¿Sirve para algo escrachar a los maltratadores en las redes?
Los escraches a maltratadores en las redes están a la orden del día. Y no por azar, sino porque la violencia de género es un estigma cotidiano en miles de hogares. Las preguntas que bullen bajo tanta actividad online son: a) si el recurso es efectivo, b) si no añade más peligro a las personas vulnerables y c) si hay alguna forma de cuidarse en caso de que finalmente se decida "mandar al frente" al agresor.
¿Por qué se escracha? Cada víctima podría elaborar su propia respuesta. Por lo pronto, hacer público el dolor y la bronca tiene la potencia de llamar la atención sobre un sufrimiento que suele mantenerse en el ámbito privado. Esa es su fuerza. Pero un crimen que se produjo hace algunos días hizo recrudecer la discusión. Laura Godoy, una mujer de 30 años, fue hallada muerta en su casa de la localidad de Tilisarao, San Luis, después de denunciar a su ex a través de las redes sociales. Los medios titularon la noticia desde una lógica de causa-consecuencia: en teoría, los posteos en los que ella mostraba fotos de las heridas que tenía tras una paliza derivaron en la furia del asesino y por ende en el femicidio ¿Es tan así?
-
Te puede interesar
Detuvieron a un hombre armado acusado de amenazar a su pareja
Consultada por este medio, la fiscal mendocina Laura Rousselle -de vasta experiencia en asuntos de género-, consideró: "en muchos casos, el escrache aparece como una herramienta para recibir el respaldo de un colectivo de personas a las que se les cuenta lo que se ha padecido. Sin embargo, en el caso de esta chica que mataron en San Luis, no creo que la lectura tenga que ser tan automática. No creo que haya sido el escrache lo que puso en mayor riesgo a la víctima. Se me ocurren varias circunstancias ajenas a eso que pueden haber propiciado el ataque final".
Es decir que los medios tienden a asociar lo último que hicieron las mujeres con la "respuesta" del femicida. Pero lo cierto es que la agresión comienza por lo general muchísimo antes.
Protocolos
"No tenemos ningún protocolo fijo respecto a lo que hay que hacer si una mujer decide publicar mensajes sobre su agresor en las redes", admite Gabriela Gutiérrez, trabajadora social del Juzgado de Familia 2 de Pilar (provincia de Buenos Aires). "Pero sí te puedo decir que si alguien me pidiera consejo, no le recomendaría salir a escrachar, o al menos no sin antes concentrarse en recursos más concretos como el botón antipánico, un familiar que la contenga en caso de estar en peligro o un teléfono para pedir ayuda y llamar a la Policía".
La entrevistada va a lo tangible. "Soy defensora a ultranza de los derechos de la mujer, por eso pienso en métodos de protección real. Y no sé si el escrache garantiza eso", opina. Es cierto: las redes activan lazos de solidaridad. No obstante, las especialistas consultadas coinciden en que la utilización de Facebook o Instagram no representa una defensa en el instante en que el agresor aparezca con el impulso de matar.
En contexto
A la hora de evaluar el "escrache", es interesante analizar sus antecedentes. La práctica se volvió muy potente a mediados de los 90` como modo de combatir a las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que garantizaban impunidad para los represores de la última dictadura cívico-militar.
Ante esa realidad -torturadores y asesinos andando por las calles-, diversas organizaciones encontraron en la protesta, las obras de teatro y la visibilización de los criminales en los barrios una forma de 'hacer justicia' allí donde el Estado no podía garantizarla.
El puente conceptual que vincula aquella experiencia histórica con la más reciente -feminismo mediante- es nítido: ahora, como en aquella ocasión, las instituciones no parecen garantizar el acceso a la justicia para las mujeres que sufren violencia. Sin embargo una vez más no es tan sencilla la asociación. Cuando los represores andaban sueltos, gran parte del andamiaje institucional argentino avalaba esa situación y, de hecho, las leyes que los exculpaban habían pasado por el Congreso Nacional. En el caso de la violencia de género, lo que hay es falta de eficiencia a la hora de combatir las violencias, pero no un aval oficial ni mucho menos.
Una respuesta que algunas dan a este último argumento es que el Estado mismo, desde su origen, es un instrumento del patriarcado. Así que -como se ve- el conflicto tiene muchas aristas y la discusión está lejos de cerrarse.
¿Qué hacer una vez que ya se publicó el escrache en redes?
Desde su experiencia territorial, Gutiérrez aporta: "si finalmente la persona decidió hacer el escrache, es importante encontrar un espacio para desarrollar algo que las mujeres que padecen maltrato pierden. Es la capacidad de estar alerta y de distinguir cuando algo es peligroso. Tienen que recuperar esa percepción".
"Es importante que armes un método de protección inmediata"
El segundo paso, dice, es armar una red de contención. La trabajadora social retoma: "Si sentís que estás en riesgo, es importante que tengas un método de protección inmediata. Una hermana/o que tenga el teléfono al lado y a la que puedas llamar, un vecino que te pueda ayudar en pocos segundos. Porque son segundos, sí; los segundos que pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte".
Y es preferible pecar de cuidadosa que de ingenua. "Si tenés botón de alerta o un teléfono al que vas a llamar, probalo antes. Chequeá si funciona tu sistema de protección. Yo hasta recomendaría llamar a la Policía para ver cuánto tarda en llegar a tu casa. En todo caso, es mejor pedirles disculpas una vez a que te maten porque calculaste mal", dice Gutiérrez.
Si hay antecedentes claros de golpes o agresión, la clave es no confiarse. Gabriela cierra con un relato demoledor: "A nosotros ya nos pasó en La Matanza. Un agresor había ido para atestiguar y cuando estaba cerca de la víctima sacó un revólver y le pegó un balazo en la cabeza en pleno juzgado. La víctima es quien conoce de lo que es capaz él, por eso lo ideal es que sea ella quien evalúa si la situación es de peligro".
- ¿Aportes? ¿Otra perspectiva? Puede escribir a fgarcia@mdzol.com