Ridículas convenciones sociales menducas a la hora del "levante"
Hoy el tema es simple, sencillo, directo.
3- "Nos peleamos hace un tiempo, pero la verdad es que he estado pensando y muero por volver con mi novi@. L@ extraño, me di cuenta de que es el amor de mi vida, y que definitivamente es mi compañer@, es quien quiero a mi lado. Pero... ¿Cómo hago? ¡Porque si voy a decirle algo, quedo como que me regalo! ¡Me sirvo en bandeja!"

La verdad es que hago memoria y, sin distinción de sexos, me vienen a la mente innumerables historias como las anteriores, con un denominador común que es el sufrimiento por la incertidumbre sobre si, luego de una salida, su persona le gustó o no al otro, o la indecisión sobre el resultado de una primera cita.
También he tenido amig@s con sinceras intenciones de recomponer noviazgos, y -luego de un tiempo de introspección y pensamiento profundo sobre el tema, volver a intentar la relación que habían cortado (""nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde"", dice el dicho); pero con un titubeo o una vacilación a la hora de encarar que paraliza todo.
Y es ahí donde se produce el hecho ridículo.
Pareciera que el comportamiento correcto, el que se estila, es el de dosificar el interés como si fuera a ser derramado a través de un gotero: una gotita hoy, otro día dos, un poco más adelante tres.... Ese es el tratamiento que culturalmente se impone.
Un cuentagotas del amor, bah.
Cuando soy testigo de situaciones de esta índole me da un pequeño pero notorio ataque. Me dan ganas de agarrar al amigo o amiga en cuestión y zamarrearlo un poco porque no puedo comprender cómo una persona que está sumamente interesada en otra, decida "ser prudente" y dejar pasar un tiempo antes de establecer contacto.
A ver... en el caso de las presentaciones o primeras citas: si el otro se copó con nosotros, se enganchó, tuvo onda... ¿Para qué esperar para volver a contactarse? No se puede hacer crecer el interés inexistente por uno. Si hubo chispa, hubo. Si no, a otra cosa. No se va a encender mágicamente el fuego o la atracción porque me demore en llamar, aparecer, contestar, dar señales de vida.
La sociedad de nuestro país en general, y la mendocina en particular, establecen una especie de masoquismo, un juego de egos, una competencia insana en donde pareciera ser que quien demuestra interés es el perdedor.
¡Las estrategias, las tácticas son para el ajedrez, el póker, o -el TEG! Lo importante es no quedarse con las ganas o con la duda, y hacer lo que uno siente... lo que el corazón dicta.

Si no llamó... ¡Llamá vos!
¿Y si se le cortó internet? ¿Y si no pagó el celular? ¿Y si perdió el papelito donde anotó tu fono/mail/twitter? ¿Y si le pasó otra cosa?... ¿Te vas a quedar con la duda?
Si el caso es el de retomar una relación, reconstruirla, volver a apostar por ella... pues con más razón. No interesa en lo más mínimo cuánto hace que no te habla. No importa si no te llamó, lo único importante es que hagas lo que realmente sentís. Vas a poder encontrarte con la otra persona esperándote ansiosa y enamorada. Y si no, por lo menos te vas a quedar con la certeza de que hiciste todo lo posible, y que no pudo ser.
La taradez del ""yo no llamo, que llame él -o ella"" ha sido la responsable de que muchas historias que merecían ser vividas quedaran truncas, o nonatas. La autenticidad en este caso tiene que ver con llamar cuando se te antoja, ir a verl@ cuando te nace, y no tolerar absurdas costumbres.
Los "usos y costumbres" que imponen tiempos y te dicen cuándo aparecer, cuándo decir "te quiero", o si la conducta a seguir es una llamada, mensajito o escribirle algo en el muro de facebook son una payasada.
Las relaciones no se miden por tiempo, sino por intensidad.


