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La crisis solapea al poder

El ministro Ciurca fue insultado y casi golpeado en una asamblea popular en la Cuarta Sección. Difícilmente esa foto sea tapada por el multitudinario lanzamiento del Pacto Social por la Seguridad. La necesidad para Jaque de liderar el acuerdo y concentrarse en la gestión. Los riesgos institucionales de que esto no ocurra.
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Por más esfuerzos que haga el Gobierno para cargar de pompa al lanzamiento del Pacto Social en seguridad, la foto de la semana será la que publicó diario Los Andes en su edición del miércoles. En dicha foto, el ministro Carlos Ciurca era tomado de las solapas por la viuda de Roque Jiménez, el vendedor de Maxi cruelmente asesinado el sábado pasado.

La postal sobra para pintar el estado de las cosas en Mendoza. Desolado y aparentemente (vaya ironía) desprotegido, Ciurca recibe recriminaciones en la cara por su gestión al frente de la cartera de Seguridad. Detrás, una multitud avala el gesto de la mujer. Las crónicas hablan de un alto funcionario demacrado, que recibe maltratos e insultos sin parar. Y que casi se cae de espaldas tras recibir un empujón.

Esto no pasaría de ser la anécdota sobre un grupo de gente legítimamente rabiosa por la inseguridad, si no fuera por el aval que en la calle tiene, para muchos mendocinos, el mal momento que le hicieron pasar a Ciurca los vecinos de la Cuarta Sección.

No sería seguro para el actual gobernador Celso Jaque enfrentarse a semejante bronca popular, porque quizás le iría peor que a Ciurca. Como no fue sabia la decisión de Julio Cobos años atrás, cuando siendo el gobernador, salió a atender a una manifestación por otro crimen de vecinos de la Quinta Sección, y terminó desmayado.

La seguridad es el terror de los políticos desde hace mucho tiempo, y esta pesadilla va in crescendo.

Pero lo verdaderamente preocupante es que la inseguridad ha empezado a ser un factor de peligro para la propia tranquilidad institucional de la provincia.

¿Qué es si no, una multitud de personas que dice estar dispuesta a agarrar a trompadas al gobernador de la provincia porque falló en su promesa de bajar el delito un 30%?

Esta situación es claramente leída en la Casa de Gobierno, que para empezar diseñó un marco multitudinario (se habla de cerca de 300 invitaciones) para el acto de lanzamiento de su un tanto misterioso Pacto Social por la Seguridad.

Pero sospechamos que esta foto positiva, en contraste con la foto “negativa” del miércoles, no va a alcanzar. La realidad, marcada por la sensación de desprotección generalizada, tendrá que empezar a mostrar con rapidez un cambio, después de los flashes y los anuncios en la Casa de Gobierno.

Aquellos objetivos de campaña

Trataremos de obviar, por haberse hablado demasiado de ella, de la promesa incumplida de la reducción del delito, para preguntarnos por qué Jaque no cumplió con otras promesas de campaña.

A mediados de setiembre del año pasado, en una entrevista de MDZ , Jaque decía no tenerle miedo a la palabra crisis. Prometía gabinetes y grandes acuerdos sociales para enfrentar la inseguridad. Y tenía un latiguillo: “Si gano, voy a venir con la política de las luces altas, no la del espejo retrovisor”.

Ya nos preguntamos esta semana en este diario qué pasó con aquellos anuncios electorales. Porque el diagnóstico del Jaque candidato parecía certero respecto de la situación de crisis, pero no hubo después soluciones. Una de las respuestas podría ser que el gobernador creyó que la sola mención de la palabra “emergencia” en un par de leyes ómnibus (la de seguridad y la de salud) iba a alcanzar para cuadrar a la clase política en la búsqueda de la salida.

El resultado fue paupérrimo (la de Emergencia en Seguridad ha servido de poco y la de Salud ni siquiera superó la etapa del debate legislativo), por lo cual ahora el gobernador ha optado por volver a arremeter con un acuerdo amplio para la lucha del delito, esta vez tripulado directamente desde su despacho.

A decir verdad, suena más a último recurso político (luego de que Ciurca haya quedado al borde de la ejecución pública en la Cuarta) que a plan bien pensado para derrotar a los delincuentes. Pero despejando estos malos augurios, hay que decir que el gobernador pone desde este viernes a prueba su muñeca para ejercer el liderazgo de un desafío mayúsculo, en el que debería tener chances de salir bien parado.

Sin liderazgo pleno por parte de Jaque, la meta difícilmente sea alcanzada. La gente descree de este tipo de acuerdos por la seguridad para la foto (en la era Cobos hubo varios). Muchos no están dispuestos a aceptar que el gobernador "socialice" un problema de su gestión. Y los políticos no jaquistas, que son mayoría, serán los primeros en dar la espalda si el llamado oficial para recuperar la seguridad no tiene un piloto sabio.

Muchos años de crisis

El resguardo que tiene el gobernador en estos momentos clave no son precisamente sus virtudes en el manejo del Ejecutivo. Más bien, el desatino y la desorientación en seguridad de quienes lo precedieron.

No se puede obviar aquí que Cobos, cuando era gobernador, rotó varias veces el cargo de ministro en Seguridad. Hay que recordar que el ahora vicepresidente dijo una vez que el abogado Osvaldo Tello estaba preparado para enfrentar la inseguridad sólo porque “tiene experiencia en el manejo de grupos, por haber dirigido equipos de rugby”. Tampoco puede quedar hundido en el olvido que, en el peor momento, Cobos buscó poner al frente de la Policía nada menos que al director de la OSEP, Marcelino Iglesias.

Jaque no hizo mucho por quebrar la tendencia de errores. El demócrata Juan Carlos Aguinaga, como ministro, fue un experimento fallido. Carlos Rico, el subsecretario de Seguridad de Aguinaga, un error imperdonable. Con él, el Gobierno perdió muchísimo tiempo dando respuestas a problemas ideológicos, cuando debía dar soluciones prácticas a problemas urgentes, a situaciones de vida o muerte.

Ciurca, el actual ministro del área, es por lo pronto poco más que un laborioso funcionario, que hace de la rendición de cuentas, la presencia en la calle y el reconocimiento de errores propios y de toda la clase política por el volumen de delitos, su estilo de gestión.

Preguntémonos otra vez: ¿Alcanza? No, claro que no.

Más allá del acompañamiento de figuras políticas y sociales al lanzamiento del Pacto Social, el problema de la inseguridad parece ser estrictamente de gestión dentro del Gobierno. Enumeremos: las estrategias para la prevención de delitos de la policía, la recuperación de aquella organización civil contra la delincuencia (sólo existió en la primerísimo etapa de la reforma policial), la formación de los uniformados, el funcionamiento del sistema de comunicación policial, la habilidad y capacidad de las áreas de Inteligencia de la fuerza, la demolición de cuanta interna quede en el seno del Ministerio de Seguridad, el funcionamiento pleno de los institutos que evitan que los adolescentes derrapen en la delincuencia, son sólo algunos de los temas que suenan como predominantes en el desafío que enfrenta el Gobierno desde ahora.

Evitar que las estériles discusiones ideológicas absorban el tiempo de búsqueda de soluciones concretas, también lo es.

De no dominar el Gobierno estos problemas, la cosa seguirá más o menos igual. Con gente llorando sin consuelo muertes estúpidas, por una billetera. Con ministros solapeados e insultados en la calle por personas comunes. O quizás con escenas peores.