Canción triste para Tesi y María Elisa
“A mí, en el pecho, el corazón se oprime
sólo en mirarte; ni la voz acierta
de mi garganta a proferir, y, rota,
calla la lengua”.
Safo, poeta griega.
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Tesi y su hija María Elisa. |
Después, cuando uno va envejeciendo, resulta que la mejor parte de lo que se hace se inspira en el propósito perseguir el perfume de la incondicionalidad del amor que sólo regala la maravilla de convertirse en padres.
Ninguna idea del amor más acabada que aquella de acompañar a los hijos en sus crecimientos, lenguajes, elecciones, caídas y levantadas. Ninguna experiencia de la pureza más llena de barro. Ninguna generosidad que ejerzamos tendrá esta estatura. Ese amor, el de padres a hijos, es el amor que nada mide y que no llega a pedir nada.
Por eso, también mata en vida que un hijo se muera. Y ni siquiera hablamos de pasar por tal tragedia: basta con imaginarla, basta con ver el rostro partido en dos –ni siquiera en tres o en diez o en mil– de quien ha sufrido este tamaño de ausencia.
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La historia de María Elisa Norton Farmache tiene que ver, como todas, con la vida y con la muerte. Vamos a volver a contarla, una y mil veces si en necesario: víctima de un tumor cerebral, murió el 14 de junio de 2011. Poco antes de esa fecha, había rendido –con su salud muy deteriorada– su última asignatura, para recibirse de médico en la Facultad de Medicina de la UNCuyo. ¿El resultado?: los muy cabrones de los examinadores la bocharon por 30 centésimos.
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María Elisa, habida cuenta de su penosa situación (había ido a rendir afectada por drogas de la quimioterapia, problemas motrices y siete operaciones encima y así y todo, no pidió ninguna ventaja ni consideración) y ante lo poco que le faltó para recibirse, pidió una mesa extraordinaria. Y las autoridades de la Facultad de Medicina, decisión que habrá de pesar sobre ellos mientras vivan, no se la dieron. Y murió con esa deuda pendiente, esa última voluntad si cumplir.
Partida de dolor, su madre, Tesi Farmache, quien, en su momento, me dijo:
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- Fue un enorme ejercicio de crueldad, amparado en las formalidades institucionales. Cerraron un círculo perfecto de crueldad, porque hasta condolencias me enviaron. Yo digo, cuando vos tenés una alumna con un tumor cerebral, debés saber –si se trata de la Facultad de Medicina– que se trata de algo grave. A María Elisa la reprobaron por 30 centésimos y lo peor es que no quisieron darle una mesa extraordinaria que pidió.
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Ahora, la UNCuyo, salió a tapar un poquito del agujero creado por su hermanita menor cruel como pocas y gracias a la gestión de la Consejera Superior Ana María Martínez, creó la distinción “María Elisa Norton Farmache”, que se entregará a estudiantes “que tengan una performance académica ejemplar, logrando aún sobreponerse a distintas adversidades ya sea de salud o económicas”. La memoria de la propia María Elisa –en manos de su madre, claro– será la primera en recibirla.
Si bien sabemos que la reparación, el perdón o la venganza jamás nos devuelven al punto de partida, algo es algo y, por hoy, nos resultará suficiente y tal vez Tesi anoche, luego de recibir el reconocimiento, haya dormido un poquito mejor.
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Si bien las historias verdaderamente hermosas son aquellas que nos dejan un regusto de tristeza entre las manos, esta que nos convoca de María Elisa nos tatúa en las palmas un aleteo de mariposa en llamas, una larga tristeza que se pierde como el ovillo de un dios en el laberinto del mundo.
Algo es algo, sí. Gracias por eso; por ese algo.
Sin embargo, siempre es demasiado tarde; siempre es hora de irse; siempre todo lo que hacemos podría haber resultado mejor; siempre estos ojos que no alcanzan a ver el horizonte; siempre el recuerdo, Tesi querida, te hiere mejor que la memoria y lo sabés.
Ulises Naranjo.






