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Una necesidad urgente para un cambio imprescindible
"La noción de control de calidad, en el inicio de una nueva gestión en la provincia de Mendoza, aparece como un recurso impostergable, tanto para la Administración Central como para las municipalidades". Este es uno de los desafíos centrales que Celso Jaque debe encarar para dejar procesos y sistemas que permitan la planificación estratégica del Estado provincial.
Por estos días un nuevo gobierno está dando sus primeros pasos. Urge, en el ámbito público establecer procesos y sistemas. El estado, en este caso provincial, debe saber, al momento, cómo funciona su gestión.
Sin un panel de control, no es posible gobernar. Así se lleva adelante un plan que le asegurará al gobierno tener calidad de gestión y de servicios.
Mendoza tiene ventajas y desventajas, pero también algunas oportunidades y amenazas. Su minería está paralizada y el petróleo con plazo fijo de extinción por la no inversión en exploración; su agricultura está en estado débil y dependiendo de la estacionalidad.
Está claro que los mendocinos no gozamos del viento a favor que provocan los commodities como la soja orgánica o la carne vacuna. Encima, no nos favorece la disminución del dólar. Por ello, es importante que nos organicemos para explotar al máximo nuestras potencialidades. Y el único modo de hacerlo en con organización, con desarrollo planificado y controles de gestión estrictos en todos los estratos.
Por eso, hace falta un plan. Es impostergable para que el gobierno tenga calidad de gestión que implemente procesos para que los agentes sepan qué hacer y cómo.
Un sistema posibilita que esto funcione como un sistema en red. Con autoridades sabiendo cómo funciona, con instrumentos de alta tecnología. Cuando todo esto funciona, es decir hay procesos y sistemas, hay más calidad de gestión auditable.
Hay que elaborar un plan y establecer que un sector de la administración diseñe procesos y cree un sistema trianual. Ahí aparece la forma de gestionar bien y los necesarios mecanismos de control para poder apreciar si la gestión tiene calidad.
Eso significa que cuenta con los requisitos necesarios para satisfacer nuestras expectativas, que naturalmente han de tender hacia la excelencia. Esto no sólo se aplica para productos de consumo, sino también para gestiones.
Un gobierno, por ejemplo, debe tener calidad y para tenerla ha de conocer cuáles son las necesidades de la comunidad que representa, a fin de diseñar políticas correctas. Además, es necesario que ese gobierno realice procesos de control de calidad, para corregir los errores que comete.
Estos conceptos, que aparecen como obvios para las organizaciones privadas, son totalmente ignorados en las públicas.
La noción de control de calidad, en el inicio de una nueva gestión en la provincia de Mendoza, aparece como un recurso impostergable, tanto para la Administración Central como para las municipales.
En tiempos en que podemos disfrutar de ciertos avances en tecnologías de la información y la comunicación, vale que nos preguntemos por qué nunca se ha trabajado creando un plan estratégico con todos los sectores sociales, gestionándolo y controlando sus niveles de calidad.
Seguramente, si lo hiciéramos viviríamos en una provincia que se proyecta hacia el futuro, en lugar de vivir en una que, en el mejor de los casos, intenta corregir, una y otra vez, los mismos errores y las mismas ineficiencias del pasado.
Si el gobierno provincial y los municipales convocaran a los sectores y actores sociales de relevancia, podría contar con un plan para llevar adelante. De modo paralelo, si creara una agenda de trabajo, a modo de organismo paralelo y con un alto desarrollo informático, podría evaluar el proceso, pero para hacerlo antes debe tener sistema.
Este es el único camino para conseguir eficacia y eficiencia, porque es imposible evaluar aquello que se desconoce.
También sabemos que estos procesos llevan años de ejecución. Un buen diagnóstico puede durar un año. Implementar los procesos y dar con el sistema pueden llevar otros dos. No obstante, alguna vez hay que empezar porque el servicio que se brindará a la posteridad será inobjetable e invalorable.
Así, no exageramos si decimos que, de entre todas las tareas que debe llevar a cabo la gestión de Celso Jaque y las de los intendentes municipales, las citadas aparecen como impostergables.
De una buena vez, aquellos que tienen responsabilidades públicas deben tomar las riendas de una planificación colectiva y a largo plazo. Esos responsables son nuestro gobernador y los intendentes. Y, junto a ellos, toda la comunidad de Mendoza.
Un sistema posibilita que esto funcione como un sistema en red. Con autoridades sabiendo cómo funciona, con instrumentos de alta tecnología. Cuando todo esto funciona, es decir hay procesos y sistemas, hay más calidad de gestión auditable.
Hay que elaborar un plan y establecer que un sector de la administración diseñe procesos y cree un sistema trianual. Ahí aparece la forma de gestionar bien y los necesarios mecanismos de control para poder apreciar si la gestión tiene calidad.
Eso significa que cuenta con los requisitos necesarios para satisfacer nuestras expectativas, que naturalmente han de tender hacia la excelencia. Esto no sólo se aplica para productos de consumo, sino también para gestiones.
Un gobierno, por ejemplo, debe tener calidad y para tenerla ha de conocer cuáles son las necesidades de la comunidad que representa, a fin de diseñar políticas correctas. Además, es necesario que ese gobierno realice procesos de control de calidad, para corregir los errores que comete.
Estos conceptos, que aparecen como obvios para las organizaciones privadas, son totalmente ignorados en las públicas.
La noción de control de calidad, en el inicio de una nueva gestión en la provincia de Mendoza, aparece como un recurso impostergable, tanto para la Administración Central como para las municipales.
En tiempos en que podemos disfrutar de ciertos avances en tecnologías de la información y la comunicación, vale que nos preguntemos por qué nunca se ha trabajado creando un plan estratégico con todos los sectores sociales, gestionándolo y controlando sus niveles de calidad.
Seguramente, si lo hiciéramos viviríamos en una provincia que se proyecta hacia el futuro, en lugar de vivir en una que, en el mejor de los casos, intenta corregir, una y otra vez, los mismos errores y las mismas ineficiencias del pasado.
Si el gobierno provincial y los municipales convocaran a los sectores y actores sociales de relevancia, podría contar con un plan para llevar adelante. De modo paralelo, si creara una agenda de trabajo, a modo de organismo paralelo y con un alto desarrollo informático, podría evaluar el proceso, pero para hacerlo antes debe tener sistema.
Este es el único camino para conseguir eficacia y eficiencia, porque es imposible evaluar aquello que se desconoce.
También sabemos que estos procesos llevan años de ejecución. Un buen diagnóstico puede durar un año. Implementar los procesos y dar con el sistema pueden llevar otros dos. No obstante, alguna vez hay que empezar porque el servicio que se brindará a la posteridad será inobjetable e invalorable.
Así, no exageramos si decimos que, de entre todas las tareas que debe llevar a cabo la gestión de Celso Jaque y las de los intendentes municipales, las citadas aparecen como impostergables.
De una buena vez, aquellos que tienen responsabilidades públicas deben tomar las riendas de una planificación colectiva y a largo plazo. Esos responsables son nuestro gobernador y los intendentes. Y, junto a ellos, toda la comunidad de Mendoza.