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Perlitas de la visita de la presidenta Cristina Fernández a Mendoza

Los interminables cambios en la agenda del evento. Los dirigentes que se dejaron ver y los que se ocultaron de los medios. Los bloopers del Viti Fayad. Y varias cosas más...
Foto: Gómez-González
Foto: Gómez-González

-Cambios y más cambios. Los eventos que animó la Presidenta de la Nación en Mendoza tuvieron muchos cambios. Se decía que se iba a reunir en Casa de Gobierno con los gobernadores del COIRCO, después se indicaba que iba a hacerlo en el Bustelo y finalmente se hizo en el Palacio gubernamental. La llegada de Cristina al edificio del Barrio Cívico estuvo marcada por esa histeria: subió por un ascensor al cuarto piso para bajar por el otro a la planta baja un minuto después. Esta modificación se hizo para no hacer esperar más a la gente que quería escuchar su discurso en la explanada. 

- Ambiente relajado. En el Bustelo no se vivió una de esas típicas fiestas peronistas. La marcha sólo fue entonada apenas una vez, cuando la gente se cansó de esperar el inicio del acto. El color y el bombo estuvieron en la explanada de la Casa de Gobierno, donde estaban reunidos alredor de 1500 personas. Pocas, si se tiene en cuenta el peso del aparato político del peronismo para estas situaciones. Por otra parte, aunque le pongan ganas, hay ministros que no se llevan bien con la canción que popularizara Hugo del Carril.

- Colados. El Auditorio Angel Bustelo estaba repleto y diversificado entre funcionarios de alto y de bajo rango, y militantes que ocupaban la mitad del recinto. Sólo se podía entrar con invitación y acreditación. Una delegación de 50 personas que llegó tarde porque venía desde Malargüe eran guiados por una puntera como si se tratara de una maestra de jardín de infantes, mientras les indicaba que no perdieran los pases. Cuando el celo de la organización parecía restringirse no sólo a los periodistas, algunos políticos pugnaron con la seguridad ya que pretendían ingresar con acompañantes que no estaban en la lista. La pronta mediación de algunos legisladores provinciales hizo posible el ingreso, tras algunas discusiones.
 
- Corralito periodístico. El hermetismo de algunos funcionarios para realizar comentarios se complementó con el cerco que la organización mantuvo a los periodistas en todo momento. Mientras en la IV Brigada Aérea se impidió el acceso a los periodistas, a diferencia de otras oportunidades, tanto en la Casa de Gobierno como en el auditorio, los medios de prensa tuvieron los movimientos medidos. Los fotógrafos sólo pudieron acercarse al escenario -separado por una barda- en dos oportunidades y luego de insistentes pedidos a la Coordinación General de Comunicación. Desde el Gobierno, varias veces se excusaron y dijeron que las trabas las imponían desde la Presidencia.

- Y un día, volvió. No sabemos si de Rusia, pero lo cierto es que el diputado nacional Dante González se lo vio en las segundas filas. No obstante, salió del lugar antes de que comenzaran los discursos, mientras el público observaba un video sobre el gasoducto. MDZ trató de consultarle y el diputado –mencionado por la Revista Noticias durante el debate de las retenciones, tras haber sido visto en los pasillos del Congreso operando votos para el oficialismo con el funcionario de Casa Rosada, Rafael Follonier-, se detuvo un instante. Pero cuando fue interpelado para que aclarara la situación, el sindicalista sonrió, preguntó de qué medio se trataba y buscó raudamente la salida.

- Formalidades. Estuvo desde las 15 en el ingreso a la IV Brigada Aérea, con un grupo de 50 militantes del MUP. Allí esperó la llegada de la Presidenta, porque quería entregarle una bandera firmada. A las 19, volvió a vérselo en el Bustelo y, como la ocasión era más formal, decidió ponerse un saco. Se ubicó en un extremo del sector VIP, casi debajo de la sala de control del auditorio. Unos metros más adelante, el diputado provincial Ricardo Puga, sentado junto con el diputado nacional Jorge “Pampa” Alvaro. Se trataba de Mariano Maure, dirigente de “Todos”, que ya no tiene representante en la Legislatura. Tras el escrache al domicilio de Cobos, Maure fue echado por Puga como asesor legislativo de su bancada. Luego, Maure expulsó a Puga de “Todos”.

-Fayad I. El intendente de Capital fue uno de los invitados inesperados al acto del Bustelo. Pero cometió varios furcios. El primero fue llamar a Cristina "presidente". Enseguida enmendó su error, mencionándola como "presidenta". Después volvió a quedar en evidencia. Cristina se paró para saludarlo, mientras que el Viti seguía en su asiento, sin saber que la presidenta iba a su encuentro. Apurado tuvo que pararse, cuando Cristina le tendía los brazos desde atrás.

-Fayad II. A la salida del auditorio Bustelo, MDZ fue testigo de una charla-discusión entre el intendente capitalino y el ex legislador nacional Freddy Fernández. El justicialista lo saludó bien, pero enseguida lo increpó por su decisión de multar a los que hagan marchas en la calle y afecten la normal circulación en las calles. "¡No seas facho, no castigues a las expresiones populares!", disparó Freddy. "Yo defiendo a la democracia y por sobre todas las cosas me interesa Mendoza", le respondió el Viti. Se despidieron con un abrazo y un beso tensos.

- En política, suele decirse que los espacios están para ser ocupados. Y, en este tipo de acontecimientos, las ubicaciones son algo más que simples y cómodas sillas. La primera fila estaba conformada por funcionarios y legisladores nacionales muy cercanos al kirchnerismo. Entre ellos, se destacaba la diputada nacional Patricia Fadel, casi enfrente de Cristina. Muy cerca, Rubén Miranda y Adolfo Bermejo, intendentes de Las Heras y Maipú. Hacia el extremo, dos que siempre se sientan juntos: Rodolfo Gabrielli y Carlos de la Rosa. En la segunda línea, el gabinete de Celso Jaque a pleno. Aunque llegó en el Tango O1 desde Buenos Aires, Marita Perceval estaba en la segunda línea.   También, las espadas del oficialismo en la Legislatura, Jorge Tanús y Carlos Bianchinelli.

-De Casas, fiel a su estilo. En la primera fila, y relojeado por Fadel, una figura se destacaba por su actitud taciturna, casi apagada. El único referente del cobismo que el ministro Julio De Vido dejó en su puesto, escuchaba con atención, pero sin ánimo de aplaudir los discursos.

- ¿Nuevo ministro? Carlos Ciurca entró de buen ánimo al Bustelo. Incluso, cuando se acercó a saludar a algunos periodistas, expresó que era "el ministro de Desarrollo Social". Luego se percató de la presencia de MDZ y, con el mismo ánimo, pidió no figurar en las perlitas.