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Conmovido, Cobos debió esperar en su despacho a que abrieran las puertas del Congreso

Su círculo íntimo lo acompañó en el área de la Presidencia del Senado. No podían salir por cuestiones de seguridad. Nadie quiso hacer declaraciones. Pero en sus breves testimonios se intuía la emoción y la incertidumbre.
Foto: NA
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Julio Cobos permaneció bastanta tiempo en su despacho del Senado de la Nación, luego de haber protagonizado el hecho político más trascendente de su vida.

El vicepresidente estuvo  rodeado de su círculo más íntimo. Su esposa Cristina y por lo menos uno de sus hijos estuvieron con él.

Fuera del despacho, en las oficinas de la zona de la presidencia del Senado, se encontraban prácticamente todos los colaboradores del vicepresidente, muchos de ellos mendocinos. Hablar con ellos reflejó el estado de shock y el momento de emoción que vivieron esta mañana.

Por ejemplo, entre ellos se encontraba la secretaria del vicepresidente en la Casa Rosada, la incondicional Patricia Gutiérrez. La Negra, fue una de las personas que tratamos de consultar. Pero la funcionaria no tardó en quebrarse al teléfono y dijo que no haría declaraciones. Nadie en su entorno ha querido hacerlas.

Los infidentes decían que Cobos todavía mostraba en su rostro la pesadumbre del momento que acababa de vivir. Aunque todo estaba programado de antemano (forzar un nuevo cuarto intermedio para seguir buscando el consenso, aún a contramano de la lógica y los reglamentos), a Cobos se lo notó en carne viva. Y quedó muy conmovido.

Cobos y los suyos tardaron en irse del Congreso porque el protocolo de seguridad se los impedía. Además, afuera hubo incidentes y eso demoró más la salida. En un sentido muy amplio, ningún cobista sabía que les espera en este nuevo día.

Entre los retazos de información que podemos aportar a esta hora están los momentos previos a su alocución final. Esa extenso llamado al diálogo, en tono de súplica, vino después de un momento de descanso en su despacho, a puertas abiertas, en medio de los afectos, pero también rodeado de los empleados de la Cámara Alta.

Nadie quiso decir si hubo llamados telefónicos de último momento o contactos de esa índole, aunque estas maniobras resultan más bien improbables. Fue para Cobos un prólogo sereno, para un final que luego fue de máxima tensión.

Mientras el senador radical Ernesto Sanz lo llamaba a los gritos desde el recinto, Cobos entró al baño de su despacho y se lavó la cara y las manos. Luego de refrescarse, trató de relajarse, y salió  tranquilo, en silencio, al encuentro de los senadores y del desenlace de la historia.