Asentamiento Castro, la zona de Guaymallén en donde roban a caballo, con palos y piedras
Los vecinos aledaños al asentamiento Castro de Guaymallén ya no saben qué hacer para evitar los robos en la zona. Los móviles no alcanzan, las denuncias no prosperan y los hechos delictivos ocurren a toda hora y con diversas modalidades, desde las más rústicas, como los ataques con palos y piedras; hasta las que se condicen más con la actualidad, como las entraderas y los motochorros. MDZ habló con vecinos del lugar para conocer más sobre la situación.
El asentamiento Castro lleva más de 20 años en el lugar y toma su nombre de la avenida Castro, la cual es casi intransitable en los aproximadamente 100 metros a lo largo del emplazamiento. En ese trayecto, el asfalto tiene pozos y roturas que obligan a los vehículos a aminorar la marcha, cuando no a frenar, exponiéndose a los robos piraña. Esas fallas no son casuales.
Se estima que en el lugar viven unas 20 familias y más de 200 personas. Por supuesto que no se puede apuntar a los habitantes en su totalidad, pero los delincuentes no serían pocos y en la mayoría de los casos se trata de menores adolescentes.
María, una vecina del lugar comenta que la inquietud de los vecinos "es que a veces hay un móvil policial, pero cuando ocurren los sucesos no hay nadie, pasás por Castro, Curupaity o Victoria Ocampo y siempre hay dos o tres robos al día, a veces en la mañana y otras veces a la hora de la siesta".
Los ladrones andan a caballo
Una de las particularidades es que en muchos casos los delincuentes andan a caballo. Por lo general, cuenta María, "se te atraviesa un niño de entre 5 y 7 años y después aparece uno más grande, como de 15 o 17, para robarte". Así, como si se tratara de tiempos pasados, la gente se alarma cuando ve venir a algún jinete y desconfía hasta de los más pequeños.
De todos modos, eso no quita que también están los que se movilizan en moto para robar de arrebato e incluso los que portan armas de fuego. Pero son más comunes los elementos rudimentarios para amedrentar y hasta golpear a las víctimas: los palos y las piedras.
Leandro, quien vive a pocas cuadras de este asentamiento de Guaymallén desde hace más de 20 años, dice que "hay una sola salida, que es por calle Victoria Ocampo, para ir a trabajar, a tomar el colectivo o lo que fuere, y por la cual tenemos que atravesar más o menos cien metros de descampado. Ahí es donde ocurren la mayor cantidad de robos por parte de niños o de adolescentes. Vienen caminando, a caballo o en moto y la verdad es que la situación se ha puesto insostenible".
Por ejemplo, un hecho que tuvo cierta repercusión en septiembre de 2023 fue cuando un hombre esquivó un control policial para evitar que le pidieran los documentos de la moto, pero se metió en el asentamiento y fue atacado por un delincuente que lo amenazó con un arma de fuego y le robó su rodado.
Robos a toda hora
A diferencia de otras zonas de Mendoza en las que la oscuridad es lo que más preocupa a los vecinos, en esta parte de Guaymallén los robos se concretan principalmente a plena luz del día. María cuenta que "en una de las cuadras sobre Castro han hecho un hueco en un paredón que se había levantado en una propiedad privada, entonces se meten por ahí y llegan más rápido al asentamiento para esconderse".
También, agrega que "sobre Victoria Ocampo hay un terreno baldío que tiene montículos, entonces también se esconden en esos lugares y cuando tenés que pasar por ahí no sabés si te va a salir alguien".
Por su parte, Leandro manifiesta que "cualquier domingo en la siesta vienen y te roban las cubiertas. A los que están construyendo les sacan los materiales y asaltan a los obreros. Esto ya la venimos sufriendo desde hace bastante, pero en este último tiempo ya es desmedido".
Además, nuevamente María comenta que también han ingresado en su casa: "Nos entraron una vez y quedó en la nada. Se metieron al mediodía y nos robaron notebooks, televisores y varias cosas. Después de ese episodio pusimos cámaras y pusimos un cerco, pero al tiempo se metieron en otra casa y enfrente se llevaron las cubiertas de un vehículo. Ya ni les importa si los filman".

Cuando denunciar se convierte en un problema
La cercanía con el asentamiento Castro hace que el temor se incremente en los vecinos de los barrios cercanos y más aún cuando hay represalias ante las denuncias. "Si los denunciás se te viene toda la familia a tirarte piedras a tu casa, cuenta María. A nosotros después del robo, a los dos o tres días nos vinieron a tirar piedras y nos reventaron todos los vidrios, entonces no sabés cómo actuar".
También, la vecina sostiene que "la gente no quiere comprar viviendas en la zona. A veces se empiezan obras, pero después ven los episodios y la gente se frena. Y aparte de los robos, cada tanto están prendiendo fuego algo, dejan toda la basura sobre la calle Castro, hay droga... esa calle no se puede cruzar. Encima si no tienen armas de fuego andan con palos y cuchillos o agarran las piedras del descampado de Victoria Ocampo".
Leandro agrega que "esto lo sufren todos los barrios de alrededor. Te asaltan en las paradas de colectivo, en los autos, se roban todas las alcantarillas, se trepan y sacan el alumbrado público, son terribles. Nos hemos cansado de hacer denuncias, pero viene la Policía, te toma los datos, se va, y ya está, queda como una estadística más".
"La Policía lamentablemente no puede hacer nada, y desde el municipio tampoco. Nadie hace nada", sentenció. Y esa última es la sensación que sobrevuela en ese sector de Guaymallén, porque hay videos, hay denuncias, se conocen las modalidades e incluso algunos delincuentes ya son identificables por la zona, pero así y todo, prevalece la impotencia de saber que no hay soluciones a la vista.
Video


