientras tanto, no hay nada claro en el Radicalismo, el otro “gran partido” que elige tanto Kirchner como Duhalde a la hora de proclamar la necesidad actual de una vuelta al bipartidismo. Sin definir cuál de todos los peronismos es el Justicialismo, del otro lado se niega cualquier posibilidad de pacto con Kirchner para avanzar en una polarización UCR-PJ, pero, además, no se sabe explicar con claridad –siquiera- qué camino es el que transita la principal fuerza de la oposición. Ya hay quienes dicen que, o la estrategia radical es impecable y sumamente inteligente o bien, que es un verdadero desastre, tal como se trasluce.
Vuelvo. Pero no. Así, mientras todos los días se hace alguna mención al retorno de Julio Cobos a la UCR y hasta se conoce su intervención en las decisiones de este partido, el vicepresidente sigue caminando un camino diferente. No hay secretos en Buenos Aires: Cobos
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La confederación cobista. Lo que Cobos quiso (¿Quién dijo que renunció a esta idea?) es que “su” ConFe, la UCR, los socialistas, los peronistas disidentes y, si se insiste con ello, hasta la Coalición Cívica, sumando a todas las pequeñas fuerzas que deseen integrarse, conformen una especie de confederación de partidos. Sueña –amante de las cábalas como es- con que lleve el mismo nombre que usó en las últimas elecciones en Mendoza: Frente Cívico Federal. De esta forma, aspira a que se conforme un frente parlamentario lo más pronto posible y, a la hora de decidir candidaturas, que confronte en un comicio abierto entre todas las fuerzas. Si Carrió, Solá o Morales quieren medirse con él, que lo hagan dentro de ese espacio. Y que nadie, después, saque los pies del plato, una vez que las urnas den su veredicto.
Pero esto último será imposible si persiste la escasez de proyecto alternativo real y no solamente una actitud revisionista de todo lo hecho por el kirchnerismo, de parte de estos sectores. Menos todavía si por estarse peleando, se les cede a los guardianes celestiales el rol de planificación terrenal.





