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La frustrante "batalla" contra los ñoquis

En el Senado y en la Cámara de Diputados, sus autoridades salieron esta semana a anunciar medidas para controlar y optimizar la actividad de los empleados legislativos. Pero las acciones parecieron estar más ligadas a la interna entre Racconto y Tanús, que a un interés legítimo en el tema. Las razones para creer que otra vez ganarán los que cobran sin trabajar.
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Están allí desde hace años. O quizás se renuevan cada tanto y cambian las caras. Como sea, nadie duda que existen. Y pronostican que seguirán estando por mucho tiempo.

Los “ñoquis” de la Legislatura provincial son a esta altura casi una plaga con subsistencia asegurada. Un grupo que se mantiene vivito y coleando gracias a un sistema que le da a los senadores y diputados la soberanía para contratar su personal “político” y “controlarlo”. Y que los libera de toda responsabilidad de rendir cuentas por ello.

Son muchos los anuncios de políticos que prometieron alguna vez extinguir los ñoquis y racionalizar la planta de empleados de la Casa de las Leyes. Por poner un punto de arranque, diremos que las autoridades legislativas de la época de Roberto Iglesias gobernador diagnosticaban que a la Legislatura le sobraban unos 300 empleados y hablaban de una racionalización. De los 90 a la fecha, todos prometieron esa limpieza, pero nadie la encaró en serio.

De todos modos, el tema de los ñoquis es cíclico. Y las promesas de eliminarlos, también. Por eso, cada tanto, vuelve al centro de la escena. Y eso podría pasar ahora, si la tragedia de la inseguridad le deja un lugar en los diarios a otro tema de la agenda pública. Veamos por qué.

El "empleado del mes" del Senado: ¿semilla de otra cruzada antiñoqui?

El enigmático vicegobernador de la provincia, Cristian Racconto, arrancó la semana con un anuncio trascendente y disparatado: la selección del empleado del mes en el Senado.

El curioso concurso propone que los empleados elijan entre sí a los más destacados, de acuerdo con una serie de aptitudes diseñadas por el departamento de Recursos Humanos de la Cámara Alta. Hasta promete una exhibición, como si la Legislatura fuera Mc Donald, de las fotos de los ganadores en pleno edificio legislativo.

Las reacciones a este plan no fueron buenas inicialmente. “Te imaginás que pongan nuestras fotos en salón de los pasos perdidos, ¡olvidate!”, dijo un empleado consultado hoy. Y la opinión la comparten varios.

Un “quemo” lo de la foto. Y la idea del empleado del mes, otra medida que sólo servirá para que los empleados legislativos sigan, por sus defectos, en boca de todos. Así catalogaron el plan Racconto de “fortalecimiento institucional” los agentes de la Cámara Alta.

Tan enojados están en la Legislatura con la iniciativa, que muchos piensan ponerles las quejas a los jefes de los bloques para que hagan un intento de frenar esta idea del vice la semana que viene.

El problema, agregan, será encontrar el momento de interceptar a Racconto, quien tiene la rara costumbre de no acudir a las reuniones de Labor Parlamentaria del Senado (deposita normalmente esa responsabilidad en la presidenta provisional, Miriam Gallardo) y, en su lugar, invita a los legisladores a cenas caras en restoranes de lujo cuando quiere tratar algún tema importante.

Más inconvenientes para los reacios al concurso tomado de la cadena de hamburguesas genera el hecho de que Recursos Humanos de la Cámara Alta está metiendo fuerte presión para que los empleados cumplan con la elección del “empleado del mes”. Racconto, al parecer, está embalado con su propuesta.

La respuesta de Tanús: la "guerra contra los ñoquis" está a punto de volver

Por si algo faltaba, el empleado del mes revivió la interna justicialista, que estaba en una tregua en la Legislatura. Jorge Tanús, presidente de la Cámara de Diputados, no tardó en salir al cruce de su rival político que maneja el Senado e informó que no pondrá en práctica esa elección en su ámbito.

Pero aunque disfrutó de las brulas y bromas sobre el empleado del mes, tampoco podía hacerse el desentendido con el tema de la productividad de los empleados legislativos, por lo cual desempolvó un plan propio: pagarles un poco más de dinero a los empleados que más se esfuercen, a partir de 2009. Es decir, valga la redundancia, premiar la productividad de sus agentes.

