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Opinión

Michelle o Bachelet

La nueva impronta de la ex presidenta de Chile que vuelve para quedarse.

La ex presidenta socialista de Chile, Michelle Bachelet, ha dado un paso histórico: sepultar a la Democracia Cristiana, antiguo fiel de la balanza de la Concertación chilena e imponerse por nombre propio como la candidata del espacio que ha sido rebautizado como Nueva Mayoría.

En los resultados de las elecciones primarias, los votos para Bachelet duplicaron a los obtenidos por los dos aspirantes de la derecha gobernante, Pablo Longueira (el triunfador y la sorpresa) y Andrés Allamand (el derrotado). Así, su avance hacia La Moneda resulta imparable, según los analistas trasandinos.

También detrás de la cordillera se observa un cambio: la Bachelet a la que contraponían quienes querían mostrarle a los “bolivarianos” la posibilidad de construcción de “otro socialismo”, uno democrático y amigo del capitalismo, se está volviendo más afín, señalan, a las características del resto de los gobiernos vecinos, salvo Perú y Colombia. Bachelet, dicen ahora los espantados críticos, se está tornando “Michelle” para mirarse en un espejo en el que ya se miran Evo, Cristina, Rafael, Nicolás…

Una de las voces de alerta la dio el escritor Mario Vargas Llosa, quien ya logró “dar vuelta” al ex chavista Ollanta Humala en su país: "Desde luego, si Chile retrocede hacia alguna forma de chavismo sería una catástrofe no solo para los chilenos sino para toda América Latina".

Así, fue un mazazo para los sectores más conservadores por dentro y fuera de su alianza electoral, la incorporación del Partido Comunista y de la líder de los estudiantes, Camila Vallejo. Pero está.

Eso le dio tela para cortar a los otros precandidatos. Pero justamente, los más agresivos contra lo que llegaron a llamar como “chavización” de Bachelet, ahora vuelta simplemente “Michelle”, fueron aplastados en las urnas.

Bachelet: todo lo que se dice

 

A la candidata que se apresta a iniciar un camino de retorno al poder se le tiró por la cabeza con todo lo que había: su falta de liderazgo para enfrentar el tsunami tras el salvaje terremoto de los últimos días de su mandato, su propuesta de reforma tributaria, su avance hacia una reforma constitucional, mala palabra en un país que ha sabido mantener un larguísimo status quo institucional en el no menos extenso pospinochetismo.

La apuesta por resucitar el 27F y las consecuencias del tsunami recibió un mensaje clarísimo en la zona más afectada por la impericia adjudicada a Bachelet: En la Región del Bío Bío, la candidata sacó el 79,8% mientras que en la VII Región de El Maule –también desbastada por el 27/F- su apoyo en las primarias alcanzó el 83,2%. 

Así y todo, arrasó. Las municiones más fuertes no causaron efecto. Blindada o “incombustible”, como la han llamado los periodistas chilenos. Asimismo, muchas de esas bombas explotaron en las manos de quienes las lanzaban: el representante democristiano que pensaba que su candidatura le daría un nuevo aire al sector, Claudio Orrego, quedó muy relegado; el oficialista Andrés Allamand, que “debía” ganar con el apoyo de La Moneda, perdió, para darle paso a un candidato todavía no construido, como es el ex ministro Pablo Longueira, que remplazó a Golborne, el gran delfín, cuya precandidatura cayó por operaciones de Allamand y por errores propios que debe explicar ante la Justicia.

La Bachelet hija de un padre que murió por las torturas de la dictadura y que supo liderar el sistema de Defensa de Chile durante el gobierno de Ricardo Lagos está viva. La confianza de los chilenos le otorgó un respaldo electoral inusitado, pero esperado, que ya les permite llamarle por su nombre.

Todo indica que a Sebastián Piñera le tocó cerrar la etapa intermedia entre la dictadura y lo que vendrá, que está por construirse todavía. Pero está claro que la arquitecta de ese nuevo momento de Chile tiene un nombre que le basta para imponerse sin necesidad de recurrir a su apellido: Michelle.