Menem lo hizo; Lula lo hizo
Tanto la presidenta brasileña que busca su reelección Dilma Rousseff, como la candidata opositora Marina Silva, que quedó como aspirante presidencial tras la muerte de Eduardo Campos, son mujeres que el ex mandatario Luis Inazio Da Silva, Lula, lanzó a la conquista del poder.
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Dilma y Marina, como les gusta a los brasileños llamar a sus candidatos, representarían en la Argentina algo así como lo que Daniel Scioli, Mauricio Macri y en gran medida Sergio Massa representan para Carlos Menem: él, directa o indirectamente, fue su mentor.
¿Es Menem el “gran ganador” de la era postkirchnerista por el solo hecho de que sus “chicos” sean hoy los tres mejores posicionados para suceder a Cristina Fernández de Kirchner? Fue quien sumó a la política a dos jóvenes exitosos como eran el motonauta y el hijo de Franco Macri, y quien, al absorber a la Ucedé, le brindó las condiciones –con Luis Barrionuevo, Graciela Camaño y Fernando Galmarini como nexos- al que luego fuera el administrador jefe de Gabinete del mismísimo Néstor Kirchner.
Para afirmar que es un “triunfo de Menem” habría que exigir sinceridad en sus programas en un país cuya población no lo hace, solo consume campañas electorales. También habría que evaluar cuánto impactaría la verificación de esta tesis como cierta en sus imágenes. ¿Mal o bien?
Bendito tú eres
Pero en Brasil sí ambas mujeres levantan la bandera del ex presidente Lula. Marina acredita una larguísima historia, desde niña, de militancia en el Partido de los Trabajadores, el PT, del que se fue acusándolo de corrupto y para sumarse a un mix de sus militancias religiosas (es evangélica) y ambientalista. Dilma se sumó mucho después.
Sin embargo, el embrollo en el que están metidos Lula, Marina y Dilma es que el ex mandatario, carismático y todavía hoy con buena imagen en la población, reivindica la vuelta a un PT “como era antes”. Ese antes, dice Marina, “es el que yo viví” y, en cierto modo está diciendo, “es diferente al que vino cuando Dilma se sumó”.
Las dos fueron ministras de Lula: una en Ambiente y la otra en Energía y Minas, para luego usar como plataforma presidencialista un cargo de Jefa de Gabinete, una vez ungida.
Marina ya salió segunda en otra elección presidencial en la que se mostró rebelde y ecologista y cree que este nuevo impulso debe sumar sus dos facetas: aquel que la transportó a las cercanías del triunfo y el de aprendiz, aunque no heredera, del barbado exmandatario.
Ambas quieren ser identificadas con Lula. Pero, ¿con cuál?
Los analistas de la realidad brasileña se están haciendo un festival con tanto material que hay al respecto. Tanto abundan, que se han olvidado de un dato que resulta clave: el candidato que todos daban como seguro contrincante de la presidenta Rousseff, Aécio Neves, cayó tercero desde un casi permanente segundo lugar en las encuestas que conservó mientras la fórmula relegada al tercer puesto era la integrada por Eduardo Campos y Marina Silva.
Neves insistió este fin de semana con las contradicciones de ambas mujeres y con que las dos representan un período que, a su criterio, hay que superar. Busca volver a su posición inicial y parece contar con los grandes títulos de la prensa más poderosa que teme, en realidad, que Silva resulte ser una cara imprevisible de Lula.
¿Quién es Silva? Las preguntas pasan ahora por si será la representante del “Lula obrero” que no estudió y que el primer diploma que recibió en su vida fue el de Presidente. O del Lula que giró dela izquierda a un desarrollismo dialoguista. O tal vez del último, el que avaló un capitalismo de Estado capaz de articular amistosamente con las grandes empresas de Brasil, las grandes potencias del mundo y sostener, acompañar o apadrinar, como se quiera, a procesos tan diferentes como el de Hugo Chávez en Venezuela.
Desde la Argentina, quienes hacen de su vida diaria una eterna defensa de los actuales inquilinos de la Casa Rosada dicen que la dirigente evangélica y de raza zumba es una “neoliberal”. Creen que con eso incidirán en el electorado brasileño.
Pero allí lo que se está pidiendo, además de chapa ideológica es un programa de acción. Así lo hizo O Globo, dándole una chance a su criticada Dilma: “Déjese de mostrar sólo las cifras buenas de la economía que todavía puede mostrar y presente un programa”, le reclamó este sábado, en pleno fragor proselitista para unas elecciones fechadas en poco menos de un mes.
En tanto, el veterano periodista español de El País, afincado en Brasil, lo resumió todo con un título: “Lula ya ha ganado”. No importa cuál.