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El Régimen

El gobernador informó a sus diputados anoche sobre la cruzada oficial contra los medios, con especial hincapié en los "pasquines" digitales. Por debajo, los problemas de comunicación interna, los rencores y las críticas legislativas hacia la gestión se mantienen. Felipe Solá, mientras tanto, disfruta su verano político en Mendoza y hasta Víctor Fayad se quiere juntar con él.
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Mendoza está entrando en un sendero peligroso. Una reunión que debía servir para que el gobernador Celso Jaque se amigara con los propios diputados del justicialismo y todos corrigieran errores se convirtió, en cambio, en un rosario de reproches del mandatario a sus legisladores por sus “delaciones” a la prensa, que fue brutalmente colocada en las filas enemigas.

En efecto, el encuentro de anoche en la Casa de Gobierno fue un sermón en tono sólo aparentemente amigable de Jaque para que los diputados propios no abandonen “el círculo de la confianza” del poder con declaraciones incómodas para el oficialismo a los periodistas. Aquellos que adopten las conductas reprochadas, serán de aquí en más traidores de la causa, jugarán a favor de los que quieren desestabilizar al Gobierno.

El discurso despectivo hacia algunos medios (sonó varias veces la palabra pasquín) y la estigmatización de los legisladores "delatores" fueron las constantes de la reunión, más allá de la "autocrítica" que había informado el presidente del bloque, Carlos Bianchinelli, como conclusión más satisfactoria.

Contra esta perspectiva, otros asistentes descubrieron anoche en Jaque, detrás del tono amistoso de sus palabras, un mensaje duro, aleccionador, propio de un líder que marca claramente las pautas y condiciones de un nuevo régimen. De aquí en más, los diputados que pretenden contar la verdad o hablar más allá de lo permitido, pasarán a estar en el bando del enemigo. Cualquier semejanza con los peores defectos del kirchnerismo no es, quizás, pura coincidencia.

Los “pasquines” fueron, en el discurso del mandatario, por ejemplo, algunos medios electrónicos, cuya dinámica y pautas editoriales la administración Jaque no parece entender. Ayer seguía Jaque sin digerir la foto y la nota del secretario Alejandro Cazabán con los intendentes opositores Alfredo Cornejo y Mario Abed que publicó MDZ en el anuncio del arreglo de la ampliación presupuestaria para las comunas.

Esa foto fue el origen del escándalo entre Gobierno y diputados oficialistas, porque llegó sin filtro a la Legislatura, y con mucha rapidez, a las computadoras de varios diputados, antes de que estos se enteraran de esa reunión por vías más formales.

Los efectos fueron cruciales para el estallido de la crisis en la Legislatura, ya que sirvieron como prueba de la notable y real desconexión del Poder Ejecutivo con el oficialismo legislativo: un funcionario y la oposición estaban anunciando un arreglo cuya magnitud los diputados de Jaque desconocían.

Y este es un problema que, para Jaque, hay que solucionar por la vía mediática. O sea, callar a los críticos, no cambiar de sistema de comunicación con la Legislatura. 

Pero quizás aquí convenga pensar prioritariamente en los efectos de esta sentencia de cara al derecho a la opinión pública, porque si el gobernador sigue confirmando su deseo de delinear su gestión entre cuatro paredes y sin ninguna información hacia a la prensa, el que pierde puede ser el ciudadano, que no se va a enterar de casi nada de lo que pasa y lo afecta.

Por nombrar un caso, no puede quedar sujeto a una "política de comunicación" que se informe o no de un viaje del gobernador a Buenos Aires, como ocurrió a principios de la semana pasada. Es derecho de todos los ciudadanos saber de sus actividades públicas dentro y fuera de la provincia, porque Jaque fue elegido por el voto popular. No hay vueltas con eso.

Gusto amargo

Y en términos políticos y de gestión, al parecer, la cumbre del gobernador con sus diputados tampoco sirvió de mucho. Todo indica que Carlos Bianchinelli obtuvo del gobernador una especie de ratificación tácita como jefe del bloque oficialista. No hubo una señal concreta de que sigue siendo el operador de las iniciativas del Gobierno en la Cámara Baja por deseo del mandatario. El legislador de Maipú sólo mantuvo hasta aquí el respaldo de sus pares. Y la de su jefe político Juan Carlos Mazzón, cuya amistad con Jaque torna inexplicable los problemas que está viviendo. 

