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Opinión

El desafío de UNEN

Si la buena política estuviera enfocada en parir un país distinto, una de sus principales acciones debería estar direccionada en ofrecer certeza a sus ciudadanos.

“Pasión sin verdad; verdades sin pasión; héroes sin heroísmo; historias sin hechos; desarrollos cuyas únicas formas motrices parecen ser las páginas del calendario, repetición cansadora producida por las mismas tensiones y detenciones”.

Este breve párrafo de Karl Marx de 1871 me invita a referirme a la sucesión de noticias que han generado reuniones y declaraciones de algunos dirigentes de UNEN y en particular del radicalismo con Mauricio Macri y/o dirigentes del PRO.

Está claro que no es mi intención hablar, por lo menos en esta oportunidad, de cuestiones vinculadas a concepciones ideológicas porque pareciera no ser el debate que interese, aunque tengo la impresión que tratándose de líderes políticos de alguna relevancia debería al menos en algún momento intentarse. Pero yendo a los términos del debate tal cual está hoy planteado, del más puro pragmatismo, me animo a decir que carece del mínimo sentido de la oportunidad y a todas luces decididamente inconveniente para los intereses del frente UNEN, de sus candidatos y de la sociedad toda.

En efecto, como en otras oportunidades, la Argentina que debe morir no muere y la Argentina que debe nacer no nace.

Si la buena política estuviera enfocada en parir un país distinto, que significa simplemente construir la República Democrática, una de sus principales acciones debería estar direccionada en ofrecer certeza a sus ciudadanos y si hay algo que reina entre ellos hoy, es la peor de las confusiones.

UNEN nació precisamente con esa idea: darle al electorado una construcción política que despertara la esperanza fundada en algunas cuestiones que vale la pena brevemente recordar. Una convergencia de partidos, al estilo de la Concertación chilena, que más allá de ciertas diferencias hacía hincapié en privilegiar consensos productivos que superaran sus propias banderas. Partía de una base común muy fuerte: reconstrucción de la Republica, vigencia y respeto a la institucionalidad, instaurar un nuevo tiempo de diálogo y consenso y asegurar para los argentinos un modelo de desarrollo económico que permitiera un país donde los derechos sociales tuvieran vigencia plena asegurando las condiciones para su consistencia temporal. Es decir, aunque toda simplificación siempre es discutible, un programa social-demócrata que sin duda hace falta en la oferta electoral actual.

Así como su comienzo no fue para sus líderes una tarea sencilla, justo es decir que todos intuíamos que tampoco sería fácil su desarrollo y penetración en términos sociales. Pero precisamente de eso se trataba, de tener “nuestros héroes con heroísmos, y nuestras verdades con pasión”.

Como toda apuesta política se trataba de una decisión estratégica y como la política es el arte de la decisión, también entraña riesgos y nunca asegura resultados. Sería realmente fácil y cómodo desarrollar la historia solo dando aquellas luchas que aseguran ganar.

Lo que ocurre hoy con algunos hombres y mujeres de UNEN es precisamente esto último, suponen que un probable o posible acuerdo con Macri le aseguran el éxito y en este punto vale la pena aclarar que dudo si lo que persiguen es el éxito de la República o solo el éxito propio.

Yo por el contrario estoy convencido que los Argentinos necesitamos un horizonte mucho más diáfano, que solo puede darlo una fuerza política homogénea, líderes conscientes del desafío que esta tarea implica, capaces de darle credibilidad en los hechos y en las palabras, y plenos de la pasión y el patriotismo que reclaman estos tiempos.

Nuestros candidatos, Cobos, Binner, Carrió, Sanz, y Solanas mejoran sustancialmente la calidad ética y moral de quienes nos gobiernan y de quienes representaran a este gobierno en las próximas elecciones, entre a quienes incluyo al propio Massa. Macri es un liderazgo personal, hasta aquí carente de argamasa política y de desconocidas ideas. Se trata entonces de confiar en nosotros mismos, de animarnos a construir la historia, de convencer a los argentinos de que una Argentina distinta es posible. Es la lucha política que probablemente no asegure resultados pero que bien vale la pena dar.