Sí: la quiero bien grande y todos los días
Tenés un evento familiar, una salida con amigos, una cita romántica... vas a un lugar en el que puede estar tu ex, es el día de tu entrevista para el trabajo que anhelabas, etc, etc. Son todas situaciones en las que aparece esa pregunta: ¿Qué me pongo?
Elijo un atuendo, un look, una vestimenta que me haga feliz. Que me guste, con la cual me sienta cómodo y que haga aflorar mi personalidad. En general, yo adoro el color, y voy por ese camino.
En las mañanas, desayuno. A veces no puedo, y lo hago en el trabajo, pero intento hacerlo. Un desayuno sano, pero con algo rico que dé ánimo, alegría, complacencia. Puede ser -doy como ejemplo los "mimos gastronómicos" que me gustan a mi, cada uno sabrá- un cuadradito de chocolate, una tostada con dulce de leche, frutillas.
Y ahora viene lo más importante: salir y sonreír. Aunque no tenga ganas. Al portero, al taxista, a alguien que me crucé por la calle, a mis compañeros de trabajo. Sonreír nunca falla.
Ponerse una sonrisa es la posta. Vivir es más simple con una actitud positiva. Un personaje del libro "Mujeres de ojos grandes", de Ángeles Mastretta, decía: ""Hay muchas maneras de dividir a los seres humanos. Yo los divido entre los que se arrugan para arriba y los que se arrugan para abajo. Y quiero pertenecer a los primeros. Quiero que mi cara de vieja no sea triste, quiero tener las arrugas de la risa y llevármelas conmigo al otro mundo".
A lo largo de mi vida siempre el humor ha sido crucial: sonreír e intentar hacer sonreír a los que tengo cerca de mí, ha sido un reto y un propósito. Eso no quiere decir que uno "viva en la palmera", que niegue los problemas y las pálidas de la vida: las crisis, lo caro que está todo, la grieta, las malas noticias, etc. Pero a pesar de ello, soy un convencido de que nos hace bien -a nosotros y al que se nos cruza- intentar siempre la sonrisa.
Es que pienso que la sonrisa es la luz de nuestra cara, es la que nos abre muchas puertas, la que genera actitudes positivas y la que nos acorta el camino para llegar a los demás. He comprobado que tiene un efecto multiplicador: las sonrisas auténticas nos hacen sentir bien en el interior y hacen que los que están a nuestro alrededor sonrían.
Tiene que ser como una prenda más de nuestro vestuario. Hay que salir de casa con ella puesta, ofrecerla y regalarla a los que se te cruzan en el día. Te diría entonces que, en el "qué me pongo" diario... Este es el look más importante. Otro día, hablamos de moda.