Hubo anoche, además, solapados comentarios que pueden conducir en el futuro próximo a una interna desgastante entre Bianchinelli y el presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Tanús, quien, a juicio de lo que se ventiló en el cónclave por parte del Ejecutivo, accede a mejor información sobre el rumbo de la gestión que el primero.

Jaque tampoco expuso a su supersecretario Cazabán, eje de la mayoría de las críticas legislativas, a un debate abierto con sus detractores de las bancas. Por el contrario, lo sacó a saludar a los diputados al final, todo un gesto para que los diputados entiendan a quién respalda el gobernador de la provincia en esta pelea.

No se discutieron nuevas metodologías de comunicación, las cuales quedaron pendientes para futuras reuniones.

En resumen, el sabor amargo de los diputados del PJ al salir de la Casa de Gobierno fue tan fuerte como la certera señal de cuáles son las condiciones del régimen oficialista, que está en una guerra, donde sólo existen aliados o detractores, y que flamea posibles castigos para los que tratan de tener un sesgo propio, alejado del que impone Jaque.

Un sistema férreo de control y ejecución que, empero, podría estar sometido al humor social y el rumbo que tome una gestión que no avanza.

O a reacciones populares por temas como la crisis de inseguridad, que no cesa, con el retorno rotundo de los crímenes violentos a la vida cotidiana de los mendocinos: los cinco homicios en sólo 10 días, sin esclarecimientos, ofrecen un dato numérico más que preocupante.

Toda la oposición quiere la foto con Solá

Buena parte de las novedades de la semana política también pasó en estos días por la visita a Mendoza del duhaldista Felipe Solá, aquel repentino aliado de Julio Cobos en la postura contra las retenciones móviles en el Congreso Nacional.

Solá sigue recogiendo los frutos de lo que sembró en esas traumáticas jornadas. Está pegado a la buena imagen de Julio Cobos (la suya rondaría el 60% positivo) y en Mendoza hay pocos opositores que no lo vean como un eventual sargento de la coalición opositora que lideraría Cobos en el futuro.

Esta política de fugaces alianzas de desconocidos destinos muestra ahora a un Alfredo Cornejo que ha sido el primero en dar muestras claras en Mendoza de su salto desde el kirchnerismo al nuevo armado político. El intendente de Godoy Cruz fue uno de los que estuvo ayer en el hotel Aconcagua junto al ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, tomado de la mano del peronismo disidente local (Enrique Thomas, Guillermo Amstutz y otros).

No sería de extrañar que pronto Solá sume también a su causa a parte de ese puñado de legisladores provinciales que se autodenomina como “peronistas en el limbo”. Es decir, los justicialistas que llegaron a sus bancas de la mano de la Concertación y ahora levitan a distancia prudente, tanto de Jaque como de Cobos, en medio de un mar de dudas. Y bajo nombres tan "desconcertantes" como el bloque unipersonal de Roberto Blanco, que paradójicamente se denomina "Concertación Plural".

Por otra parte, difícilmente Solá se junte con Jaque, a quien el bonaerense le pidió un encuentro que el gobernador no estaría dispuesto a conceder.

Pero si algo es destacable en este episodio es que hasta algunos radicales orgánicos y destacados de la provincia han tratado en los últimos días de acercarse a Solá. Hablamos del intendente de Capital Víctor Fayad, quien pidió tener una audiencia con el diputado nacional antes de que Solá vuelva a Buenos Aires el próximo martes.

Solá todavía no le contestó al interminable caudillo capitalino y es de esperar que algunos cobistas lo tiren del saco para que no acepte.

Pero pensemos en Fayad. El intendente de la Ciudad es un radical solitario y que hace gala de su independencia de las estructuras, aunque sigue perteneciendo al radicalismo ortodoxo. Por estas horas, además de lidiar con muchos problemas de gestión, demuestra que está buscando su destino político. Pero su andar es errante, ya que va de coquetear con Elisa Carrió a buscar la palabra de un duhaldista que no reniega de sus orígenes, a pesar de que disfruta las mieles de ser, hoy, un fenómeno político "nuevo".

Será como dice por estos días un reconocido cobista, con conocimiento de causa: “Al fin y al cabo, todos quieren tener un peronista de su lado”.