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Dictan el procesamiento de los miembros de la secta de Villa Crespo

Lo hizo el juez Ariel Lijo tras la solicitud del fiscal Carlos Stornelli y la fiscal a cargo de la Protex Alejandra Mangano. También dispuso embargos millonarios.
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El juez Ariel Lijo procesó con prision preventiva a la mayoría de los miembros de la secta de Villa Crespo por los delitos de asociación ilícita, trata de personas con fines de explotación sexual agravado, lavado de activos; y contrabando agravado. Algunos fueron procesados sin prisión preventiva y se dictó la falta de mérito al último detenido Jorge Alberto Novas, para quien se ordenó la inmediata libertad.

El magistrado dispuso embargos de entre trescientos mil pesos  y un mil doscientos millones de pesos según el grado de participación. En el caso del líder de la secta Juan Percowicz, seguirá bajo la modalidad de prisión domiciliaria procesado por ser el “jefe de una asociación ilícita destinada a cometer delitos, que concurre en forma ideal con los delitos de: trata de personas con fines de explotación sexual, agravado por el hecho de haber mediado coerción, haber sido más de tres las víctimas y más de tres los victimarios, y por haber sido consumada la explotación -reiterado en 7 oportunidades que concurren realmente entre sí- en calidad de coautor; de lavado de activos por el que deberá responder en calidad de coautor; y contrabando agravado por el cual deberá responder en calidad de coautor; los cuales a su vez concurren de forma real entre sí”.

Según la resolución, las pruebas reunidas demuestran que la organización coercitiva investigada captaba personas a través de técnicas de seducción y engaño, en el marco de un proceso que se extendía por años. En ese contexto “la organización enajenaba a las personas del mundo real mediante la destrucción de sus lazos familiares y afectivos, relegándolas a relaciones interpersonales con miembros de la organización exclusivamente. Para garantizar el éxito de este proceso de despersonalización la organización también albergaba a sus “alumnos” en su sede central ubicada en Av. Estado de Israel 4453/4453, de esta ciudad. Y el corolario de todo ese proceso era la explotación sexual de los cuerpos ya dóciles y con voluntad doblegada a través del ofrecimiento a diversos clientes”.

Se pudo verificar que Juan Percowicz, Susana Mendelievich, Mariano Krawickz, Carlos Barragán, Georgina Ivonne Hirschfeld, Marcela Arguello, Alicia Arata, Silvia Herrero, Daniel Gustavo Fryd Trepat, Marcela Alejandra Sorkin y Luis Mario Romero fueron victimarios con dominio y control absoluto sobre la suerte de las víctimas. Pues, “a través del proceso de despersonalización al cual cada una de las víctimas fue sometida, lograron que la voluntad de sus “alumnos” estuviera totalmente doblegada, de modo que se transformaron en cuerpos dóciles que no cuestionaban su explotación sexual”, sostiene Lijo.

En un fallo de 572 páginas el magistrado tuvo por acreditado que la organización coercitiva liderada por Juan Percowicz contaba con una estructura jurídico-económica que le permitía introducir en el mercado formal las ganancias obtenidas como producto de la explotación de sus “alumnos”, para lo cual se valían de diversos instrumentos que le otorgaban apariencia lícita.

En este sentido “se comprobó que alrededor de la organización delictiva orbitaban una serie de negocios que ocultaban el origen ilícito del dinero proveniente de la explotación de los “alumnos”, de la apropiación de sus bienes y del tráfico de fármacos”, señala el fallo.

Asimismo destaca que allí sus miembros asesoraban a los líderes de la organización en cuestiones legales e impositivas para procurar que las operaciones de la organización no fueran detectadas por los organismos estatales de control y lograr el blanqueo de fondos ilícitos. Pues, en definitiva, “la organización montó el estudio jurídico para lavar el dinero obtenido ilícitamente.

Finalmente, las ganancias obtenidas a partir de la explotación de los “alumnos” eran introducidas al mercado formal a través de inversiones sobre bienes inmuebles en la República Argentina que se instrumentaban mediante la inmobiliaria mencionada”.

Paralelamente sostiene el juez que “la organización contaba con operaciones en los Estados Unidos de América. Allí la organización poseía fundaciones y sociedades que tenían por objeto captar nuevas inversiones e ingresar al mercado formal el dinero producido ilegalmente. Además, eran utilizadas para adquirir bienes inmuebles en ese país, para lo cual se valían del asesoramiento de los miembros de la organización que allí residían”.

Días atrás los fiscales Carlos Stornelli y Alejandra Mangano por la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX) solicitaron que se dicte los procesamientos con prisión preventiva de las 20 personas acusadas de integrar la organización criminal internacional que funcionó bajo la fachada de "Escuela de Yoga Buenos Aires" al menos desde 2004 y hasta el 12 de agosto pasado, cuando fue desbaratada.

Según la investigación, la banda se dedicaba a captar personas mediante engaños, aprovechando su situación de vulnerabilidad, para incorporarlas a la organización con el fin de reducirlas a una situación de servidumbre y/o explotación sexual, construir un culto alrededor de su líder y promover una estructura ilegal de negocios en Argentina y Estados Unidos, que permitiera otorgar apariencia lícita a los fondos obtenidos como producto de sus actividades, con el único fin de enriquecerse y obtener influencias y/o coberturas para sus líderes. El beneficio económico era administrado por la misma organización mediante la compra de bienes inmuebles y automóviles, tanto dentro del país como en Estados Unidos, para lo cual trasladaba dinero en efectivo entre ambos países.

Según la pesquisa, una de las principales fuentes de financiamiento de la organización era la explotación sexual de algunas de sus "alumnas". La práctica sexual era una herramienta para conseguir los objetivos económicos pretendidos por el jefe de la secta y demás líderes, lo cual era transmitido a sus miembros como una forma de “sanación”. En ese contexto, cuanto más dinero y regalos conseguían como producto de esos encuentros y relaciones con personas de poder ajenas a la organización, más información se les suministraba dentro de la “Escuela” para poder "evolucionar" y subir de rango.