La incomodidad del primer domingo de esta cuarentena
Sin querer, o quizás queriendo, la cuarentena obligatoria nos está enseñando a disfrutar de las cosas más simples, desde levantarte sin despertador, prepararte el mate, leer ese libro que habías dejado archivado, poner todo orden, llamar a esa amiga y decirle que la extrañas, volver a cocinar, descansar y replantearnos nuestra vida entera. Y hasta pensar en los demás (cosa que no hacía siglos que no hacíamos) porque cuántos de nosotros nos preguntamos: ¿Cómo puedo ayudar a “fulano”?
Y es que bueno, con tanto trajín nos rendimos a un piloto automático tan absurdo (porque en estos momento entendemos que no tiene sentido), y le fuimos perdiendo el verdadero valor a la vida. Para lo que tiene que venir un virus mortal a decirnos: “Stop”.
Personalmente debo admitir que muchas veces fue cómplice de este status quo. Trabajar sin parar, sin ni siquiera cumplir con mis necesidades básicas como: comer, dormir y disfrutar del afecto. De llenarme de actividades para no sentirme “poco productiva”. De acelerar sin saber a dónde vas y mucho menos cómo vas a llegar. Pero el Universo (llamalo como quieras) es tan sabio que nos puso frente a frente con la incertidumbre, el peor de los males en estos tiempos, ese que nos produce ansiedad (exceso de futuro) o depresión (exceso de pasado), pero que indudablemente nos va a enseñar a vivir en tiempo presente.
Los invito (que es lo que yo hice en estos días) a ejercitar la aceptación. A observarnos sin juicios, sin interpretaciones y menos críticas. A abrazar la incomodidad y escuchar su mensaje, porque mientras más rechazamos la incomodidad en nuestras vidas, más la generamos.
#QuedateEnCasa y cuando salgamos de esto juntos, el mundo ya no será el de antes. Será el que tantas veces soñamos tener.

