Presenta:

El llamado al diálogo: crónica de un día vertiginoso que tuvo final feliz para Cobos

“La vicepresidencia es como la salud: se la valora cuando se la pierde”, afirmó anoche Julio Cobos, en la sala de conferencias de prensa del Senado Nacional. Esta frase popular adaptada a la política fue la mejor que el mendocino encontró para ilustrar, ante los periodistas porteños, los sentimientos que experimentó desde el domingo hasta hoy.

En sólo tres días, Cobos sintió hastío, angustia y finalmente algo muy parecido a la felicidad, si eso existe en política. El domingo lanzó una solitaria propuesta del diálogo con el campo, una idea que se parecía mucho a un salto al vacío sin red. Un “sacarse un peso de encima” para evitar que la ola de descrédito del kirchnerismo, que rechazaba profundamente esta instancia, lo tapara.

Tal como estaban las cosas, el ex gobernador mendocino no sabía cómo iban a caer sus palabras en el imperio K, no tenía noción de lo que iba a pasar después. Y aunque ayer les aseguró a los medios capitalinos que nunca pensó en renunciar al cargo que ostenta, pocas opciones diferentes a esa le quedaban si no era escuchado y acompañado por los popes de la Casa Rosada.

Cobos tenía una sola bala y es posible que los Kirchner hayan temido que la usara. Valoraron al vice a tiempo, antes de que se convirtiera en un nuevo Carlos Chacho Alvarez, el número dos nacional que, al irse en 2001, hundió al país en la peor crisis de los últimos tiempos.

1- Hastío

MDZ no obtuvo en Buenos Aires una sola prueba de que Cobos haya tenido la venia del kirchnerismo para convocar el domingo al diálogo y abrir de par en par las puertas del Congreso para solucionar la crisis del campo, gesto que el matrimonio Kirchner finalmente decidió dar ayer.

Para colmo de males, la propuesta del vicepresidente fue receptada el lunes y ampliada en su edición impresa por el principal enemigo mediático de Kirchner: el grupo Clarín.

En el entorno de Cobos se dijo que este tema lo venía hablando con la presidenta Cristina y quizás con el jefe de gabinete, Alberto Fernández, desde hace bastante tiempo.

Sin embargo, en el exacto momento de salir a hacer la propuesta, estaba solo y no consultó con nadie. Y por eso sintió -según el relato de sus íntimos- una liberación profunda cuando se animó a dar su fórmula personal para salir de la crisis.

2-Angustia

Para Cobos, el camino al triunfo no iba a ser del todo fácil. Este martes, primer día hábil en Buenos Aires después de los potentes cacerolazos que recorrieron casi todo el país el lunes, la oposición lo fue a buscar a su despacho del Senado.

Y lo pusieron contra las cuerdas: tenía que reafirmar con un gesto claro que realmente apostaba por el diálogo, sino sus palabras quedarían en la nada. Lo acorralaron Gerardo Morales, Ernesto Sanz, Adolfo Rodríguez Saá y hasta la propia Hilda Chiche de Duhalde.

Apretado por el bloque opositor, Cobos volvió a jugar bien: en vez de dilatar el tema, salió rápidamente a anunciar la realización de una sesión especial en horas de la tarde, para tratar un proyecto de derogación de las retenciones al campo que impulsaba toda la oposición.

Y de paso garantizó que él se sentaría en su banca para dar el debate, sin certeza alguna de lo que haría el resto del oficialismo. El silencioso kirchnerismo también había tenido la ocasión de rondarlo por esas horas: el jefe del bloque, Miguel Pichetto, lo visitó por lo menos dos veces en su despacho a lo largo de una mañana que fue interminable para el vicepresidente.

3- Liberación

Aquí en la Capital Federal nos dicen que Julio Cobos se va del Senado todos los días cerca de las 14 para correr un rato, antes de pasar por su casa y volver hacia la tarde, tipo 17, a la rutina de audiencias y discusiones en el Congreso.

Pero ayer, naturalmente, fue la excepción: el doble programa de discursos (primero Néstor, más tarde Cristina) lo obligó a atornillarse a la siesta en el sillón de su oficina.

Hasta Cristina Cerrutti, su esposa, apareció silenciosamente en el primer piso del Senado, pasado el mediodía. La mujer de Cobos venía a compartir el almuerzo con su marido, en el trabajo. También, quizás, a calmarle los nervios después de una mañana que fue dura.

El desenlace de la historia fue rápido. Cobos acudió presto a la inauguración de un monumento a los caídos en el bombardeo a Plaza de Mayo de 1955, el evento previo al esperado discurso de Cristina en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Antes, por TV, Néstor Kirchner había dejado un resquicio para las esperanzas del vicepresidente: había mostrado distancia con Luis D´Elía, enemigo frontal de Cobos, además de sostener que con el mendocino “siempre hablan del diálogo”.

Pocos minutos después, la Presidenta hacía un anuncio que lo coloca en el centro de la escena política nacional y lo convalida delante de los  ruralistas y de la sociedad. Cobos lo aplaudió a rabiar.

4-Epílogo

En los minutos previos a la noticia de que las retenciones irán al Congreso para su ratificación o derogación, Cobos tenía muy poca idea de lo que diría Cristina en la Rosada. Apenas sabía que la Presidenta diría "algo”, según le confesó a una colaboradora.

Luego del anuncio, la situación era distinta: el vicepresidente copó el centro de la escena, salió a explicar ampliamente cómo se instrumentará el diálogo a los medios porteños que muchas veces lo han subestimado y tardó segundos en pedirles a los ruralistas que levanten el paro, por teléfono.

Sobre el final de una jornada vertiginosa, Cobos avisó que tratará de meter en el menú de discusiones del Congreso un tema importantísimo para Mendoza y desconocido para la Nación. Se trata de las retenciones petroleras, que perjudican a Mendoza, según dijo a la prensa porteña, con un quite de ganancias del 170%. Mucho más que las que sufren la soja y el trigo en la pampa húmeda.

¿Cobos militará esta iniciativa o se llamará a silencio otra vez, sumiso a las decisiones del Poder K? Pregunta difícil de responder esta noche, ya que con Kirchner y con Cobos, nunca se sabe lo que puede pasar.