Así, sin querer, en medio de algunos pasos de comedia y de enfrentamientos políticos que reviven, reapareció el rol del empleado legislativo en la agenda política del cuerpo. Y el asunto amenaza con instalarse por la polémica del empleado del mes, con lo cual, quizás, no estamos muy lejos de que alguno de los dos conductores de la Legislatura vuelva a ocurrírsele reanunciar la persecución y la eliminación de los que no trabajan, pero cobran, en ese poder del Estado. Aunque sea, por competir entre sí de cara a la sociedad mendocina.

No es que alberguemos esperanzas de que cumplan con promesas que, por otra parte, por lo menos Tanús ya hizo y hasta aquí no habría cumplido. Pero, por las dudas, es bueno dar un poco de información sobre el espacio que ocupan los ñoquis en el organismo.

La Legislatura tiene menos de 800 empleados en total. Pero no todos tienen las mismas obligaciones o presiones en su lugar de trabajo. La mayoría cumple funciones para las autoridades de las cámaras. Ellos tienen la obligación de cumplir horario y hasta deben marcar entrada y salida, poniendo los dedos en un aparato electrónico.

Pero hay una supuesta “minoría” denominada “personal de los bloques”, donde se abroquelan los secretarios y asesores de cada legislador, y los empleados de cada partido con representación parlamentaria. Ellos no deben marcar entrada ni salida, y no son controlados por los jefes de las cámaras, ya que sus jefes son los propios legisladores.

Así descripta, no parece una tarea muy difícil encontrar a los que supuestamente no trabajan por su salario, quienes seguramente sólo son una parte del “personal de los bloques” legislativos. ¿Pero por qué nos late que esto, otra vez, no sucederá?

Catarata de anuncios contra los ñoquis

La persecución del imbatible ñoqui legislativo tiene una historia tan larga como decepcionante, lo que sólo anticipa más frustraciones para la sociedad.

Empecemos por el final: el justicialista Tanús prometió a fines de 2007, a través de las páginas del diario UNO, que se pondría con el tema. Se propuso, tal como declaró a este matutino, “entrevistar personalmente a los empleados. Si existe personal que no tenga tareas asignadas específicas, las va a tener, hay que dárselas, o hay que reubicarlos en otro ámbito del Estado”. Al día de la fecha, nadie tiene noticias de que esta serie ininterrumpida de entrevistas se haya producido.

Pero las “amenazas” a los ñoquis no respetan colores políticos. Así fue que su antecesor en el puesto, el cobista Omar Marín, dio al diario Los Andes a mediados de 2006 una curiosa declaración. “Por supuesto que acá hay gente que cobra y no trabaja”, admitió sorpresivamente y con honestidad brutal. Después anunció que trataría de ubicar a la gente que “sobra” en oficinas estatales donde el personal “falta”, como los registros civiles y los centros de salud.

Nada de esto pasó. Como tampoco rindieron efecto las amenazas de otros presidentes de Diputados, como Eduardo Cicchitti antes de 2003; y Raúl Vicchi en 2004, quien tuvo el mayor logro en el tema: consiguió que unos 60 empleados “de los que sobran” aceptaran pasar a organismos del Estado donde hacen falta.

¿Todos son ñoquis?

Suena paradójico, por cuestiones de imagen, que los que permiten la subsistencia subterránea del ñoqui sean los propios legisladores (o una parte de ellos, para no ser injustos). ¿O no lo es?

Veamos. En estos dramáticos días, diputados y senadores muestran preocupación por ponerse a tono con la crisis de la inseguridad. Acuden a numerosas reuniones para discutir proyectos. Sancionan leyes. Se convierten en “centinelas de la seguridad”, por mandato del vicegobernador Racconto. Tratan de tomar distancia del descrédito popular.

Pero en el imaginario colectivo, a pesar del esfuerzo de varios, a los legisladores les cuesta quitarse el prejuicio de que los ñoquis en realidad son ellos, no sus empleados. Esta noción está basada en que trabajan “una sola vez a la semana” (los días de sesiones).

La gente común desconoce la existencia de las comisiones y otras obligaciones para los legisladores que estiran su rutina semanal, lo que no está bien. Por eso, hay diputados y senadores que deben estarse preguntando ahora: ¿Para qué desñoquizar la Legislatura, si la gente, aunque yo haga algún esfuerzo, igual me cree un ñoqui a mí?

Así es como llegamos a la posible hipótesis de que los legisladores, desanimados, alimentan la existencia por siempre del ñoqui. O se despreocupan de su inagotable y cómoda continuidad laboral.

Sea acertada o no la teoría, que siguen habiendo ñoquis en la Legislatura mendocina, es una realidad. Se lo aseguro.