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Cristina y una defensa ortodoxa de la gestión kirchnerista
Las palabras de la Presidenta sonaron más a explicar una gestión de cinco años que a tratar de esclarecer lo que mucha gente esperaba.
La presidenta Cristina Kirchner ratificó hoy todo lo actuado desde el desembarco de su esposo Néstor en la Casa Rosada, en lo que fue una ortodoxa defensa de sus políticas, pero sin ahondar en autocríticas.
La fuerte caída que sufrió el oficialismo en el Parlamento –que obligó al Gobierno a incorporar a las conferencias de prensa como una nueva manera de comunicar-, no alcanzó para que la Presidenta admitiera errores o, por lo menos, dejara la sensación de que con la crisis del campo se debió dar un "paso hacia atrás".
"Volvería a hacer todas y cada una de las cosas que hice", definió Cristina, al sintetizar las casi dos horas de extensas respuestas en la Quinta de Olivos.
Y, efectivamente, en los temas de mayor temperatura, la jefa de Estado ratificó lo ya sabido. La resolución 125 fue, una vez más, defendida como la herramienta fundamental para encauzar la redistribución de la riqueza.
Apoyó al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, a capa y espada y, con severidad, la primera mandataria dijo que el polémico funcionario ha sido hábil en su gestión, aunque ignoró la acusación de que "es el jefe" de una patota en el INDEC.
El vapuleado organismo fue otra de las insistencias, pero la Presidenta prefirió comparar la relación precios-costo de vida con la de otros países, sin definir si los índices oficiales deben sincerarse.
Con muchas menos palabras fue duramente cruda con Cobos. No se explayó sobre la actuación del vicepresidente y su histórico voto en el Senado, pero de esa posición resultó otra definición concreta: el "radical K" está completamente aislado por el gobierno y, por ahora, no hay miras de una recomposición.
También avaló los "súperpoderes" presupuestarios, y apoyó el proyecto del denominado Tren Bala, otros de los temas más cuestionados de su mandato.
Al explicar que se viaja mal porque el pasaje de tren es muy barato, señaló que no hay posibilidades de aumentarlo, y evitó entrar en detalles sobre eventuales mejoras.
Uno de los puntos clave, el campo, quedó flotando en el vacío porque no formuló los planes del Gobierno respecto al sector y menos habló de convocatorias al diálogo.
En una hora cuarenta y cinco minutos la presidente apenas respondió 25 preguntas -con extensas explicaciones pero con muy pocos datos concretos-, dejando atrás un extenso cuestionario de los periodistas que no entraron en el tiempo de la conferencia.
Queda la impresión de que tras la crisis del campo el Gobierno busca volver a ocupar el centro del ring, pero parado en sobre las mismas propuestas. Tal vez puertas adentro se especule con otras alternativas para recomponer los daños políticos, ya que, por ahora, el arte de la comunicación sigue en pañales.
El vapuleado organismo fue otra de las insistencias, pero la Presidenta prefirió comparar la relación precios-costo de vida con la de otros países, sin definir si los índices oficiales deben sincerarse.
Con muchas menos palabras fue duramente cruda con Cobos. No se explayó sobre la actuación del vicepresidente y su histórico voto en el Senado, pero de esa posición resultó otra definición concreta: el "radical K" está completamente aislado por el gobierno y, por ahora, no hay miras de una recomposición.
También avaló los "súperpoderes" presupuestarios, y apoyó el proyecto del denominado Tren Bala, otros de los temas más cuestionados de su mandato.
Al explicar que se viaja mal porque el pasaje de tren es muy barato, señaló que no hay posibilidades de aumentarlo, y evitó entrar en detalles sobre eventuales mejoras.
Uno de los puntos clave, el campo, quedó flotando en el vacío porque no formuló los planes del Gobierno respecto al sector y menos habló de convocatorias al diálogo.
En una hora cuarenta y cinco minutos la presidente apenas respondió 25 preguntas -con extensas explicaciones pero con muy pocos datos concretos-, dejando atrás un extenso cuestionario de los periodistas que no entraron en el tiempo de la conferencia.
Queda la impresión de que tras la crisis del campo el Gobierno busca volver a ocupar el centro del ring, pero parado en sobre las mismas propuestas. Tal vez puertas adentro se especule con otras alternativas para recomponer los daños políticos, ya que, por ahora, el arte de la comunicación sigue en pañales.