Las hermanas satánicas: las jóvenes que asesinaron a su padre de 100 puñaladas durante un ritual
Las hermanas Gabriela y Silvina Vázquez protagonizaron uno de los parricidios más estremecedores de la historia policial argentina.
Gabriela y Silvina Vázquez, mejor conocidas como las hermanas satánicas.
XEn el mes de marzo del 2000, las hermanas Gabriela y Silvina Vázquez protagonizaron uno de los más estremecedores de la historia policial argentina. Lo que comenzó como un aparente “ritual de purificación” terminó en una escena marcada por el delirio y la sangre. Desde entonces, las asesinas son conocidas como las “hermanas satánicas”.
Video: la escalofriante escena del crimen
La tragedia familiar tuvo su primer quiebre en 1993, cuando Aurora Gamarra, mamá de las jóvenes, murió por complicaciones derivadas de la diabetes. Su ausencia desestructuró por completo el hogar de los Vázquez. Gabriela, la mayor, rompió con su pareja, empezó a consumir drogas y a desaparecer por las noches. Por otro lado, Silvina, más retraída, se sumergió en un mundo de miedos, visiones y rituales.
En 1997, buscando un nuevo comienzo, Juan Carlos Vázquez se mudó con sus hijas a la calle Manuela Pedraza al 5800, en Saavedra. Allí, comenzarían a manifestarse las primeras señales de deterioro psíquico. Las chicas aseguraban escuchar voces, ver figuras, presenciar fenómenos paranormales y sentir una presencia maligna en la casa. Por lo tanto, ese nuevo comienzo se convertiría en la antesala de una pesadilla.
El delirio terminó en un baño de sangre
Durante días, los vecinos escucharon cantos, rezos y gritos desesperados. Las hermanas creían que la casa estaba maldita. Consultaron a sacerdotes, comenzaron a realizar rituales y a dormir todos juntos en la misma habitación.
Finalmente, durante la madrugada del 27 de marzo del año 2000, la Policía, alertada por los vecinos, se hizo presente en el domicilio y se encontraron con una escena espeluznante: el piso cubierto de sangre, biblias, velas, frascos con líquidos no identificados, vómito, materia fecal y todos los espejos rotos.
Silvina estaba desnuda y ensangrentada, con un cuchillo en la mano mientras gritaba: “El diablo estaba dentro de él”. La mayor de las hermanas, también alterada, vestía apenas una remera. Mientras que Juan Carlos, quien agonizaba aferrado a la baranda de la escalera, contaba con más de 100 puñaladas en el cuerpo. A su vez, uno de los detalles más desconcertantes fue que la víctima tenía dibujado en el pecho un símbolo esotérico.
¿Rito o brote psicótico?
En el caso de las hermanas Vázquez no hubo sectas, ni pactos, ni planificación. La Justicia determinó que las jóvenes no actuaron con conciencia plena, sino inmersas en un brote psicótico compartido. Por un lado, Silvina fue diagnosticada con una psicosis esquizofrénica paranoide. Gabriela, en cambio, fue evaluada con un síndrome pseudoesquizoide.
Además, ninguna de las dos fue condenada. La menor fue declarada inimputable, mientras que la mayor fue sobreseída ya que no participó de forma activa en el crimen. Ambas fueron internadas en el Hospital Neuropsiquiátrico Braulio Moyano hasta su alta médica en 2003.
Una historia sin final
Gabriela y Silvina nunca volvieron a verse. La primera intentó rehacer su vida y tuvo una hija. La segunda, más reservada, siguió estudiando en la Facultad de Ciencias Económicas. Hoy, más de dos décadas después, el PH donde ocurrió el crimen sigue en pie.
El caso de las hermanas Vázquez no fue un crimen satánico, sino una tragedia nacida de un brote psicótico compartido que empujó a dos hermanas al límite de la razón. Un crimen sin precedentes, envuelto en locura, sangre y muchas preguntas sin respuestas.